Konvergencias, Filosofía y Culturas en Diálogo.

ISSN 1669-9092

Número 12 Año III Mayo 2006

 

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REVISIÓN CRÍTICA DE LA INTERPRETACIÓN DE PAUL WIENPAHL ACERCA DE LA SUBSTANTIA SPINOZISTA

COMO UN CORRELATO DE LA SHUNYATA BUDISTA

 

Rubén Soto Rivera (Puerto Rico)

 

 


 

 

 

 

Para Jorge Amílcar Vizcaíno
amigo y psicólogo bonaerense

 

 

La substantia en Spinoza

 

Hay una interpretación de la substantia spinozista orientada hacia las nociones budistas de anatman, o shunyata. Baruch Spinoza define así la substantia: “Entiendo por sustancia aquello que es en sí, y se concibe por sí; es decir, aquello cuyo concepto no necesita del concepto de otra cosa para formarse” (Per substantiam intelligo id quod in se est et per se concipitur; hoc est id cuius conceptus non indiget conceptu alterius rei, a quo formari debeat [I.iii]).1 Como la ousía aristotélica, la substancia espinozista estriba en el sujeto último de predicación. En la proposición XIV, Spinoza declara que no puede darse ni concebirse ninguna sustancia fuera de Dios (Praeter Deum nulla dari neque concipi potest substantia).2 En resumen, su ousiología consiste en una teología. El filósofo sefardí define así su noción de Dios: “Entiendo por Dios un ser absolutamente infinito, es decir, una sustancia constituida por una infinidad de atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita” (Per Deum intelligo ens absolute infinitum, hoc est, substantiam constantem infinitis attributis, quorum unumquodque aeternam et infinitam essentiam exprimit [I.vi]).3 En la proposición XI, asienta su homologación entre Deus y Substantia: “Dios, es decir, una sustancia constituida por la infinidad de atributos de los que cada uno expresa una esencia eterna e infinita, existe necesariamente.”4  En latín, la homologación es más explícita que en la traducción anterior, porque Spinoza no dice que Dios sea una sustancia, sino que, en disyunción inclusiva, homologa: “Dios, o la Sustancia”… (Deus sive substantia constans infinitis attributis quorum unumquodque aeternam et infinitam essentiam exprimit, necessario existit). En la proposición XIX, el filósofo sefardí propone que Dios es eterno, o dicho de otro modo, todos los atributos de Dios son eternos 5 (Deus sive omnia Dei attributa sunt aeterna). Una vez más, el traductor recurre a un circunloquio para traducir la conjunción latina “sive” por “o dicho de otro modo”. Lo dicho en latín es más corto: “Dios, o todos los atributos de Dios, son eternos.” De acuerdo con Stuart Hamphire, el argumento fundamental en la primera parte de la Ética es que sólo puede haber una sustancia que sea causa sui, y que esta única sustancia ha de identificarse con el universo, concebido como un todo, y que a esta única totalidad omnicomprensiva la llama “Dios, o Naturaleza” (Deus sive Natura). Agrega inmediatamente que la fuerza del argumento, que depende del uso estricto de las nociones de causa y sustancia en el sentido tradicional, radica en que cualquier otra interpretación, o hipótesis, debe llevar infaliblemente a una contradicción.6 Que Spinoza entiende por sustancia lo ente, se declara en esta línea de su carta a Simón de Vries: “En cuanto a lo que ustedes dicen, que yo no demuestro que la sustancia (o ente) pude tener varios atributos, quizá no han querido atender a las demostraciones, pues he utilizado dos” 7 (Quod autem dicis, me non demonstrare, substantiam (sive ens) plura habere posse attributa, forte ad demonstrationes noluisti attendere [9.45]).

 

 

Paul Wienpahl: la substantia de Spinoza y la nada budista

 

Pierre Bayle (1647-1706) ha redefinido la noción esponozista de Substantia como Actividad, pero Paul Wienpahl (1916-1980) la reinterpreta, basándose en aquél, como cierta Nada, o Vaciedad. P. Wienpahl dice:

 

The first notice, I know, of a resemblance between BdS and Ch’an or Zen Buddhism occurs in the entry on Spinoza in Pierre Bayle’s dictionary, where Bayle related Spinozism to “the theology of a sect of the Chinese.” It is clear when you read his description that he was reporting on Jesuit accounts of Ch’an Buddhists or, as the Jesuits called them, the followers of Foe Kaio (No-man). In this notice Bayle said that there was nothing new in BdS, for “the theology of a sect of the Chinese” is also based on the incomprehensible notion of nothingness. Bayle had observed, you see, that BdS believed that there are no substances. For Bayle this meant that everything substantial was removed from reality. Aside from the reference to “theology” in Buddhism, Bayle’s striking the resemblance was remarkably keen. 8

 

Pocas líneas después, Wienpahl reitera su tesis spinocista-budista, subdeterminándola definitivamente como de raigambre zen:

 

I have described zazen in The Matter of Zen. For our purposes here the following account will suffice. Zazen is a practice which involves both the body and the mind; that is, the whole individual, which is why “meditation” is a misleading term for it. Until recently we have been inclined to think of meditation as an intellectual affair. In the practice the practitioner sits quietly in a cross-legged position called the “lotus,” and endeavors by various means to achieve a state known sometimes as no-mind. That is to say, to use this imagery, the practitioner endeavors to empty the mind of all ideas, and this includes feelings. He or she endevours to achieve nothingness, a description of which is probably the source of Bayle’s account of the “theology” of that sect of the Chinese. Nothingness is otherwise known as egolessness. 9

 

Según Albert Ribas, Bayle destaca la similitud de la noción espinocista de “sustancia única” con cierto principio absoluto de los orientales: “habría en ambos una similar afirmación de la identidad última de las criaturas, o sea una atribución de deificación (lo que vendrá en llamarse ‘panteísmo’), y habría una similar afirmación del carácter extenso de la ‘sustancia única’ y de aquel principio.”10 Pero si hay identidad, habrá también diferencia. Antes de examinar aquella interpretación, permítasenos rastrear algunos precursores de la misma.

 

 

Las apreciaciones de Hegel

 

Claude Tresmontant refiere que la doctrina india de la transmigración (samsara) se encuentra en Platón y, según Leibniz nos dice, en los escritos esotéricos que Spinoza quemó antes de morir.11 Lourdes Rensoli Laliga aduce que Spinoza, al referirse a los factores que han conservado a los judíos como pueblo y a la posibilidad de reconstruir un Estado judío, escribe: "De hecho, ya tenemos un excelente ejemplo de ello en los chinos; pues también ellos conservan con toda religiosidad una trenza en la cabeza, con la que se distinguen de todos los demás; y tantos miles de años se han conservado así separados, que superan con mucho a todas las otras naciones en antigüedad" (Tratado teológico-político, 3.57).12 La estudiosa nos informa que, en Amsterdam, se habían publicado obras fundamentales sobre China como el Atlantis Sinici, de M. Martini (1659) o la China Ilustrata, de A. Kircher (1667), sin contar con los trabajos sobre China publicados hasta entonces en otros países, y que el estudio de las fuentes sobre China que Spinoza conoció podrá arrojar más luz sobre su breve pero importante reflexión.13 Hegel reorienta la filosofía de Spinoza hacia Oriente. En sus Lecciones sobre filosofía de la religión, Hegel epitomiza así: “Unidad espinosista, oriental; [la] finitud no [está] puesta como apariencia.”14 Más adelante, resume: “La naturaleza está y es intuida y representada como Dios –espinosismo.15 En lecciones anteriores acerca de la misma materia, el filósofo alemán aduce que:

 

El panteísmo oriental, o más correctamente, el espinosismo, será estudiado más tarde, al tratar de la religión oriental. El mismo espinosismo en cuantal, y también el oriental, implican que, dentro del conjunto, lo divino es solamente lo universal de su contenido, la esencia de las cosas, pero de modo que eso divino sea representado también como la esencia determinada de las cosas. Por ejemplo, los orientales dicen que Krishna, Vishnu, Brahma hablan acerca de sí mismos: “Yo soy el resplandor, lo brillante en los metales, el Ganges entre los ríos, la vida en los vivientes, el entendimiento en los inteligentes.”16

 

Esta homologación del panteísmo oriental con el espinozismo se matizará luego, cuando Hegel niegue el rasgo panteísta de la filosofía de Spinoza. Mientras tanto, citemos un comentario suyo, en la Enciclopedia de las ciencias filosóficas, acerca de esos pasajes hinduistas:

 

Este todo, como Krisna se expresa a sí mismo, no es todas las cosas, como tampoco lo es el uno de los eleatas o la sustancia de Spinoza. La totalidad de las cosas, esta muchedumbre sensible e infinitamente plural de lo finito está más bien determinada bajo todas esas representaciones como lo accidental que no es en y para sí, sino que tiene su verdad en la sustancia, en lo uno, que siendo distinto de aquellos accidentes, es su verdad en la sustancia, en lo uno, que siendo distinto de aquellos accidentes, es lo único divino y Dios. 17

 

En la Ciencia de la Lógica, Hegel reinscribe el espinozismo en la tendencia general de pensamiento oriental:

 

De la misma manera, en la representación oriental de la emanación, lo absoluto es la luz que se ilumina a sí misma. Sin embargo no sólo se ilumina, sino que se expande también. Sus expansiones son alejamientos de su límpida claridad; las creaciones subsiguientes son más imperfectas que las precedentes, de las que preceden. La expansión está considerada sólo como una acontecer, el devenir solamente como un progresivo perderse/ Así el ser se oscurece cada vez más, y la noche, lo negativo, es lo último del a serie, que ya no vuelve a la primera luz. La falta de la reflexión sobre sí, que tiene en sí la exposición de lo absoluto de Spinoza, tal como la doctrina de la emanación, está integrada en el concepto de las mónadas de Leibniz. 18

 

Parte de un agregado a la Enciclopedia de ciencias filosóficas afirma que: “El defecto de esta substancia oriental, así como de la substancia espinosista reside en las categorías del nacer y del perecer. La substancia no es captada como lo activo en sí mismo, como sujeto, como actividad finalística y como sabiduría, sino solamente como potencia.”19 Bayle irguió semejante objeción contra la interpretación budista de la sustancia espinociana, como pronto corroboraremos. Al tratar del budismo, el idealista absoluto alemán lo clasifica como una religión de ensimismamiento, diciendo: “Esta formalidad tiene configuraciones variadas y más precisas, pero no queremos abordar sus diferencias. A ella pertenece la religión del Fo –o Buda en la India-; este Buda se llama también Gautama. Con ella se conecta la religión del lamaísmo. 20 A pesar de haber catalogado el espinozismo como una filosofía oriental, Hegel diferenciaba sutilmente entre la noción de sustancia del budismo y del espinozismo, declarando que: “Aquí aparece esta forma de substancialidad en la cual lo absoluto es lo ensimismado, esta substancia unitaria que no es concebida exclusivamente como una substancia para el pensamiento -como en Spinoza-, sino que a la vez existe en el presente sensible, en el hombre singular.21 Es decir, que la Substantia espinozista sería un ens rationis, pero nunca un ens in rebus, o res inter res. Hegel desubica el concepto de sustancia espinocista del contexto metafísico suareciano, en el cual Spinoza está inscrito.

 

Hegel distingue sutilmente, en la filosofía de Spinoza, Ser y Pensar: "Esta substancia abstracta, lo último de la filosofía de Spinoza, esta substancia pensada que existe solamente para el pensar, no puede ser el contenido de una religión popular ni la fe de un espíritu concreto.22 Acerca del argumento ontológico cartesiano, Hegel comenta que: “Se declara, pues, que el ser de Dios está inseparablemente conectado con la representación de Dios. En el concepto el ser debe ser no solamente un esse in idea, sino también un esse in re. Así se trata del mismo contenido, como el presupuesto de Anselmo.”23 Pocas líneas después, el filósofo alemán especifica quién comparte este presupuesto:

 

Ahora bien, esta presuposición se encuentra por doquier, también en Spinoza; él no define de otra manera a Dios o a la causa absoluta. El dice: la sustancia es lo que no puede ser pensado sin existencia, cuyo concepto incluye en sí la existencia, es decir, la representación de Dios está conectada inmediatamente con el ser. Esto es lo que  había dicho Anselmo inmediatamente y lo que se repite en la fe actual. Spinoza dice: la sustancia incluye el ser en sí misma. Esta inseparabilidad del concepto y del ser sólo ocurre absolutamente en Dios. 24

 

Mas no en un Dios como un espíritu concreto, sino como Espíritu Absoluto, pero el idealista absoluto le niega tal calificación a la Substantia espinociana. En sus Lecciones de historia de la filosofía, Hegel especifica de qué tendencia oriental el filósofo sefardí sea principalmente tributario:

 

Como judío que es, decimos, pues la profunda unidad de su filosofía, tal y como a través de él se manifiesta en Europa, la concepción del espíritu, de lo infinito y lo finito, como idéntico en Dios, sin ver en éste un tercer término, es en realidad un eco del pensamiento oriental. Con Spinoza penetra por vez primera en la mentalidad europea la concepción oriental de la identidad absoluta y más concretamente se incorpora directamente a la filosofía europea, cartesiana. 25

 

Que con Spinoza penetre por vez primera en la mentalidad europea la concepción oriental de la identidad absoluta y más concretamente se incorpore directamente a la filosofía europea, cartesiana, olvida la teorización suareciana de la sustancia y la distinción escotista, en la cual se asienta la metafísica del cartesianismo. La defensa hegeliana del espinocismo ante la acusasión de ateísmo, vinculada estratégicamente por sus detractores con la de panteísmo, Hegel la desplegará gracias a su redefinición del espinozismo como un monoteísmo y, a la vez, un acosmismo.

 

 

Otras consideraciones

 

S. M. Melamed, en su libro Spinoza and Buddha: Visions of a Dead God (University of Chicago Press, 1933), delineó ciertos paralelismos entre ambos pensadores. Dice del Buda que: 1) “like Spinoza, he resorted to the theory of double causation” (p. 260); 2) “like Spinoza, he is an intellectualist and a salvationist”; 3) “like Spinoza, he is a determinist”; 4) “like Spinoza, he explains that desire is the origin of life”; 5) “like Spinoza, he is disinterested in man” (p. 274); 6) “unlike Spinoza, he begins with suffering not with God”; y 7) “like Spinoza, he represents tragic types of consciousness” (p. 275). Al menos es evidente, para cualquier conocedor del abigarrado budismo, lo desacertadas que son algunas de dichas aseveraciones. Otro caso es el de Van Meter Ames, quien había escrito que: “The comfort here is that of Spinoza and Buddha, not in striving to be something precariously different and individual, seeking satisfactions which at most are momentary, but in becoming one with all that might seem other and alien, with all that reaches beyond thine and mine, which is no less than the indestructible nature of things.”26 Este paralelismo entre Buda y Spinoza se reitera en el mismo libro de V. Meter Ames: “He schooled himself, like Spinoza, to remember that off the stage of any life were infinite dimensions and possibilities /not all favorable to man but all good for contemplation.”27 En otra línea asegura que: “This was to find the Way, the wonderful Tao, the Buddha, which Spinoza would obligingly call either Nature or God, and Santayana the Realm of Essence.”28 Meter Ames afirma una vez más, a propósito de Santayana, un paralelismo sinónimo entre el budismo zen y el spinozismo, al declarar que: “His naturalism, like that of Zen, and of Spinoza, did not take time seriously, Santayana lived late enough to know about Darwin but ignored the lesson of evolution, as if it could be fitted into a timeless scheme, making some commotion, like the thrashing Will of Schopenhauer, but going nowhere.”29

 

Carl Gebhardt (1881-1934), editor de las Obras Completas de Spinoza, pensó el siguiente razonamiento por analogía: “Así como el budismo, entendido como religión filosófica análoga al taoísmo o al neoplatonismo, no puede ponerse en paralelo con las religiones mitológicas que son el cristianismo o el islam, tampoco la ‘filosofía religiosa universal’ de Spinoza puede ponerse en paralelo con la de Descartes o la de Bacon. Es una religión metafísica como las enseñanzas de Budda, de Lao-Tse o de Plotino.” 30

 

En la actualidad, hay estudiosos de la filosofía y filósofos que hallan correspondencias entre la felicidad espinozista y el nirvana budista. Así, por ejemplo, André Comte-Sponville da por asentado que:

 

Como saben, lo que los budistas llaman nirvana, bienaventuranza, despertar, es un equivalente de la beatitud en Spinoza. Y lo contrario del nirvana, es decir, nuestra vida tal como es, fracasada, estropeada, malograda (como Alain dice de George Sand, al que admira), en suma, la vida cotidiana, con su dureza, su finitud y sus fracasos, es lo que llaman el samsara, el ciclo de nacimiento, el sufrimiento y la muerte. Ahora bien, Nagarjuna escribe: “Mientras establezcas una diferencia entre el nirvana y el samsara, estás en el samsara.”31

 

Hasta aquí nuestro breve y selectivo recuento de antecedentes comparatistas entre el budismo y el espinocismo.

 

 

Pensamiento católico, Spinoza, Budismo Indio, Budismo Chino

 

La reinterpretación de Wienpahl, aunque sugerente, es insostenible desde la perspectiva del texto mismo del filósofo sefardita y de la historia de la filosofía espinozista. Aquélla ha sido reinventada recientemente: “El no-pensar no responde ya a los impulsos aprehensivos, pero tampoco se trata de una pulsión de muerte, de una abnegación, de no querer seguir pensando. En este sentido, como bien ha señalado Paul Wienpahl, hay una profunda afinidad entre Spinoza y el budismo zen, pero muy particularmente, añadiríamos nosotros, con el budismo del gran pensador japonés Dogen.” 32

 

Primeramente, en su Dictionnaire historique et critique, Bayle reseña una interpretación orientalista de la filosofía de Spinoza, pero no la sostiene, sino que la rechaza. Según el ilustrado escéptico:

 

The interior doctrine that is never revealed to the common people because they have to be kept in their place by the fear of hell and other stories of that kind, as these philosophers say, is, according to them, however, the solid and true doctrine. It consists in laying down as the principle and goal of all things a certain vacuum and real nothingness. They say that our first parents came forth from this vacuum and that they returned there after death; that it is the same with all men, who are changed back into this principle by death; that we, all the elements, and all creatures make up part of that vacuum; that thus there is but one and the same substance which is different in particular beings only by the shapes and qualities or interior configuration, somewhat like water, which is always essentially water, though it take the form of snow, hail, rain, or ice. If it is monstrous to maintain that plants, animals, men are really the same thing and to base this on the claim that all particular beings are not distinct from their principle, it is still more monstrous to assert that this principle has no thought, no power, no virtue. This is nevertheless what these philosophers say. They make the sovereign perfection of that principle consist in inaction and absolute rest... Spinoza has not been so absurd. The only substance he admits always acts, always thinks, and he could not by his most general abstractions divest it of action and thought. The foundations of his theory cannot let him do this. 33

 

Imposible mejorar esta expresión de repudio: “Spinoza has not been so absurd.” Según H. G. Hubbeling, la esencia del Dios espinozista es potentia infinita (Eth., I, pr. 34). Aquel continúa declarando que:

 

Pero no hemos de concebir a Dios en forma rígida y como existente para sí mismo. “No existe nada de cuya naturaleza no se siga algún efecto” (E. I. pr. 36). También Dios tiene que actuar, ser activo, cosa que, según hemos dicho, no podemos interpretar en el sentido judeo-cristiano. Él no crea por un decreto de su voluntad, sino que lo produce todo necesariamente, y todo se convierte en cierto sentido en expresión de Dios. “… El poder de Dios no es sino la esencia activa de Dios (actuosa essentia), y por eso para nosotros pensar que Dios no actúa es tan imposible como pensar que Dios no existe” (E II, pr. 3. schol.). 34

 

Expresado en un silogismo: Si Dios es la esencia activa y si la sustancia es Dios, entonces la sustancia es la esencia activa 35 (Q.E.D.). Bayle y Hubbeling concuerdan en que la substantia es actuosa essentia. Bayle adjudica un quietismo nihilista a filósofos chinos de la secta Foe Kaio, pero aclara que Spinoza no ha sido tan absurdo y que los fundamentos de la teoría spinozista no permiten hacer de la substancia una nada, o vacío (en sánscrito: shunyata). La des-egoidad, o insustancialidad (en sánscrito: anatman), antes aludida por Wienpahl, es un caso específico de shunyata. Ésta es una expresión hábil para referirse a la contingencia universal, o surgimiento condicionado, o causal, de todos los fenómenos. Hay tres marcas, o características fundamentales del budismo, a saber: transitoriedad, insustancialidad, insatisfactoriedad (en pali: anicca, anatta, dukkha).

 

De acuerdo con el artículo de Bayle, había entre los budistas una doctrina esotérica, profesada por letrados, y otra exotérica, cultivada por el vulgo. Fréderic Lenoir habla de este doble nivel de la religiosidad budista:

 

En primer lugar, la distinción entre una religión popular, extendida por una “doctrina exterior”, “vulgar”, “vil” e “idólatra” a la que se adscribe el pueblo ignorante; y una religión erudita, fruto de una “doctrina interior”, que profesan los monjes instruidos y los letrados. Pero esta última doctrina la perciben los misioneros como esencialmente “atea”. “Para ellos, todo se limita a nacer y morir --escribe el padre Luis Frois refiriéndose a los bonzos zen japoneses--. No hay otra vida. Ni castigo para los malos ni recompensa para los buenos, No hay Creador. No hay Providencia... Cien veces al año se entregan al ejercicio del zazen, especie de meditación de una hora y media. Reflexionan sobre este axioma: no hay nada.”36

 

Esta doctrina budista de la doble verdad, o dos verdades, hay que remontarla al menos hasta el filósofo mahayanista Nagarjuna. Citemos las estrofas 13-15 de la Exposición acerca de la transmigración, de Nagarjuna, como caso representativo:

 

“El ojo ve formas” –

esto, que el que habla le dice

al mundo apegado al error,

es llamado “la verdad de ocultamiento”.

 

Cuando el Guía dice:

“Se ve un conglomerado”,

aquello es llamado por el Sabio

el terreno de la investigación de la verdad suprema.

 

El ojo no ve formas,

la mente no conoce dharmas;

lo que no es objeto de este mundo,

aquello es la verdad suprema.37

 

Los misioneros católicos prejuzgaban el Zen como un “quietismo nihilista” y “ateo”. Según F. Lenoir:

 

Por lo demás, los occidentales no cesan de utilizar los escasos elementos de la doctrina budista sacados a la luz, para ajustar sus cuentas en las querellas religiosas europeas del momento. El extracto de la carta del dominico Noël Alexandre, citado más arriba, traiciona la preocupación de su autor por servirse del budismo para asestar un golpe a los partidarios de Fénelon. En Francia nos hallamos, en el cambio de siglo, en plena querella quietista, y el budismo, un poco caricaturizado, ofrece a los partidarios del jansenismo un buen ejemplo de espiritualidad quietista, que “inevitablemente conduce a la nada y al ateísmo”. En 1688, Bernier ya había publicado una Memoria sobre el quietismo de las Indias, que apasionó al todo París.38

 

Un ejemplo elocuentísimo de la supervivencia en la época contemporánea de tal prejuicio se halla en estas palabras de Marcelino Menéndez y Pelayo:

 

Y aun no había Cristianismo en el mundo, cuando ya enseñaban los Brachmanes o Gimnosofistas de la India que el fin último y la perfección del hombre consiste en la extinction y aniquilación de la actividad propia, hasta identificarse con Dios y librarse así de las cadenas de la transmigración. Todo el panteísmo indio descansa en el mismo principio, que no rechazan los yoguis o discípulos de Patandjali. Y sabido es que los budhistas, con ser ateos, según la opinion más recibida, ponen por término y corona de su sistema el Nirwana, es decir, la muerte y aniquilación absoluta de la conciencia individual. Y, sin embargo, la moral de los budhistas, por una rara inconsecuencia, es pura y severa, en cuanto lo consentían las nieblas de la ciega gentilidad.39

 

En Europa, el quietismo cristiano del jesuita Miguel de Molinos (1628-1696) fue  considerado por la Inqusición una especie de herejía. En su Guía espiritual (Roma, 1675), ese jesuita sostenía que la perfección cristiana consiste en un completo y pasivo abandono en Dios, suprimiendo todo acto explícito de virtud y hasta todo deseo de santidad, sin oponer resistencia alguna a las tentaciones, o a las acciones inmorales, antes bien aceptándolas pasivamente, tal como se presentan, puesto que, para el alma, anonadada en Dios, nada puede haber que pueda ser pecado. Según Menéndez y Pelayo, el quietismo de Molinos implica que:

 

La nada es el camino más breve para llegar al Soberano Bien, a la pureza del alma, a la contemplación perfecta y a la paz interior. “Abismaos en la nada y Dios será vuestro todo.” En no considerar nada, en no desear nada, en no querer nada... consiste la vida, el reposo y la alegría del alma, la unión amorosa y la transformación divina. Y con una especie de himno en loor de la nada cierra Molinos su tratado, poético, en verdad, aunque con cierto género de poesía enfermiza y enervadora. Es el Nirvana búdico, la filosofía de la aniquilación y de la muerte, la condenación de la actividad y de la ciencia; el nihilismo, en suma, al cual vienen a parar, por diferente camino, los modernos pesimistas y filósofos de lo inconsciente. Eso es el Quietismo, y hoy le volvemos a tener en moda, arreado con los cascabeles germánicos de Schopenhauer y Hartmann. De un modo más idealista y espiritual en Molinos, más grosero y material en los modernos, la cesación y muerte de la conciencia individual es el paradero de ambos sistemas: la felicidad está en la nada.40

 

A. Ribas nos informa también que la denuncia de Bayle viene a coincidir con el último episodio de la crisis quietista, crisis centrada en la condena de Molinos: “Entre los argumentos utilizados por Bayle está el de señalar las similitudes entre este quietismo y las doctrinas orientales.”41 Para Menéndez y Pelayo, el Padre Couplet, en su prólogo de su traducción de Confucio, no dudó en asimilarlos [a los quietistas] con los budhistas de la China.42 Menéndez y Pelayo dice que mil veces ha leído y oído decir que Molinos desciende de Santa Teresa, que la mística española es panteísta, y otros mil absurdos de la misma laya: “Pero quien con atención siga la historia de las herejías, verá, como el principio de este capítulo queda explicado, que la genealogía de Molinos se remonta mucho más, y no para hasta Sakya-Muni y los budhistas indios, y que desde ellos desciende, pasando por la escuela de Alejandría y los gnósticos, hasta los begardos y fraticellos y los místicos alemanes del siglo XIV.”43 En la misma página, Menéndez y Pelayo habla de los pesimistas que reproducen hoy con otro sentido la doctrina del Nirwana. El historiador español de las heterodoxias y herejías españolas finaliza su tratamiento del quietismo de Molinos, con una distinción entre la unio mystica de Santa Teresa y la de Molinos así: “Pero esta unión no trae consigo el aniquilamiento ni el Nirwana: el alma reconoce y afirma su personalidad, y fortificada “con el vino de la bodega del Esposo”, vuelve a la caridad activa y a las obras. (Morada VII).”44

 

Lenoir expone con más razones por qué la curia católica consideraba el quietismo nihilista del budismo un ateísmo:

 

Se insiste al mismo tiempo en la pasividad y el “quietismo” de esta “religión sin dios”. El dominico Noël Alexandre precisa respecto a los monjes zen chinos: “La doctrina secreta de los ministros del dios Fo es un ateísmo puro. El vacío que reconocen como principio de todas las cosas es, dicen, soberanamente perfecto y tranquilo, sin comienzo ni fin, sin movimiento, sin conocimiento, sin deseo. Por eso los que quieren ser felices deben hacer todos los esfuerzos posibles para semejarse a ese principio, dominándose y suprimiendo todas sus pasiones, de modo que sean insensibles a todo y que, sumidos en la más alta contemplación, sin reflexión alguna, sin usar para nada la razón, gocen de ese divino reposo que hace toda la felicidad del hombre... Ahí radica el misterio de esta secta que, en el fondo, no establece ninguna diferencia entre el bien y el mal, que hace consistir la virtud en no pensar ni trabajar para ser virtuoso, que no reconoce recompensa ni pena tras la muerte, que no cree en la Providencia ni en la inmortalidad del alma, que reduce todas las cosas a un vacío confuso y a una simple nada como su principio y su fin, y que cifra la perfección en una total indiferencia, una apatía y una quietud soberana.” 45

 

Esta apatía, o indiferencia, es más radical que la estoica apatía de un Séneca o Spinoza. Mas Bayle prosigue diciendo:

 

I am willing to believe either that what those men mean by Cum hiu is not exactly expressed or that their ideas are contradictory. It is claimed that these Chinese words signify “vacuum and nothingness,” vacuum et inane, and this sect was attacked by the axiom that nothing comes from nothing. Therefore it must be that it is claimed that they taught that nothing is the principle of all beings. I cannot convince myself that they took the word “nothing” in its strict sense, and I imagine that they understood it as people do when they say that there is nothing in an empty chest. We have seen that they ascribe attributes to the first principle that suppose that they conceive it as a liquor. It is therefore probable that they divested it only of what is gross and sensible in matter. On this basis the disciple of Confucius would have understood by nihil (“nothing”) that which has no existence, and his adversaries would have understood by the same word that which has no properties of sensible matter. I believe that they understood by that word something very much like what modern thinkers understand by the term “space”; the modern thinkers, I say, who, not wishing to be either Cartesians or Aristotelians, maintain that space is distinct from bodies and that its indivisible, impalpable, impenetrable, immobile, and infinite extension is something real. The disciple of Confucius could have proven easily that such a thing cannot be the first principle if it be otherwise destitute of activity, as the contemplative Chinese claim. An extension as real as you please cannot serve for the production of any particular being if it is not moved; and if it be supposed that there is no mover, the production of the universe will be equally impossible, whether there be an infinite extension or whether there be nothing; Spinoza would not get into such perplexities since he does not contend for the inaction of the first principle. Abstract extension, which he ascribes to it in general, is only idea of space, properly speaking; but he adds movement to it; and thus the varieties of matter can arise.46

 

Ribas dice que aquí, en la nota B del artículo “Spinoza”, Bayle cita extensamente el Confucius Sinarum Philosophus, de Couplet, en la parte donde se critica la doctrina de “Foé” [Buda]. Por ejemplo: “Dice que no hay nada que buscar, ni nada en que depositar la esperanza, sino la nada y el vacío (vacuum et inane, cum hiu en chino), pues son el primer principio de todas las cosas” (426a).47 De ahí y de las prácticas espirituales recomendadas por los seguidores de Foé, -nos informa Ribas-, se concluya que su doctrina es atea y que enseñan el quietismo, pues afirman como primer principio un vacío, o nada, despojados de toda actividad y de todo pensamiento.48 Ribas repite que, ciertamente, Bayle advierte que Spinoza difiere de tal planteamiento (su “sustancia única” piensa y actúa), y que los confucianos también lo refutaron.49 Reiterando el differendum entre Spinoza y el confucionismo y budismo, nuestro biógrafo del vacío señala que también ha de subrayarse que las diferencias apuntadas por Bayle, a propósito de Spinoza respecto al quietismo oriental, apuntan hacia otra conclusión de gran alcance: el descrédito y la marginación de la vacuidad como prinicipio metafísico: “En efecto, Spinoza difiere –según recuerda Bayle- porque insiste en los atributos de pensamiento, de actividad y de plenitud de la sustancia. De este modo, la vacuidad de los orientales se hace inconcebible al estar asociada a la quietud y a la ausencia de pensamiento, error que ni el mismísimo Spinoza puede compartir de tan ‘absurdo’ como es.”50

 

Según Bayle, Spinoza no se involucra en tales perplejidades, puesto que no propugna la inactividad para su Primer Principio. Wienpahl se desorienta. Parece que no leyó cuidadosamente el texto de Bayle acerca de Spinoza, o si lo leyó, olvidó el contexto polémico en el cual se inscribe. Notemos que Bayle reseña que los filósofos del nihilismo cum hiu (“vacuum et inane”), eran ciertos discípulos de Confucio. Hay ahí un sincretismo religioso-filosófico, confuciano-taoísta-budista. La reconceptuación crítica de Bayle de lo que el filósofo chino quiso tal vez pensar, o decir, con su noción de “nada”, se aproxima bastante al concepto budista mahayánico de pratityatsamutpada: “originación dependiente”, o (traducido menos literal pero más filosóficamente): “relacionalidad universal”.

 

Parece que, sin percatarse, Bayle retraduce shunyata por pratityasamutpada: la insustancialidad, o inesencialidad, de los seres consiste en su recíproca y total interdependencia. Al menos así lo pensó Nagarjuna, sabio budista, fundador de la escuela madhyamaka, del Mahayana. Bayle alude a unos pensadores modernos que ni desean considerarse aristotélicos ni cartesianos. ¿Acaso habrán sido éstos espinozistas? Según Spinoza, crítico del cartesianismo, el espacio es uno de los infinitos atributos de la Substancia Divina. Pero esto no nos autoriza a desmentir el juicio de Bayle de que la substantia espinozista sea actividad, en vez de quietud nihilista. Para algunos budistas, el Nirvana es como el espacio, mas no es éste. Los cartesianos definían la materia como extensión, o espacio. Un erudito budista zen, Daisetz Teitaro Suzuki, consideraría la interpretación de Wienpahl como la de un observador no-crítico al estilo de Edwin Oldfather Reischauer:

 

En ocasiones se afirma que el Zen es “mente del espíritu y flujo de sueños inactivos”. Esto afirma Griffis, el conocido autor del libro “Las Religiones del Japón”. Yo no sé qué es lo que él entiende propiamente por “muerte del espíritu”. Quizás piensa él que el Zen mata la actividad del espíritu, al limitar el espíritu de una persona a un objeto o sumirlo en el sueño. Reischauer, enuna obra “Estudios sobre el Budismo en el Japón”, aprueba en general esta opinión de Griffis y afirma que el Zen es “autosugestión mística”. ¿Mantiene la opinión de que el Zen está envenenado por la llamada “Mismidad Superior”, algo similar a como Spinoza fue extasiado por Dios? Aunque Reischauer, en relación al concepto “autodelirio”, no se expresa con toda claridad, parece creer que el Zen se halla lleno indebidamente del pensamiento de una mismidad superior como última realidad en este mundo de los objetos particulares o individuos. Resulta francamente sorprendente contemplar qué superficialmente juzgan al Zen una serie de observadores, no críticos.51

 

Cuando Spinoza escribía “Deus sive Natura”, pensaba implícitamente las connotaciones de la conjunción disyuntiva inclusiva “sive”, la cual se compone del adverbio condicional “si” y del apócope del verbo “velle”, querer.52 Es decir, que el filósofo sefardita quería decir: Dios, o si se quiere, Naturaleza. De haber alguna analogía verosímil con el anticoncepto budista de shunyata, se habría de pensar en la condicionalidad y la voluntad, connotados en la conjunción disyuntiva inclusiva sive e implicados en la enseñaza budista de las Cuatro Nobles Verdades y en la del Surgimiento Condicionado. Pero tampoco Nagarjuna, el paladín del shunyavada, nos permite semejante paralelismo. En efecto, la estrofa segunda de sus Setenta estrofas de la vaciedad establece inequívocamente que:

 

No existe sustancia

no existe no-sustancia;

por no existir ni sustancia ni no-sustancia

no existe en absoluto

nada designable por palabras

todas las cosas designables por palabras,

son vacías de ser propio.53

 

La vaciedad, o vacuidad, es una metáfora, un medio hábil, tan vacío ontológicamente como su sentido lo connota. En sus Fundamentos de la vía media, Nagarjuna expone la clave hermenéutica de su dialéctica de la vaciedad, diciendo: “Si hubiera algo no vacío, entonces habría algo llamado vacío. Sin embargo y puesto que no hay nada que sea no vacío, ¿cómo haber algo vacío? Los victoriosos han anunciado que la vacuidad es el abandono de todas las conjeturas. Aquellos que caen presos de la conjetura de la vacuidad [y se obsesionan con ella], ésos son incurables” (13.7).54

 

         Mas preguntémonos cuál es la autoría de semejante interpretación, reseñada por Bayle, de la substancia spinozista como vaciedad. La respuesta parace ser ésta: el jesuitismo. Jean Lacouture apunta que Matteo Ricci fue el primer misionero jesuita en enseñar el cristianismo a la élite imperial en Pekín, habiendo adoptado el estilo de vida de un mandarín confucionista:

 

E incluso cuando intenta encontrar a Dios ya no en el Shang-di, sino en el Tien-zhu (señor del cielo), como hace en su tratado más teórico, El verdadero sentido de la doctrina del señor del cielo, o como lo hacen otros, en el de Li, principio organizador, Matteo Ricci no puede evidentemente hacer, a partir de una sociedad y de un pensamiento impermeables a la distinción entre el espíritu y la materia, entre el alma y el cuerpo, entre la eternidad y la nada, y rigurosamente reacio a la idea de pecado, que nazca un cristianismo, aunque sea bastardo.55

 

Antes de su éxito como sabio confucionista, M. Ricci vistió a la usanza de los bonzos, o monjes budistas. No obstsante, fracasó en sus intentos de acceder a la élite intelectual y política de China. Entre el budismo y el catolicismo había incompatilibidad, debido a que el dogma de un único Dios Creador, Ens Realissimum, (para Spinoza: Deus sive Substantia), se constituye en la antítesis de la doctrina budista de anatman, o shunyata, imposibilitando cualquier compromiso, o concordia, entre ambas religiones. El confucionismo rivalizaba contra el budismo, a persar del histórico sincretismo entre ambas religiones. Ricci aprovechó estratégicamente esta rivalidad para ladearse al bando confucionista y abonar razones para la credibilidad del cristianismo entre los mandarines. Ricci, con el casuismo propio del jesuitismo, sería un posible antecedente de la autoría de un sincretismo confuciano-zenista-spinozista. J. Lacouture añade:

 

Pero para destacar la grandeza del intento de Matteo Ricci, no tan absurdo que no haya movilizado para prolongados debates a tan grandes espíritus como Malebranche y Leibniz y suscitado innumerables aproximaciones a ese Spinoza “que hace del universo Dios”, no eludiremos citar el paralelo establecido por Henri Bernard-Maitre entre el movimiento antitético del que Montaigne era entonces, en la Europa cristiana, el promotor más diligente; mientras que el autor de los Ensayos tendía a laicizar la moral confundiéndola con un penetrante análisis del corazón humano, Ricci proponía a la inversa dar por guía al hombre (tanto chino como europeo) no solamente una “conciencia natural” del deber, sino la referencia a un más allá que se imponía rigurosamente a la creencia.56

 

Según Lacouture informa, el Rvdo. P. Bernard-Maître logró identificar uno de los libros que Francisco Javier consideraba “necesario llevar a China”, a saber: Suma de doctrina christiana en que se contiene todo lo principal y necessario que el hombre christiano debe saber y obrar, de Constantino Ponce de la Fuente, un canónigo de Sevilla, condenado, en 1543 por la Inquisición, por “luteranismo”, “silencios inquietantes” acerca de la obediencia al Papa, la intercesión de la Virgen, y por su insistencia en resaltar la vida interior más que el ritualismo.57 Sospechoso de quietismo. El comentario de Bernard-Maître acerca de la estrategia misionera del jesuita Javier revela el casuismo en acción allende el confesionario: “Javier mostraba qué conciencia había adquirido de las necesidades de aquellos que vendrían al cristianismo de un medio en el que reinaba la influencia del budismo; testimoniaba con ello una amplitud de espíritu que no debían compartir todos los continuadores de su apostolado.”58 Esta atribución de amplitud de espíritu es una exageración, y en el grado en que, históricamente, Javier la practicó, siempre estuvo interesada en la conversión al cristianismo y no en un ecumenismo religioso, que respetase la individualidad de cada credo. Se trata de convertirlos a través de un catolicismo afín con el budismo o el confucionismo, aunque herético desde la perspectiva papal, para luego reconducirlos a la ortodoxia, de un modo u otro, una vez convertidos. Además, Ricci, continuador del apostolado de Javier, mostró semejante conciencia y “amplitud de espíritu”, o casuismo, como misionero en China. De acuerdo con Ribas, la contribución oriental a la cosmología infinitista y vacuista occidental, puede rastrearse en los primeros contactos misioneros católicos, y así Ricci, fundador de la primera misión en China, ya en 1595 da cuenta de las principales opiniones científicas y cosmológicas de los chinos, las cuales, aunque las consideraba “absurdidades”, refiere, entre otras, éstas: “[2] Que hay un solo cielo (en lugar de diez). Que es vacío (en lugar de sólido). Que las estrellas se mueven en ese vacío (en lugar de estar fijadas al firmamento). [3] Como no conocen lo que es e aire, donde nosotros decimos que hay aire (entre las esferas) ellos afirman que es vacío.” 59 Según el “Dialogue of Christianity with Cultures in China of Yesterday and Today”, de Matthias Lu: “Spinoza's theory ‘Deus Sive Natura,’ equating God with Nature, sounds like a dictionary explanation of the Confucian usage which, at both the Academic and popular level, uses ‘Heaven-made’ and ‘Nature-produced’ interchangeably.”60 Donald F. Lach nos informa que:

 

Pascal believed that the Chinese were God-fearing people whose religious beliefs could be understood only allegorically. In the Pensées (1670) he wrote: “China obscures, but there is clearness to be found; seek it.” Pierre Bayle suggested that Spinoza's pantheism owed a debt to Confucian concepts of God. But Bayle, while praising the tolerance of China, like many other rationalists unhesitatingly branded the Chinese as atheists, and his opinion was to have influence well into the eighteenth century. 61

 

Pocas líneas después añade que: “Malebranche, the Oratorian philosopher, in his Conversation between a Christian Philosopher and a Chinese Philosopher on the Existence of God (1708) tried to refute the Chinese idea that matter is eternal. He, like Bayle, saw points of similarity between Spinoza's philosophy and Chinese thought.”62

 

 

La problemática a partir de Ricci: Spinoza, Budismo Chino, Confucio

 

Jesuitas como Ricci, para predicar el cristianismo a letrados chinos, adoptaron una estrategia misionera parecida a la de San Pablo, cuando, habiendo visto un monumento dedicado al Dios Desconocido, aprovechó dicha inscripción para alegar, ante los areopaguitas, que ese Deus Ignotus era su Dios cristiano, del cual él era su mensajero. El casuismo jesuita, en vista de evangelizar a letrados confucianos, propugnó recurrir a las creencias ancestrales de éstos. Un examen crítico-histórico de las estrategias contrarreformistas jesuitas de cristianización en China ha dado fundamento para que Lionel M. Jensen, en su Manufacturing Confucianism: Chinese Traditions and Universal Civilization (Durham, N.C.: Duke University Press. 1997, pp. xv, 444), haya puesto en duda la existencia factual e histórica de Confucio.63 Ribas redenomina esta estrategia misionera como la corriente “concordista”; nosotros la redenominamos alternativamente “conceptista”. El modus operandi jesuítico-misionero en China corrobora de cierto modo que el arte de ingenio es una agudeza, o sutileza, del arte de prudencia como Razón de Estado. En 1700, Leibniz alaba, en el Discours sur la théologie naturelle des Chinois (L’Herme, París, 1987), la previsión de Ricci, un gran hombre, por seguir el ejemplo de los Padres de la Iglesia, quienes interpretaron a Platón y otros filósofos, de un modo cristiano. Ese filósofo racionalista cartesiano fue un ferviente admirador de la alta cultura china, según la presentaban los informes de la intelligentsia jesuita.

 

Jonathan D. Spence, al reseñar las notas de Charles Louis de Secondat Montesquieu (1689-1755) acerca de su entrevista con un erudito chino, de nombre Hoange, señala que: “Los eruditos chinos hacían sacrificios en honor de sus ancestros, pues creían que el vapor emanado del sacrificio se mezclaba felizmente con el vapor del espíritu. Eran de doctrina atea o spinozista en lo tocante a la contemplación del cielo como el alma del mundo.”64 Notemos la asociación de los ritos confucionistas de los ancestros, con el presunto ateísmo espinozista. Se usó tanto el mote de “ateo”, contra Spinoza, que su nombre mismo, o el adjetivo “espinozista”, se convirtió en sinónimo de “ateo”. Hasta el mismo Voltaire declara que Spinoza era no”).65 En efecto, François Marie Arouet Voltaire, en su Diccionario filosófico, bajo “Ateo”, se refiere al presunto “ateísmo” chino:

 

Es posible que no se enseñe el ateísmo en las escuelas de los hombres de letras de China, pero es cierto, sin embargo, que muchos de sus hombres de letras son ateos, pero es porque sólo son filósofos a medias; y aunque lo sean, es indudable que es preferible vivir con ellos en Pekín, disfrutando de la benignidad de sus costumbres y de sus leyes, a vivir en Goa, expuestos a pasar los días encadenados en las prisinones de la Inquisición y salir sólo de ellas disfrazados con una hopa llena de azufre y sembrada de diablos para ir a morir abrasados en las llamas de las hogueras.66

 

Aunque Voltaire no es ateo, no obstante preferiría serlo al estilo chino, antes que ser un católico, sujeto a la jurisdicción del Santo Oficio. Goa fue una colonia comercial portuguesa en la India, y el jesuita Baltasar Gracián, teórico del conceptismo, hace que Critilo y Felisinda, en El Criticón, vivan, se conozcan y enamoren primeramente en Goa. En ciertas palabras del jesuita aragonés, nos parece que se trasluce un vistazo a una concepción oriental de la felicidad. Según Evaristo Correa Calderón, los siguientes personajes fueron historiadores italianos del siglo XVII: Vittorio Siri y Giovanni Battista Birago, dedicados a relatar hechos de su tiempo en libros, encabezados con el título de Mercurio.67 Gracián considera a Siri un historiador político a lo Tácito.68 En El Criticón, Gracián escribe:

 

         Pero tomó la mano el Siri, intimando la atención, para echar el bollo a la controversia:

         --Grandemente –dijo—os ha contentado este montón quimérico de gustos, este agregado fantástico de bienes, pero advertid que es tan fácil de imaginar cuan imposible de conseguir; porque ¿cuál de los mortales pudo jamás llegar a esta felicidad soñada? Rico fue Creso, pero no sabio; sabio fue Diógenes, pero no rico. ¿Quién lo obtuvo todo? Mas doy que lo consiga: el día que no tenga que desear ha de ser ya infeliz. Y que también hay desdichados de dichosos: suspiran y asquean algunos de hartos, y les va mal porque les va bien. Después de haberse enseñoreado Alejandro de este mundo, suspiraba por los imaginarios que oyó quimerear a un filósofo. Con más facilidad querría yo la felicidad, y así me calzo la opinión del revés y afirmo todo lo contrario. Estoy tan lejos de decir que consista la felicidad en tenerlo todo, que antes digo que en tener nada, desear nada y despreciarlo todo; y ésta es la única felicidad, con facilidad la de los discretos y sabios. El que más cosas tiene, de más depende, y es más infeliz el que de más cosas necesita, así como el enfermo más cosas ha menester que el sano. No consiste el remedio del hidrópico en añadir de agua, sino en quitar la sed; lo mismo digo del ambicioso y del avaro. El que se contenta consigo solo, es cuerdo y es dichoso. ¿Para qué la taza, donde hay mano con que beber? El que encarcelare su apetito entre un pedazo de pan y un poco de agua, trate de competir de dichoso con el mismo Jove, dice Séneca. Y sello mi voto diciendo que la verdadera felicidad no consiste en tenerlo todo, sino en desear nada (crisi nona: “Felisinda descubierta”).69

 

Habría que investigar en cuál de los Mercurios, Siri ha escrito algo semejante a esa opinión acerca de la felicidad. Lo de para qué la taza, donde hay mano con que beber, se refiere a una anécdota del cínico Diógenes de Sinope. Aunque el conceptista aragonés parece retrotraer ese parecer eudemonológico de Siri hasta la Secta del Perro y el estoicismo de Séneca, no obstante aquel pensamiento acerca de la felicidad consistente “en tener nada, desear nada y despreciarlo todo” guarda cierta correspondencia con el ideal eudemónico del presunto quietismo nihilista propio del budismo reseñado por misioneros católicos. Según Severio Asnaldi, para Carl Gebhardt, la coincidencia de Spinosa con el barroco no sólo consiste, primero, en la inserción temporal ya aludida en el siglo XVII, sino también en la utilización que hace de las tres categorías básicas del barroco, modulaciones del tema clave del infinito: la liberación de la forma, la substancialidad y la idea de potencia.70  S. Ansaldi conecta en otro sentido a Espinosa y el barroco, más en concreto con los pensadores barrocos españoles, especialmente Quevedo y Gracián, y su libro compara estos autores respecto de tres nociones claves: infinito, deseo y multitud, es decir, el nivel ontológico, el nivel antropológico y el nivel político.71 Friedrich Nietzsche, quien halló jubiloso en Spinoza, un alter ego, anota en sus fragmentos póstumos: “NB. Las religiones se hunden por la fe en la moral. El Dios moral cristiano no es sostenible. En consecuencia, «ateísmo»-como si no pudiera haber ningún otro tipo de Dioses. La cultura se hunde igualmente por la fe en la moral: pues cuando se han descubierto las condiciones necesarias bajo las cuales puede únicamente desarrollarse, ya no se quiere más: budismo” (2 [107]). Se ha documentado bastante la influencia del conceptismo de Gracián en la filosofía de Nietzsche, a través de Arthur Schopenhauer.72

 

         En el Tratado de la tolerancia, de Voltaire, hay una “Relación de una disputa de contraversia en la China” (XIX): un mandarín de Cantón, durante el reinado del emperador Kang-Hi, presenció la disputa entre un jesuita, un danés y un holandés, la cual difícilmente apaciguó y luego sentenció: “Si queréis que se tolere aquí vuestra doctrina, empezad vosotros por no ser intolerantes ni intolerables.”73  Bajo “Fanatismo”, Voltaire aduce que no ha habido más que una sola religión en el Mundo que no haya sido manchada por el fanatismo, y que ésta es la de los letrados de la China: “Las sectas de filósofos no solamente estaban exentas de esta peste, sino que incluso eran el remedio contra ella, y ello por cuanto el efecto de la filosofía es precisamente volver tranquila el alma, y el fanatismo es incompatible con esta tranquilidad.”74 Para Voltaire, recriminar a los chinos de “ateos” equivale a un prejuicio:

 

Se ha criticado con fuerza, en el Ensayo sobre las costumbres..., etc., la temeridad que hemos tenido, en un confín de occidente, al querer juzgar a esta corte oriental, y al atribuirle el ateísmo. ¿Por qué furor, en efecto, han podido algunos de nosotros llamar ateo a un imperio en el cual casi todas las leyes están basadas en el conocimiento de un Ser supremo, remunerador y vengador? Las inscripciones de sus templos, de las que tenemos copias auténticas, dicen: “Al primer principio, sin comienzo ni fin. Todo lo ha hecho, lo gobierna todo. Es infinitamente bueno, infinitamente justo; él ilumina, sostiene y regula toda la naturaleza.”75

 

Ese Primer Principio, sin comienzo ni fin, es el “Dios del Universo”, el “Chang-ti”, el “Tien”, el “Príncipe de todas las cosas”, –como lo redenomina Voltaire (Filosofía de la historia, XVIII: “De la China”). Voltaire apunta en nota al calce que basta con ver las estampas grabadas en la colección del jesuita Jean Baptiste Du Halde (1674-1743).76 Voltaire nos informa que: “Algunos escritores de Europa que jamás habían estado en China peretendían que el gobierno de Pekín era ateo.”77 El ilustrado francés nos informa que el célebre leibniciano Christian Wolff (1679-1754), profesor de matemáticas en la Universidad de Halle, pronunció cierto día un hermosísimo discurso en alabanza de la filosofía china, elogiando, entre otras cosas, su manera de razonar, y que alabó a los chinos en el adorar a un Dios supremo y en amar la virtud, etc. Pocas líneas después, Voltaire continúa diciendo que Joaquín Lange (1670-1744), gramático alemán y profesor de teología, razonaba del siguiente modo: “Wolff había alabado los filósofos de Pekín; luego Wolff era ateo”. Voltaire juzgó sutilmente las motivaciones del objetante: “la envidia y el odio jamás hacen mejores silogismos” (‘De la China’).78 Ribas nos informa del decreto papal de 1704 que condenó el uso de dos términos que, desde Ricci en adelante, venían siendo habituales para designar a Dios, términos de profunda raigambre en los textos clásicos chinos: Tian (“Cielo”) y Shangdi (“Soberano de Arriba”): “El texto de 1704 autoriza sólo el término Tianzhu (Señor del Cielo) para referirse a Dios, entendiendo que los primeros ‘dan ocasión a los paganos a pensar que el Dios de los cristianos no se distingue del cielo material o de la virtud ahí contenida’.”79 Es decir, para erradicar cualquier viso panteísta. Voltaire, para defender a los chinos del mote de “ateísmo”, hasta sale en auxilio de los jesuitas, criticados por su inculturación chinesca: “Se ha reprochado en Europa, a los jesuitas a quienes no se quería, que adularan a los ateos de la China.”80 Cita el caso de un eclesiástico francés, llamado Maigrot, quien, a pesar de que no sabía una palabra de chino, no obstante trató a Confucio de ateo, porque este gran hombre dijo: “El cielo me ha dado la virtud, el hombre no puede dañarme.”81 Voltaire reacciona en el sentido de que ni siquiera el mayor de nuestros santos nunca ha dado una máxima más celestial, y concluye que si Confucio era ateo, entonces, Catón y Del’Hospital también eran ateos.82 Voltaire exclama:

 

¿Por qué fatalidad, vergonzosa quizá para los pueblos occidentales, es preciso ir al fondo del Oriente para encontrar un sabio simple, sin fasto, sin impostura, que enseñaba a los hombres a vivir felices seiscientos años antes de nuestra era vulgar, en un tiempo en que todo el Septentrión ignoraba el uso de las letras y cuando los griegos empezaban apenas a distinguirse por su sabiduría? Este sabio es Confucio, que, siendo legislador, no quiso jamás engañar a los hombres.83

 

Blaise Pascal, en la quinta de sus Cartas provinciales, denuncia el compartamiento complaciente y acomodaticio que el casuismo jesuita fomentaba para tender los brazos a todo el mundo, o hacer ejercer el peso de su mano. Vale la pena citar al jansenista, al respecto:

 

Así las tienen para toda clase de personas y responden tan bien, de acuerdo con lo que se les pregunta, que cuando se encuentran en países en que se considera locura un Dios crucificado, suprimen el escándalo de la cruz y sólo predican un Jesucristo glorioso, y no un Jesucristo sufriente: como han hecho en las Indias y en la China, donde han permitido a los cristianos la idolatría misma por medio de esa sutil invención de hacerles ocultar bajo sus vestidos una imagen de Jesucristo, a la que les enseñan a aplicar mentalmente las adoraciones públicas que rinden al ídolo Chacim-Choam y a su Keum-fucum, como Gravina, dominico, se lo reprocha, y como da testimonio la memoria, en español, presentada al rey de España Felipe IV por los dominicos de las islas Filipinas, citada por Tomás Hurtado en su libro del Martirio de la Fe, p. 427.84

 

El traductor de este pasaje anota que “Chacim-Choam” sea probablemente Conchinchina, y que “Keum-fucum”, Confucio.85 Hubo argumentos jesuitas en el sentido de que ciertos nombres chinos podrían usarse para designar al Dios cristiano, que las ceremonias confucianas eran sólo ritos civiles a los cuales los cristianos podían asistir, y que la veneración china de los ancestros era compatible con el catolicismo. Pero en 1715, el Papa Clemente XI condenó estos puntos. El emperador Kangxi no se contentó con el decreto papal y prohibió las misiones cristianas en China.86 Ilustrados como Voltaire estaban al tanto de estos acontecimientos.

De regreso al imputado ateísmo chino, Voltaire defiende a Bayle, diciendo: “Repitamos aquí, para hacer sonrojar a la calumnia, que los mismos hombres que sostenían contra Bayle que una sociedad de ateos era imposible afirmaban al mismo tiempo que el más antiguo gobierno de la tierra era una sociedad de ateos. Nunca podremos avergonzarnos demasiado de nuestras contradicciones.”87 Voltaire continúa reiterando: “Repitamos una vez más que los letrados chinos, adoradores de un solo Dios, abandonaron al pueblo a las supersticiones de los bonzos. Recibieron a la secta de Loakium, y la de Fo, y varias otras. Los magistrados sintieron que el pueblo podía tener religiones distintas de la del Estado, tal como tiene una alimentación más grosera: soportaron a los bonzos y los contuvieron. En casi todos los demás sitios, los que tenían el oficio de bonzos poseían la autoridad principal.”88 Bonzos eran los monjes budistas, y Fo, el nombre chino correspondiente a Buda. De acuerdo con el contertulio volteriano Ku, la secta de Laokium dice que no hay ni justo ni injusto, ni vicio ni virtud (“Catecismo chino”).89 La identidad de Laokium hay q