
Esta crónica pertenece a Para viver um grande amor–crónicas
e poemas, libro editado por Companhia das Letras, São Pablo,
1991.
Según Otto Lara Resende, en
esta obra está el Vinicius más accesible, el que se abrió al
gran público, antes de ser alcanzado por la universal popularidad
que buscó y encontró como exponente de la MPB –Música Popular
Brasileña.
Como su maestro Manuel Bandeira y su amigo Carlos Dumond
de Andrade, como tantos poetas, Vicinius escribió crónicas y
en ellas es donde el universo del poeta se recorta con más nitidez.
De todas las dimensiones de ese universo, de la afectividad
a la literaria, de la musical a la familiar, habló el cronista
con el sabor y la fuerza que caracteriza ese género de prosa.
Ajeno a la controversia de teóricos y críticos sobre el género,
casi sin querer, el Poeta definió su concepto de crónica, o
sea, una conversación íntima y libre que, partiendo de su interés
personal, va a interesar a todos sus lectores.
Concluye Lara Resende que en este libro Vinicius de Moraes encerró
su face de inquilino de lo sublime. Puertas y ventanas abiertas,
corazón abierto y generoso, Vinicius está aquí, tal como fue,
tal como es, para el encuentro o el reencuentro com el lector.
En el contexto de la cultura brasileña, la presencia
de Vinicius de Moraes se recorta y proyecta en diversas manifestaciones
artísticas. Fue cronista, letrista de música popular, poeta.
Su producción incluye obras de teatro. Fue un poeta que ligó
la poesía a lo cotidiano y para esto, la música fue un vehículo
muy eficiente.
Nació en Río de Janeiro en 1913.
En 1933 se recibió de abogado. En 1938 estudió en Oxford
lengua y literatura inglesa, lo cual promovió cambios en su
poesía –de la grandilocuencia a la concisión. En 1941 inició
su trabajo en Itamaray y cinco años despúes asumió su primer
cargo diplomático como
vice-cónsul en Los Ángeles. Esta situación le permitió relacionarse
con el mundo del cine y del jazz .
La gran popularidad e Vinicius deviene de su presencia en la
música popular brasileña junto a Toquinho, Tom Jobim y Chico
Buarque, entre otros.
Mundo de lecturas dispersas, impregnadas de interrogaciones
metafóricas y retórica esotérica;
calidad de poeta con el perfil clásico del trovador,
artista itinerante que necesita siempre una nueva pasión para
sentirse realizado.
Sus libros de poesía: O sentimento do bulime, A saudade
o cotidiano (inicialmente llamado Novos poemas),
Intermédio elegíaco, O encontro do cotidiano, Nossa Senhora
de Los Angeles e Nossa Senhora de Paris, A lua de Montevidéu,
Poesia vária, Poesia coligida, Cancioneiro, Poemas infantis.
Volúmenes de crónicas: Reportagens poéticas, Para viver um
grande amor, Para uma menina com auma flor, crónicas.
Teatro: Cordélia e o peregrino, Orfeu da conceição, Procura-se
uma rosa e As feras.
As
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Él estaba pálido y sus manos
temblaban. Sí, él estaba con miedo porque era todo muy inesperado.
Quiso hablar, y sus labios fríos mal pudieron articular las palabras
de terror que le causaba ver a todos aquellos hombres preparados
para matarlo. Había estrellas infantiles balbuceando oraciones
matinales en el cielo diluido. Su mirar se elevó hasta ellas,
y él, menos que nunca, comprendió la razón de ser de todo aquello.
Él era un pájaro, había nacido para cantar. Aquella madrugada
que se iniciaba para presenciar su muerte, ¿no había sido siempre su gran amiga?, ¿no se había quedado tantas
veces escuchando sus canciones en silencio? ¿Por qué le habían
arrancado su sueño poblado de aves blancas y hecho marchar en
medio de los otros hombres de barba ruda y mirar sombrío?
Pensó en huir, en correr locamente para la aurora, en batir alas
inexistentes hasta volar. Escaparía así a la fría saña de aquellos
cazadores malos que lo confundían con el cuervo, él cuya única
misión era cantar la belleza de las cosas naturales y el amor
de los hombres; él, un pájaro inocente, en cuya voz había ritmos
de danza.
Pero permaneció atónito, sin creer bien que aquello estuviese
aconteciendo. Era, por cierto, un malentendido. Pronto llegaría
la orden para soltarlo, y aquellos mismos hombres que lo miraban
con ruin catadura llegarían hasta él riendo francamente y, abrazados,
irían a beber manzanilla en una tasca cualquiera y cantarían canciones
de cante-hondo hasta que la noche viniese a recoger sus
cuerpos borrachos dentro de su negra, maternal mantilla.
Las órdenes, mientras tanto, fueron rápidas. El grupo fue llevado,
a culetazos y empujones, hasta la zanja común y los tensos cuellos
colgaron en el desaliento final. Labios se partieron en adioses,
murmurando avemarías y consuelos. Solamente su cabeza se movía
para todos lados en un movimiento de búsqueda y negación. Como
la de un pájaro frágil en manos de cazador impiadoso. La sangre
le cantaba en los oídos, la sangre que fuera la savia más viva
de su poesía, la sangre que había visto y que no quiso ver, la
sangre de su España loca y lúcida, la sangre de las pasiones desencadenadas,
la sangre de Ignacio Sánchez Mejías, la sangre de las bodas
de sangre, la sangre de los hombres que mueren para que nazca
un mundo sin violencia. Por un segundo le pasó la visión de sus
amigos distantes. Alberti, Neruda, Manolo Ortiz, Bergamín, Delia,
María Rosa –y mi propia visión, la del poeta brasileño que habría
sido como un hermano suyo y que de él vendría a recibir el legado
de todos esos amigos ejemplares, y que con él habría pasado noches
tocando la guitarra, intercambiando canciones dolientes.
Sí, tuvo miedo. ¿Y quién, en su lugar, no lo tendría? Él no nació
para morir así, para morir antes de su propia muerte. Naciera
para la vida y sus regalos más ardientes, un mundo de poesía y
música, configurado en el rostro de mujer, en el rostro del amigo
y en el rostro del pueblo. Si hubiese tenido tiempo de correr
por el campo, su cuerpo de poeta-pájaro se hubiera liberado ciertamente
de las contingencias físicas y alzado vuelo para los espacios;
pues tal era su ansia de vivir para poder cantar, cada vez más
lejos y cada vez mejor, al amor, al gran amor que era en él sentimiento
de permanencia y sensación de eternidad.
Pero fueron apenas otros pájaros, sus hermanos, los que volaron
asustados dentro de la luz del amanecer, cuando los tiros del
pelotón de la muerte sonaron en el silencio de la madrugada.
Nota: Las palabras en cursivas están en español en
el original.
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