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Konvergencias, Filosofía y Culturas en Diálogo. ISSN 1669-9092 |
KONVERGENCIAS LITERATURA Año II Nº 4 Primer Cuatrimestre 2007 |
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ALFRED JARRY PATAFÍSICA,
VIRTUALIDAD Y HETERODOXIA (i) ADOLFO VÁSQUEZ ROCCA (CHILE) |
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1. Alfred Jarry precursor del Dadaísmo. Alfred Jarry precursor del Dadaísmo,
del Surrealismo y del Absurdo, recién llegado a París desde Laval, la ciudad que le viera nacer el 8 de septiembre
1873, se convirtió en un habitué de
los cenáculos frecuentados por los poetas simbolistas. Alumno de Henri Bergson en la Sorbona, el aún incipiente dramaturgo era ya un hombre
extremadamente cultivado, cuyos versos y artículos eran ya colaboraciones
habituales en la 'Revue Blanche’,
llegando el mismo a ser el fundador de 'L’imagier'. Consigue el aplauso del
gran París en 1896 con Ubu rey, comedia satírica en
la que se entremezclan referencias a 'Macbeth' con
los excesos de un monarca tan tirano con nobles y plebeyos como cobarde en la
guerra. Contra todo pronóstico, el éxito que
conoce 'Ubu rey' en el París del final de la belle époque es tal que Jarry
escribe una segunda parte con el título de 'Ubu
encadenado' (1900). La gloria literaria corre a la par de la autodestrucción
a la que el dramaturgo parece condenado irremediablemente. Alternando
realidad y ficción en sus delirios de borracho, escribe 'El amor absoluto'
(1899), 'Mesalina' (1901) y la curiosa novela ‘El supermacho’,
definida en su edición española como "una muestra de los juegos a los
que la teoría y la práctica del amor pueden entregarse teniendo por rival a
las máquinas, a la velocidad, a todas las fantasías de los avances
científicos de comienzos del siglo XX". Para la crítica, tan singular
obra vino a ser un curioso ejemplo de "futurismo grotesco". El teatro del siglo XX comienza a
avizorar sus nuevas posibilidades –anticipando a Beckett–
en la noche del 10 de diciembre de 1896 con el estreno de Ubu rey, Jarry no sólo renovó la escritura dramática, sino también
los conceptos de la puesta en escena, pasando por el vestuario, el
maquillaje, y –fundamentalmente– la actitud del actor. Alfred Jarry, de quien André Bretón diría años más tarde que “aniquiló como
principio la diferencia entre arte y vida”, montaba en bicicleta y pescaba, era
diestro en el uso de la espada y llevaba casi siempre dos pistolas
descargadas con las que disparaba simbólicamente contra todo pseudo-artista o
impostor intelectual que se cruzaba en
su camino. Pese a todo, fue fulminado
a quemarropa por sus propias pulsiones autodestructivas. Jarry muere
alcoholizado en 1907, no llegando a ver la publicación de ‘Gestas y opiniones
del doctor Faustroll, patafísico'.
A raíz de su lectura, sus muchos admiradores querrán poner en marcha una
ciencia llamada "patafísica", dedicada al
estudio de las soluciones imaginarias y las leyes que regulan las
excepciones. 2. El Collége
de Pataphysique. Alfred Jarry inventa así la Patafísica, “ciencia de las soluciones imaginarias que
otorga simbólicamente a las delineaciones de los cuerpos las propiedades de
los objetos descritas por su virtualidad”, en su obra Gestos y opiniones del Dr. Faustroll, patafísico(ii). A partir de esta obra fundacional el
colegio de Patafísica se define como una
"sociedad docta e inútil dedicada al estudio de las soluciones
imaginarias".
La Patafísica
sobrevivió a Jarry, creándose el 11 de mayo de 1948 como contrapunto irónico
al prestigioso Collége de France,
el Collége de Pataphysique.
Este Collége ha contado con ilustres socios, entre
los que se cuentan Raymond Queneau,
Jacques Prevert, Max Ernst,
Eugene Ionesco, Joan
Miró, Boris Vian, Marcel Duchamp,
Jean Dubuffet, René Clair,
entre otros. Aquí Boris Vian, Jacques Prévert y su gata Labyronette
acogieron las fiestas mayores del Colegio y más precisamente todas las que
celebraban al Barón Mollet. El Colegio de Patafísica
decretó un periodo de ocultación, pero según parece el 20 de Abril del 2000
celebraron la Desocultación. Anunciaban una
exposición de "Agujeros, Nadas y Espejismos" pero al parecer nadie
la encontró. 3. La Patafísica
como ciencia de las soluciones imaginarias. La Patafísica
es la ciencia que se añade a la Metafísica, bien sea en sí misma, bien sea
fuera de sí misma, y se extiende más allá de esta, tan lejos como ésta se
encuentra de la física. Un epifenómeno es lo que se añade a un fenómeno. Al
ser con frecuencia el epifenómeno un accidente, la Patafísica
será sobre todo la ciencia de lo particular, por más que se afirme que sólo
hay una ciencia de lo general. La Patafísica es la
ciencia de las soluciones imaginarias que atribuye simbólicamente a los
lineamientos las propiedades de los objetos descritos por su virtualidad. La Patafísica
estudia las leyes que rigen las excepciones y explica el universo
complementario o, menos ambiciosamente, describe el universo que podemos ver
y que tal vez debemos ver en lugar del tradicional. Las leyes del universo
tradicional que creímos descubrir, al ser también correlaciones de excepción,
aunque más frecuentes, en todo caso de hechos accidentales, que se reducen a
excepciones poco excepcionales, no tienen siquiera el atractivo de la
singularidad. La idea central de la Patafísica es la consideración de las leyes generales de
la física como un conjunto de excepciones no excepcionales, y, en
consecuencia, sin ningún interés. En suma, la regla es una excepción a la
excepción. Este es el centro de la “dialéctica” patafísica.
Y sólo la excepción es lo que hace avanzar a la ciencia. Para ello baste con
recordar los principios de Fleming, de Pasteur o de cualquiera de esos ilustres científicos para
constatar que todo verdadero descubrimiento acontece por azar. En este punto
es imposible no notar las similitudes con lo que 30 años más tarde Popper(iii)
enunciaría como el Principio de falsación o de
refutabilidad. 4. Deleuze: Jarry como antecedente
de Heidegger Ahora bien, es Deleuze quien ubica a
Jarry como un antecedente temprano y fundamental, un precursor desconocido,
de Heidegger. La Patafísica (epi
meta ta phusika), según
señala Deleuze(iv), tiene precisa y
explícitamente como objeto el gran giro,
la superación de la metafísica, la vuelta atrás más allá o más acá, “la
ciencia de lo que se sobreañade a la metafísica, sea en sí misma, sea fuera
de ella, extendiéndose tanto más lejos de ésta como ésta de la física”.(v)
Hasta el punto de que cabe considerar la obra de Heidegger como un desarrollo
de la patafísica conforme a los principios de Sófrates el armenio, y de su primer discípulo, Alfred
Jarry. Las grandes similitudes, memoriales o historiales, conciernen al ser
del fenómeno, la técnica y el tratamiento de la lengua. En primer lugar, la patafísica como superación de la metafísica es
inseparable de una fenomenología, es decir de un nuevo significado y de una
nueva comprensión del fenómeno. Se trata de una similitud alucinante entre
ambos autores. El fenómeno ya no puede ser definido como una apariencia; pero
tampoco se definirá, como en la fenomenología de Husserl,
como una aparición. La aparición remite a una conciencia a la que se le
aparece, y asimismo puede existir bajo una forma distinta de aquella que hace
aparecer. El fenómeno por el contrario es lo que se muestra a sí mismo en sí
mismo.(vi)
El ‘siendo’ puede incluso parecer una degradación del ser, y la vida,
del pensamiento, pero, más aún, se dirá que “el siendo” corta el paso al ser, lo mata y lo destruye, o que la
vida mata al pensamiento. La metafísica cabe toda ella en el retraimiento del
ser o el olvido, porque confunde el ser con el siendo. La técnica como
dominio efectivo del siendo es la heredera de la metafísica: la termina, la
realiza. La acción y la vida han matado el pensamiento. Diríase, en
ambos autores, que la técnica es la sede de un combate en el que ya se pierde
el ser en el olvido, en el retraimiento, o se produce lo contrario y se
muestra y se devela. No basta en efecto con oponer el ser y su olvido, el ser
y su retraimiento, puesto que lo que define la pérdida del ser es más bien el
olvido del olvido, el retraimiento del retraimiento, mientras que el
retraimiento y el olvido constituyen el modo en que se muestra o puede
mostrarse. La esencia de la técnica no es técnica, y “encierra la posibilidad
de que lo que salva surja en nuestro horizonte”.(vii) En Jarry, cabe precisar, esta
apertura de lo posible también tiene necesidad de la ciencia tecnicizada. Y si Heidegger define la técnica por la
ascensión de un “fondo” que borra el objeto en beneficio de una posibilidad
de ser, Jarry por su cuenta considera la ciencia y la técnica como la
revelación de unos trazados que corresponden a las potencialidades o
virtualidades de un objeto: la bicicleta, por ejemplo, constituye
precisamente un excelente modelo, en tanto que constituido por “vástagos
rígidos articulados y volantes impulsados por un rápido movimiento de
rotación”(viii).
En este sentido la patafísica comporta ya una gran
teoría de las máquinas, y supera las virtualidades del siendo hacia la
posibilidad de ser. La ciencia en efecto trata el tiempo
como variable independiente: por eso las máquinas son esencialmente máquinas
de explorar el tiempo, “tempo-móviles” más que locomóviles. La ciencia bajo
ese carácter técnico hace primero posible un vuelco patafísico
del tiempo. Jarry tal vez recuerde a su profesor
Bergson cuando recupera el tema de la Duración, a la que define primero por
una inmovilidad en la sucesión temporal (conservación del pasado), luego como
una exploración del futuro o una apertura del porvenir: “La Duración es la
transformación de una sucesión en reversión, es decir: el devenir de una
memoria.” Se trata de una profunda reconciliación de la Máquina y la Duración(ix). En ese paso de la ciencia al arte, en
esa reversión de la ciencia en arte, Heidegger recupera tal vez un problema familiar
de finales del siglo XIX, idea que ya encontramos en Jarry, particularmente
en su tesis sobre la anarquía: en el hacer-desaparecer, en la consideración
estética del crimen, al modo como es propuesto por De Quincey(x)
a quien Jarry admira profundamente. NOTAS (i) Escrito con ocasión del simposio
sobre Pataphysica celebrado en la Facultad de
Bellas Artes de Madrid en octubre de 2005 (29 de haha
de 8479). Simposio que recogió la participación de la Sociedad de Neopataphysica de Madrid, eme=M,
arte ácaro (Mad/Gi/Bs.
aires), el Otro Ilustre Colegio de Pataphysica (Uburriana y Valencia), Ecrevisse
(Zaragoza), Pepitas de Calabaza (La Rioja) y Oscar Dedos Agujereados
(Palencia). El Simposio logró reunir a fracciones importantes que se
relacionan a la pataphysica, colectivos que aún sin
aclamar la oficialidad de su dedicación ni su exclusividad no dejan de tener
relevancia imaginaria. (ii) "Gestes et Opinions Du Docteur
Faustroll, Pataphysique",
acabado en 1898 y publicado 4 años después de la muerte de Alfred Jarry, en 1911. (iii) POPPER, Karl, La lógica de la
Investigación Científica, Ed. Tecnos, Madrid,
1982. La tesis central de Karl POPPER
es el refutacionismo, una postura mediante la cual
este pensador busca establecer una demarcación entre lo que es ciencia y lo
que no lo es: son científicos aquellos enunciados que pueden ser refutados.
Contraponiendo al intento de confirmar las propias teorías el intento de
refutarlas, deduce su teoría que lo que define el carácter científico de una
teoría es su contrastabilidad, y lo que define a
ésta es la refutabilidad, y que una teoría es científica y significativa sólo
si es en principio incompatible con algunos fenómenos observables. La falsabilidad de una hipótesis implica más que un cambio
terminológico frente a la verificabilidad inductivista: implica que toda conjetura se mantiene
siempre en conjetura, aunque esté corroborada, pues no puede ser
necesariamente falsada ni necesariamente corroborada. La fundamentación de la
refutabilidad como criterio lleva al desarrollo de una nueva concepción de
ciencia y de teoría científica. (iv) DELEUZE, Gilles, Crítica y clínica, Traducido por Thomas Kauf,
Editorial Anagrama, Barcelona, 1996, pp. 128-139. Título original: «Critique
et clinique», Les Éditions
de Minuit, París, 1993 (v) JARRY, Alfred, Faustroll, II, 8, Pléiade II, pág. 668 (Hechos y dichos del Dr. Faustroll.
Patafísico, Mandrágora, 1975). (vi) HEIDEGGER,
Martin, Ser y Tiempo, FCE, 1993,
párrafo 7 («La ontología sólo es posible como fenomenología», pero Heidegger
reivindica en mayor medida a los griegos que Husserl). (vii) HEIDEGGER,
Martin, Questions IV, «Tiempo y ser», Gallimard: «sin miramiento por la metafísica», ni
siquiera «intención de superarla». (viii) «La Pasión considerada como
una carrera en cuesta», La chandelle verte, (Pléiade II, págs. 420-422) (La
Candela Verde, Felmar, 1977). (ix) La construction
“pratique”, que expone el conjunto de la teoría del
tiempo de Jarry: se trata de un texto oscuro y muy hermoso, que debe
relacionarse tanto con Bergson como con Heidegger. (x) Thomas
De Quincey (Manchester, Reino Unido,
1785-Edimburgo, 1859) Escritor, ensayista y crítico británico. Poseedor de un
humor cáustico, importante gracias sobre todo a su corrosiva obra Del
asesinato considerado como una de las bellas artes (1829). |
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