Konvergencias, Filosofía y Culturas en Diálogo.

ISSN 1669-9092

Número 7 Año III Agosto/Septiembre 2004

 

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 UDANA

LA PALABRA DE BUDA

Carmen Dragonetti (Argentina)

Traducción del Pali, con Introducción y Notas (1)

 


 

 

 

 

Nota de Konvergencias: por cuestiones de códigos en la red, no se puede acentuar los términos sánscritos y pali tal como figuran en el texto original.

 

     a mis padres

     INTRODUCCION

1. El Canon Pali

     El Canon Pali o Tipitaka, “Las Tres Canastas”, está constituido por todas aquellas obras escritas en idioma pali (uno de los antiguos idiomas de la India) que, según los budistas adheridos a la secta o escuela Theravada (en pali=Sthaviravada en sánscrito), contienen las enseñanzas e incluso las palabras auténticas y originales de Buda Shakyamuni, el fundador histórico del Budismo (circa 540-circa 480 a.C.). Estos budistas constituyen la religión mayoritaria de Sri Lanka, Birmania, Tailandia, Cambodia, Laos.

     La secta o escuela Therevada con otras sectas o escuelas, como las de los Sarvastivadins, Vatsiputriyas, etc., fueron designadas con el nombre de Hinayana por los budistas adheridos al Mahayana, la nueva forma de Budismo que surgió alrededor del inicio de la Era Cristiana y que se contrapuso al Hinayana. El Mahayana prevaleció en el Tibet, Asia Central, China, Japón, Corea. Ambas formas de Budismo han coexistido y coexisten, el Hinayana, predominantemente en el Sur, Sri Lanka y Sudeste Asiático, el Mahayana, en el Norte de Asia. En la India, la patria originaria del Budismo, los budistas forman hoy sólo un grupo minoritario.

     En Canon Pali quedó constituido como hoy lo tenemos en los Concilios de Rajagriha (Rajagaha en pali), poco después de la muerte de Buda en 480 a.C.; de Vaishali (Vesali en pali), un siglo después de la muerte de Buda; de Pataliputra (Pataligama en pali), bajo el reinado del emperador Ashoka (Asoka en pali) (272-232 a.C.); y de Sri Lanka (Ceylán), alrededor del 50 a.C.

     El Canon Pali o Tipitaka, comprende tres grandes divisiones o Canastas, según el sentido original del término tipitaka: El Vinaya Pitaka, el Sutta Pitaka, y el Abhidhamma Pitaka.

     El Vinaya Pitaka comprende aquellos textos que tratan de la disciplina y reglas de la vida monástica; el Sutta Pitaka aquellos que se ocupan de la doctrina y filosofía budistas y el Abidhamma Pitaka los que podríamos calificar de escolásticos, que clasifican y sistematizan los conceptos propios de la doctrina. El Sutta Pitaka es el más interesante y valiosa de estas tres colecciones.

2. El Udana

     Uno de los textos que conforman el Sutta Pitakao sea la Canasta de las Doctrinas, es el Udana. Consta de ocho capítulos de diez secciones cada uno, que comprenden una pequeña narración acompañada de una o más estrofas de contenido doctrinal, pronunciadas, según la tradición, por Buda. Udana significa propiamente “pronunciamiento”, “declaración”, “palabra”. En la presente obra designa a las estrofas que terminan cada una de las narraciones. Podemos, pues, traducir el término udana, título de la obra del Canon Pali, por “la palabra de Buda”.

     El Udana es una obra importante del Canon Pali desde el punto de vista literario, histórico y filosófico.

3. El Udana como obra literaria

     El Udana es una colección de pequeños relatos de agradable lectura. Su belleza radica en su simplicidad que muchas veces se convierte en ingenuidad. Sin ningún esfuerzo ni afectación literaria y congran efectividad, los relatos describen personajes de la época de diverso carácter o condición y narran pequeños acontecimientos de la vida cotidiana de entonces, de la vida de Buda, de la vida de los monjes budistas. El autor se mantiene al margen de sus descripciones y narraciones, no expresando su opinión ante los hechos que lo ocupan sean éstos triviales o de carácter trágico. Narra, pinta, no comenta. Tanto las descripciones de personajes como las narraciones de acontecimientos están reducidas a sus rasgos esenciales. Al autor no le interesa hacer obra literaria sino simplemente informar acerca de algo valioso de por sí, por estar relacionado con la vida del Maestro.

     (…)

6. Doctrinas Filosóficas

     Pero, indudablemente, lo más valioso del Udana son aquellos pasajes que exponen las doctrinas budistas. Sólo nos referiremos a algunas de las doctrinas expuestas en el Udana.

     El patichchasamuppada o Generación Condicionada

     Las primeras páginas se ocupan de la doctrina básica del Budismo, el patichchasamuppada (pratityasamutpada en sánscrito), Generación Condicionada o Surgimiento Condicionado. Esta doctrina está desarrollada en numerosísimos pasajes de otros textos del Canon Pali. Ha sido discutida e interpretada en las escuelas budistas desde muy pronto. Asimismo ha sido objeto de cuidadosas investigaciones por parte de los estudiosos del Budismo.

     El patichchasamuppada tiene la siguiente formulación de acuerdo con la mayoría de los textos que lo contienen, incluyendo el Udana.

     La vejez y la muerte con todos los dolores, tristezas, sufrimientos, miserias de la vida, están condicionadas por el nacimiento. El nacimiento, por la existencia, es decir, por pertenecer uno al mundo del devenir, por estar uno arrastrado a la incesante corriente de las existencias sucesivas, de las infinitas re-encarnaciones y de las re-muertes. La existencia está a su vez condicionada por el apego, por el aferrarse a la existencia, a la sensualidad. El apego está condicionado por el deseo. El deseo está condicionado por la sensación, ya que la sensación de algo agradable, placentero, hace surgir en la mente no disciplinada el deseo de poseerlo. La sensación está condicionada por el contacto de los sentidos con su objeto. El contacto está condicionado por los seis dominios, es decir, por los seis sentidos conjuntamente con las seis categorías de los sentidos. (Recordamos que para la psicología india la mente es un sexto sentido, constituyendo su objeto las representaciones, ideas, etc.). Los seis sentidos están condicionados por la individualidad, por el hecho de constituir uno una entidad psicofísica. La individualidad está condicionada por la conciencia. La conciencia está condicionada por los samskaras (2). Por último, los samskaras están condicionados por la ignorancia de las enseñanzas de Buda. Esta ignorancia produce, en términos generales, el sometimiento al mundo de la sensualidad y la realización de acciones que tienen que surtir su efecto en otra vida. Por el contrario el conocimiento y la realización de las doctrinas de Buda, al eliminar la ignorancia, y por consiguiente ese tipo de acciones, impide la formación de samskaras y pone fin al ciclo de las reencarnaciones.

     La teoría del patichchasamuppada está inspirada en dos actitudes características del Budismo. Por un lado, en la visión causalista de la realidad, el considerar que todos los fenómenos tienen una causa que los determina y explica y que, por consiguiente, para poner fin a algún proceso es necesario buscar su causa y destruirla. Por otro lado, la concepción de la universal interdependencia de todas las cosas: todo fenómeno tiene una causa y es a su vez causa de otro fenómeno.

     Fundamentalmente, el patichchasamuppada explica el nacimiento y la cesación del dolor. La ley, el dharma que constituye el patichchasamuppada no fue una creación sino un descubrimiento realizado por Buda, cuando, en el día de su suprema Iluminación, medita sobre el dolor humano y se esfuerza por encontrarle una salida. El Samyutta Nikaya II, p.25 (Pachchayasuttam), después de exponer esta doctrina, dice: “aparezcan o no budas, permanece inconmovible este principio –la estabilidad de la ley, la necesidad de la ley, esta causalidad. Buda lo intuyó, Buda lo comprendió. Habiéndolo intuido y habiéndolo comprendido, Buda lo explicó, lo mostró, lo comunicó, lo estableció, lo aclaró, lo analizó, lo reveló”.

     El ideal del sabio

     En numerosos pasajes del Udana, Buda señala los atributos que conforman el ideal del sabio. Ante todo la ahimsa o no-violencia que comporta múltiples facetas: ausencia de cólera y de odios; incapacidad de hacer daño con la palabra, la acción o el pensamiento; una actitud básica de bondad y benevolencia para con todos los seres. La ahimsa o no-violencia pasará del Budismo al Hinduismo y se convertirá en una delas virtudes más exaltadas por la cultura de la India y de la que ésta más se enorgullece. Bástenos recordar que la ahimsa fue uno de los principios morales que Gandhi inscribió en su bandera cuando organizó la lucha por la independencia de la India. Luego tenemos el desapego. El sabio budista no estará ligado a nada y no sentirá deseo por nada. La codicia de los bienes materiales y la atracción por el placer y las sensaciones agradables le serán desconocidas. El sabio budista no poseerá nada. Ha abandonado su hogar, su familia, su mujer y sus hijos, sus amigos, sus bienes. Se ha despojado incluso del sentido de “lo mío”. Su única pertenencia es el manto que lo cubre y la escudilla en que recibe el alimento que le dan como limosna. Está pues solo y sin nada en el mundo. Está de más decir que carecerá de orgullo, de vanidad, de hipocresía y de egoísmo. No es de extrañar que el sabio budista, liberado del deseo y de la aversión, sin relación alguna con el mundo que lo rodea, haya llegado a un grado extraordinario de serenidad, calma e imperturbabilidad y sea comparado con un lago de aguas frías, serenas y límpidas. Buda pone especial énfasis en una serie de virtudes características de la doctrina que predicó. El sabio debe mantenerse siempre en estado de alerta y vigilancia, atento, consciente y autocontrolado. Sólo así podrá impedir que las tentaciones de Mara, el Maligno, señor de la muerte y de la sensualidad, siembra a su alrededor, se apoderen de su mente o de su corazón, subrepticiamente, sin que él se dé cuenta; sólo así conseguirá que no broten de él inconscientemente inclinaciones, deseos y atracciones que lo alejen del camino de la perfección espiritual.

     La realización del ideal del sabio antes esbozado es un requisito indispensable para alcanzar la liberación de las reencarnaciones y para conquistar así el nirvana, lo Absoluto. Pero no es una tarea fácil. Requiere muchos años de esfuerzo, una disciplina rígida a que el monje se somete, normas rigurosas de conducta que se impone. De ahí la insistencia puesta por Buda en las cualidades de energía, esfuerzo, empeño y tesón, las únicas con las que la voluntad, tensa, pueda vencer los obstáculos que se le oponen en la tarea de purificación y perfeccionamiento individual.

     (…)

     El Yoga

     Como sucede en toda la literatura budista, encontramos en el Udana numerosas referencias al Yoga –desde luego referencias aisladas y no presentadas sistemáticamente.

     Recordemos que el Yoga es un método para producir el trance. El trance yóguico es un fenómeno “místico”, similar al trance de cualquier misticismo. Comporta una serie de normas que podemos calificar de morales como el no hacer daño, el desapego de todo, la castidad, etc., y una serie de prácticas que podemos calificar de técnicas como determinadas posturas para meditar, el control de la respiración y, en forma especial, la concentración de la mente en una determinada entidad que puede ser un objeto material, un símbolo sagrado, una idea, una sensación, un sentimiento. Es la concentración de la mente la que en forma directa producirá el trance.

     El Yoga tiene una extraordinaria importancia en el Budismo, como la tiene por lo demás en todas las manifestaciones religiosas y filosóficas de la India, ya que el trance yóguico es el único medio que dispone el hombre para llegar a la verdad última, a lo Absoluto. Incluso Beckh, Buddhismis, p.11, considera que el Budismo es una rama del Yoga. Sin negar la evidente importancia del Yoga en el Budismo estimamos que el Budismo es algo más que el Yoga –mucho más que el Yoga. Desde luego que el Yoga del Budismo no es el Yoga clásico sistematizado por el genio de Patanjali alrededor del siglo IV d.C., sino el Yoga pre-clásico, que existió en la India desde muchos siglos antes que el Budismo.

     Como hemos dicho, el Yoga se hace presente repetidas veces en el Udana. Es al salir de un samadhi o estado de avanzada concentración mental que Buda descubre la ley de la causalidad (I, 1-3. En numerosos pasajes, por lo menos en 24 de las 80 narraciones que contiene, el Udana describe a monjes sumidos en meditación yóguica; sentados en postura pallanka (postura típicamente yóguica) y con la mente intensamente concentrada. El Udana VIII, 9 narra cómo el venerable Dabba entró en parinirvana, o sea en el nirvana supremo y sin retorno. Buda describe, en los versos que citamos a continuación, el proceso que ha tenido lugar en el venerable Dabba cuando ingresó en el nirvana:

     “El cuerpo ha sido aniquilado; / la percepción ha sido detenida; / todas las sensaciones se han enfriado; / los samskaras han cesado; / la conciencia llegó a su fin”.

     Sus palabras recuerdan la forma como algunos siglos más tarde Patanjali habría de caracterizar el trance en el célebre aforismo segundo del Primer Libro de su tratado: la cesación de todos los procesos mentales.

     El nirvana

     Varias veces nos hemos referido ya al nirvana, la meta suprema del Budismo. El Udama le dedica algunos de sus pasajes más hermosos e importantes. El nirvana es uno de los conceptos más discutidos de la filosofía de la India. La mayoría de los grandes indólogos occidentales como Burnouf, Max Muller, Rhys Davids, Oldemberg, de la Vallée-Poussin, Stcherbatsky han expresado su opinión al respecto. Sorprende la forma tan contradictoria como el nirvana ha sido interpretado. Bástenos indicar que para unos el nirvana es el aniquilamiento total a nivel del más burdo y decantado materialismo y para otros el nirvana es una existencia eterna de inefable felicidad.

     Trataremos de expresar brevemente nuestra interpretación del nirvana que se funda en el estudio del Yoga y de la tradición filosófica india anterior al Budismo. (3)

     El Budismo comparte la concepción de la existencia humana y del destino del hombre después de la muerte, propia de la cultura de la India y que difiere de la concepción occidental. El aniquilamiento después de la muerte constituye el peligro a que se ve expuesto el hombre occidental. Su salvación radica en la concepción de un principio espiritual, el alma, existente en el individuo, inmortal e imperecedero. Si no se acepta la existencia de ese principio espiritual el hombre después de la muerte es sólo cenizas. El ansia de inmortalidad caracteriza así a la cultura de Occidente.

     El problema para el hombre indio es totalmente diferente. El individuo no se ve enfrentado al peligro del aniquilamiento después de la muerte, antes bien se ve condenado a una existencia eterna y dolorosa, a un devenir interminable, hecho de nacimientos y de muertes sin fin, encadenado como está al ciclo de las reencarnaciones, el cual se desarrolla en el plano de esta realidad contingente, dominio del sufrimiento y de la muerte. Para el hombre indio el ideal radica en liberarse de esa cadena de existencias, en escapar a los límites de esa prisión que para él constituye esta realidad. El ansia de liberación caracteriza así la cultura de la India. Para poder liberarse y escapar de esta realidad el hombre indio concibe lo Absoluto, totalmente diferente de todo lo que esta realidad comporta, totalmente diferente de todo lo que los sentidos y la mente humana pueden percibir o imaginar, algo a lo que nade “de aquí” puede llegar. Ese Absoluto será Brahman en las Upanishads y en el Vedanta, el nirvana en el Budismo, el Purusha o espíritu establecido en sí mismo en el Samkhya y el Yoga que comparte sus doctrinas.

    Los Ufanas I, 10 y VIII, 1 describen el aspecto heterogéneo del Absoluto budista, el nirvana:

     “Ahí el agua, la tierra, el fuego y el aire / no pueden establecerse, / ahí no brillan las estrellas ni resplandece el sol, / ahí no se ilumina la luna ni existe la tiniebla …”

     “Existe, oh bhikkhus, aquel dominio en que no se dan ni la tierra ni las aguas ni el fuego ni el aire ni el dominio de la infinitud del espacio, ni el dominio de la infinitud de la conciencia, ni el dominio de la nada, ni el dominio del conocimiento y del no-conocimiento, y ni este mundo ni el otro ni el sol ni la luna. Yo os digo, oh bhikkhus, que ahí no se entra, que de ahí no se sale, que ahí no se permanece, que de ahí no se decae y que de ahí no se renace. Carece de fundamento, carece de actividad, no puede ser objeto de pensamiento. Es el fin del sufrimiento”.

     Si no existiese ese Absoluto, lo completamente diferente, lo absolutamente otro, sólo existiría esta realidad y nada fuera de ella hacia donde el hombre podría escapar, en donde el hombre podría refugiarse. Así, es lo Absoluto lo que permite la salida. Sin ese Absoluto no es salida. Es lo que nos dice el Udana VIII, 3:

     “Existe, oh bhikkhus, lo no-nacido, no-devenido, no-hecho, no-compuesto. Si no existiese, oh bikkhus, lo no-nacido, no-devenido, no-hecho- no-compuesto, no se percibiría en este mundo una salida para lo nacido, devenido, hecho, compuesto. Pero, puesto que existe, oh bhikkhus, lo no-nacido, no-devenido, no-hecho, no-compuesto, por tal razón se percibe una salida para lo nacido, devenido, hecho, compuesto”.

     El hombre puede alcanzar el nirvana haciendo suyas las enseñanzas de Buda. Estas constituyen, por decirlo así, metafóricamente, el camino que lleva a lo Absoluto budista.

     Cuando el hombre llega al nirvana, no quedan rastros de él. Escapa ya a todo conocimiento. Como lo expresa metafóricamente el Sutta Nipata 1076 en ese momento se destruyen los caminos del lenguaje que llevaban a él. El Udana VIII, 10 expresa simbólicamente esta idea al decir que cuando el venerable Dabba entró en el nirvana supremo y sin retorno, su cuerpo fue consumido y no quedaron de él “ni cenizas ni polvillo de cenizas”.

     Así mismo el hombre que alcanza el nirvana supremo no puede llevar consigo nada de lo que constituye nuestra realidad. No digamos nada del cuerpo, la vida emocional y la vida mental, la personalidad y la individualidad, la conciencia, todo cesa y concluye al salir de los límites de esta realidad contingente e ingresar en aquella realidad trascendente y heterogénea que es el nirvana. Por tal razón el nirvana es designado con el término bhavanirodha, que significa: “la cesación de la existencia (bhava)”, es decir la cesación de la realidad que esa existencia constituye. El estado más avanzado del trance yóguico, aquel en el cual el monje budista realiza transitoriamente el nirvana, ese estado comporta la cesación de las sensaciones, de las percepciones, de los sentimientos, del intelecto, de la voluntad. Y en el Udana VIII, 9 ya citado, Buda describirá el nirvana supremo y sin retorno del venerable Dabba, diciendo: “La conciencia llegó a su fin”.

     El nirvana es pues, el aniquilamiento total y absoluto del individuo afanosamente conquistado mediante la disciplina budista. Pero este aniquilamiento ni es el aniquilamiento tal como lo entendían los Charvakas o materialistas de la India antigua, para los cuales todo termina con la muerte inevitable tras una corta existencia. Para el Budismo el aniquilamiento es un salto hacia la trascendencia.

     Lo Absoluto budista, el nirvana, tiene múltiples rasgos similares con lo Absoluto upanishádico, Brahman. Ambos poseen de un modo general las mismas características y son descritos casi de idéntica manera. Pero existe una profunda diferencia entre ambos. Podríamos decir que Brahman  es un Absoluto de signo positivo: se le define como “el ser, la conciencia y la felicidad”, y para señalarlo la Brihadaranyaka Upanishad utilizará el término purna: “lo pleno”. El nirvana es más bien un Absoluto de signo negativo: su propio nombre lo está indicando, nirvana significa extinción”; con respecto a él se utiliza la imagen de la llama que se extingue y para señalarlo se recurrirá a los términos shunya: “vacío”, y shunyata: “lo vacío”, términos que jugarán un rol de primerísimo importancia en la especulación budista posterior a Buda.

     Creemos que la concepción del nirvana deriva de la experiencia del trance yóguico. De acuerdo con la tradición de la India, compartida por Buda, el hombre realiza lo Absoluto en el momento culminante del trance, cuando todos los procesos mentales se detienen y lamente se inmoviliza en una quietud total. No podía pasar desapercibido para Buda que la experiencia de lo Absoluto significaba así el vaciamiento total de la conciencia. Para una inteligencia objetiva como la de Buda, la conclusión inevitable era concebir a lo Absoluto como lo vacío.

     Buda predicó su doctrina hace 25 siglos. Tal vez la “salida”que él ideó, no satisfaga al hombre occidental moderno, ya sea porque ha sido educado en la creencia de un alma inmortal y en el culto del individualismo, ya sea porque ha ido perdiendo el sentido de lo trascendente. Pero nadie puede desconocer la grandeza de la doctrina de Buda, el cual, a esta realidad, contingente, insustancial, transitoria y dolorosa, opone como única salida un Absoluto impersonal y negativo, al que el hombre puede llegar, no mediante ritos y ceremonias ni con la ayuda de la gracia divina, sino por su propio esfuerzo personal, en un aislamiento hecho de desapego y de renunciamiento.

Delhi, India 1969 – Buenos Aires, Argentina 1970

New Yersey, USA – Buenos Aires, Argentina, 2002   

 

NOTAS

(1) Publicado por: The Buddhist Association of the United States, Yin-Shun Foundation, New Yersey, USA, y Fundación Instituto de Estudios Budistas, Buenos Aires, Argentina, 2002.

(2) Residuos kármicos (sankara; en sánscrito: samskara). Término de múltiples acepciones y difícil por lo mismo de ser traducido. Con este término el patichchasamuppada (Generación Condicionada) nos lleva a la vida anterior del individuo, interviniendo en este momento el concepto de karman, o sea l idea de lo que uno hace en una vida surte efectos en la siguiente, que todo acto “madura” en una existencia posterior. Por sankhara debemos entender en el presente caso las potencialidades acumuladas en una vida y que se actualizan en una vida siguiente; las energías creadas y no gastadas en una existencia anterior y que actúan en otra existencia; la herencia que el individuo se dejó a sí mismo en una vida anterior; la predestinación  que no se debe ni a los antepasados ni a la fatalidad ni a la voluntad de un dios, sino a uno mismo. Asimismo, como se verá por la fórmula siguiente de la Generación Condicionada, es el conjunto de los residuos kármicos el que da origen a la conciencia de la nueva encarnación del individuo. Los residuos kármicos constituyen los factores condicionantes de la existencia.

(3) Ver F.Tola y C.Dragonetti, Yoga y Mística de la India, en especial pp.54-74, 122-128, 154-179, 183-208 y F.Tola and C.Dragonetti, The Yogasutras of Patanjali: On concentration of mind.