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Konvergencias, Filosofía y Culturas en Diálogo. ISSN 1669-9092 |
Número 7
Año III Agosto/Septiembre 2004 |
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EL ISLAM Y ESPAÑA: PUENTE PARA EL TRASVASE DE LA CULTURA Nieves Soriano Nieto (España) |
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Abstract Esta época, en la que las relaciones con el
Oriente árabe son próximas y evidentes, resulta necesario conocer cuáles
fueron los entresijos de la historia del al-Andalus en la península Ibérica,
para poder llegar a interpretar y valorar adecuadamente cuáles son nuestras
raíces, y cuán próximos estamos, en muchos de nuestros conocimientos, a
aquellos que se constituyeron como el legado andalusí. Así, en este texto,
una visión del al-Andalus a partir de la historia del islam en aquella época,
y una visión de esa cultura como el puente que permitía la transmisión de la
cultura del Oriente musulmán, al Occidente europeo. 1.
Introducción El
islam en España. Cuando la cuestión es ponerse al frente de considerar cuáles
fueron las causas, las consecuencias y cómo fue el transcurrir histórico del
al-Andalus en la península Ibérica, se puede observar que han sido diversas
las teorías históricas que la interpretan. Fundamentalmente, se ha seguido la
línea de dos interpretaciones que se han constituido como los dos troncos
principales de postura frente a la cuestión del islam en España. Dos maneras
de mirar intrínsecamente contrapuestas, que definen tras de sí una ideología
muy marcada, la del intérprete. En
primer lugar podemos aludir a la expuesta por Claudio Sánchez Albornoz en España: ese enigma histórico. Él
propone, de forma general, una interpretación de la historia desde la parte
de los vencedores. Así, la historia quedaría definida por aquellas batallas
de aquellos reyes, por la forma de vida de la clase dominante en cada época
(sean la nobleza y el clero, sea la burguesía), etc. Con ello, y al fin, el
islam en España podría considerarse, mediante la progresiva expansión de la
cristiandad en su Reconquista, el punto de inflexión de la batalla de las
Navas de Tolosa y la definitiva expulsión del reino nazarí de Granada, como
de aquella parte de los vencidos, por lo que el peso del al-Andalus en la
historia española no sería tan decisivo como el de la cristiandad. En
segundo lugar cabe destacar la figura de Américo Castro, quien considera que
las tres religiones-civilizaciones-culturas relevantes en la historia de la
península fueron la islámica, la hebrea y la cristiano-castellana. Él se
centra en sus estudios principalmente en la hebrea, con figuras importantes
como Maimónides o Dom Sem Tob, dejando abierta la línea de investigación
histórica sobre la cristiano-castellana, que ha ido siendo bastante
documentada con el paso del tiempo, y sobre la islámica. En esta línea se ha
centrado la investigación de Juan Goytisolo sobre la historia del islam en
España, y de Juan Vernet sobre la cultura oriental-islámica en el al-Andalus. Aquí,
en la medida en que éste es un discurrir de un sujeto con su punto de vista,
se va a optar por la proposición de investigación realizada por Américo
Castro, en la medida en que es una propuesta más englobadora, más
globalizada, que tiene que ver con la realidad objetiva de lo que ocurre, ya
que la realidad es un sistema complejo. Y, en la medida en que el discurso
marxista sobre la historia ha marcado un hito en la concepción de la misma,
se va a considerar el dejar a un lado la historia vista tan sólo desde el
punto de vista de los vencedores. Teniendo en cuenta que este discurso va a
tratar fundamentalmente de la cultura islámica, como fuente de inspiración y
de conocimiento científico, tanto oriental como de la Antigüedad griega, en
la España cristiana, desde las primeras traducciones de textos en árabe que
se realizaron hasta la Escuela de Traductores de Toledo, vamos a tratar de
dibujar ese al-Andalus no como una fuerza militar potente, a pesar de que lo
fuera en la Córdoba de Abd al-Rahman III y Almanzor, sino como un puente que
sirvió como trasvase de la cultura oriental y griega al Occidente latino, a
través de esas traducciones que ya se han apuntado, y que se irán detallando
en páginas sucesivas. Para ello hemos hecho uso fundamentalmente de las tesis
de Juan Vernet en sus impactantes estudios, que minuciosamente han dibujado
cómo fue aquel ambiente de sabiduría. 2.
Breve historia de la España musulmana Resulta
necesario dar unas pinceladas sobre qué fue la historia islámica en España, a
nivel general, para poder llegar a entender el porqué de ese trasvase de
ideas desde Oriente a Occidente a través de la península. Sencillo
es plantear la historia del islam en España comenzando por la llegada de Abd
al-Rahman a la península en el 756, y la fundación de la Córdoba islámica en
el 757, pero las cosas en la historia no fueron tan sencillas. Antes de que
Abd al-Rahman I llegara a España, y se nombrara como califa de los
territorios de la península que se irían instituyendo como árabes, ya había
habido varios desembarcos de musulmanes en tierras españolas. Es necesario
tener en cuenta que, antes de que llegara Abd al-Rahman I a la península, el
imperio islámico que dominaba los territorios de Siria, Palestina, Iraq,
Bujara, Samarcanda, la península de Arabia, el norte de África (desde Egipto
hasta, más tarde, Marruecos)... era el imperio omeya, formado a raíz de la
muerte de Mahoma, y durante el reinado del segundo califa, Umar b. al-Jattab,
cuando resultó necesaria la conquista de nuevos territorios ante la paz
pactada entre los propios musulmanes, una vez muerto el profeta y desatadas
las divergencias de opiniones sobre los futuros mandatos (1), paz que llevaba
a no romper el precepto de no atacarse entre los islámicos. Resultó que una
de las formas de subsistencia fundamentales dentro de las costumbres de las
tribus que habitaban la península de Arabia era la de las ghazu o incursiones. En la medida en
que el pacto de paz obligaba a no atacar a los propios musulmanes, se hizo
necesaria la conquista de otros territorios en los que poder llevar a cabo
las ghazu. Territorios que, ante la
ventaja de la forma musulmana de apropiarse de territorios (2), se hicieron
fácilmente musulmanes. Después del reinado de los cuatro califas, y con la
polémica desatada con el cuarto, Alí, el cual no fue aceptado por todos los
miembros de la comunidad musulmana (3), Muawiya, encabezando a la oposición,
se hizo con el poder en Siria y se proclamó califa de la familia de los
omeyas, creando un imperio unificado. Por
lo que a la península respecta, todavía no se había llegado a ella. Primero
fue necesario acabar de conquistar los territorios del Magreb, tarea que se
completó en el año 710 aproximadamente, consiguiendo reunir en el seno omeya
a los bereberes habitantes de las tierras magrebíes. La península ibérica
resultó ser una tierra objetivo de las conquistas del imperio islámico en dos
sentidos: 1.
En primer lugar, resultaba una tarea relativamente sencilla para las formas
de conquista de los musulmanes, en la medida en que, hablando ya de la
heterogeneidad hispana, los habitantes de la península no eran ni mucho menos
un todo organizado, sino que se trataba de pequeñas civilizaciones reunidas
en un espacio geográfico común. Así, es posible que conveniese económicamente
a los habitantes el estar bajo el gobierno de algún imperio centralizado. 2.
En segundo lugar, el hecho de adentrarse en territorios de la península
podría permitir, en un futuro, acceder al Occidente europeo, tarea que
resultó descartada con el intento fracasado de incursión en el imperio
Bizantino por su parte más oriental. Así,
se realizó un primer desembarco en la península de cuatrocientos hombres a
cargo de Tarif. Dado que esta misión tuvo éxito, y dado que para poder
avanzar en tierras de la península era necesario, en primer lugar, un número
de habitantes musulmanes mínimo, se realizó un segundo desembarco en Calpe
con siete mil hombres al cargo de Tariq, que fueron estableciéndose, junto a
los nuevos que llegaban desde la parte más oriental del imperio Omeya, en
Córdoba, Toledo, Sevilla, Mérida, Zaragoza, el valle del Ebro, Pamplona, Tarragona,
Barcelona, Gerona, Narvona, Murcia... A
causa de las formas de conquista de los musulmanes, ya apuntadas
anteriormente, se iban consiguiendo habitantes no sólo de esos islámicos que
llegaban desde las partes orientales del imperio, sino dentro de los antiguos
habitantes de las regiones a las que se llegaba. Unos se convertían al islam
completamente, quedando exentos de los impuestos extras por no ser
musulmanes, y tan sólo teniendo que pagar los que establecía el Corán, y otros decidían continuar con
la religión cristiana, pagando esos impuestos extra. Estos últimos eran los
mozárabes. Estas
conquistas se iban realizando durante los últimos años del imperio Omeya.
Éste siempre basó su política de gobierno a base de privilegios. Esto es, los
habitantes pertenecientes a las castas de los árabes originarios de las
tribus recopiladas por Mahoma, o los habitantes descendientes directamente de
ellas, disfrutaban de unos privilegios que ningún otro habitante, ni aunque
se convirtiese al islam, conseguía. Privilegios no sólo ya del tipo
económico, de pago de impuestos, cosa que se hace evidente al hablar de
privilegios en la historia, sino de oportunidad de acceso a los cargos de
poder de la administración tan compleja que llevaron a cabo los omeyas, y que
aquí no va a desarrollarse. A esta situación de privilegios se unió el hecho
de que una nueva clase social, los mawali
(4), que no tenían ascendencia de una tribu árabe, y que se componía de
obreros, artesanos, tenderos, mercaderes..., había crecido en número y en
riqueza, sobrepasando el número de aquellas clases privilegiadas,
descendientes de tribus árabes, y que, como ya se ha señalado, sí podían
optar a un poder político relativo. Los componentes de esta nueva clase
social fueron hallando la expresión de sus pasiones de cambio y revolución en
las facciones del islam más radicales, sean los chiíes, pero, sobre todo, los
jariyíes. Esta situación fue aprovechada por los hasimíes para dar el golpe
de Estado, proclamándose, entonces, el impero islámico como Abbasí. Es
en esta coyuntura en la que Abd al-Rahman I, joven príncipe omeya, escapó de
la matanza abbasí, huyendo hacia la península Ibérica, desembarcando en
Almuñécar el el 755, y proclamándose emir de las tierras del al-Andalus ya
adquiridas por sus predecesores, en el 756, estableciendo la capital en
Córdoba. El
emirato omeya de Córdoba se encontró con problemas desde su principio,
problemas heredados ya de las conquistas realizadas por los musulmanes antes
de la fundación del emirato. Por un lado, la España que no había sido
conquistada por el islam, que hasta ese momento no había tenido identidad
única, debido a la citada heterogeneidad hispana de la época, comienza a
sufrir una metamorfosis. Es el momento en el que se empieza a establecer la
definición de una identidad, identidad establecida “en contra”, la de la
cristiandad. Así, la finalidad de esa nueva identidad común comienza a ser la
de recuperar las tierras de la península perdidas en manos de los musulmanes,
y se empieza a llevar a cabo, poco a poco, la Reconquista. Por ello, el
emirato omeya de Córdoba encontró las llamadas “Marcas”, que eran las zonas
geográficas de circunscripción fronteriza del emirato omeya, como lugar de
conflicto constante con aquellos recién definidos cristianos. Para la
conservación de esa circunscripción fronteriza, era necesario un sistema de
defensa complejo, que pudiera frenar los ataques de la cristiandad. En este
sentido, la época del emirato omeya de Córdoba fue una de las que más cultivó
el ámbito militar dentro de la España musulmana. Se construían castillos
sobre lugares de difícil acceso, los llamados qal‘a, dentro de los cuales se instituía un pueblo con sus
habitantes. Además, se cultivó un sistema militar complejo, sobre todo en la
época de Abd al-Rahman III, época en la que se conquistaron nuevos
territorios, y en la que se fue incluso ganando terreno a los cristianos que
ya tenían su propia identidad. Dentro de este sistema militar estaban los
súbditos, que debían prestar el servicio militar obligatorio, los
voluntarios, que eran reclutados de las expediciones y el ejército de los
mercenarios. El segundo problema al que se enfrentó el emirato omeya de
Córdoba fue el de los bereberes. Es necesario recordar que fueron éstos, que
habitaban las tierras del Magreb, los que realizaron la primera expedición a
la península. Ahora, instaurado el emirato omeya, habían perdido su
importancia en España, pasando a ser dinastías fundamentalmente del norte de
África, y con el deseo y la necesidad de ampliar sus miras, sus territorios,
sobre todo hacia los lugares que habían sido conquistados por ellos. Estas
dinastías serían la almorávide y la almohade, que más tarde pasarían a
hacerse al cargo de la España musulmana. Estos
dos problemas a los que se enfrentó el emirato omeya de Córdoba dieron lugar
al decaimiento del mismo. Por un lado, se necesitaba un sistema militar
numeroso, para aplacar los constantes ataques en las “Marcas”. Por otro lado,
no había suficientes militares. Esto llevó a una situación en la que se tuvo
que recurrir a mercenarios reclutados de entre los bereberes, los cuales,
como ya se ha dicho, seguían pensando que en cierta medida las tierras de la
península eran suyas. Estos bereberes que pasaron a Andalucía acabaron por
convertirse en un partido activo, que terminó por enfrentar a los propios
andaluces. Así, se produjo una sublevación popular, y el emirato omeya de
Córdoba cayó. Esto dio lugar a una fragmentación dentro de la España
musulmana, convirtiéndose en un conjunto de reinos de taifas, constituidos
por zonas de proximidad geográfica, gobierno que duró hasta principios del
siglo XI. Esta fragmentación, que por fuerza conlleva una debilitación de la
unidad del imperio musulmán, resultó muy favorable a dos fuerzas políticas
que habían estado dejando su huella durante el emirato: por un lado, los
cristianos, que comenzaron a avanzar en su Reconquista; por otro lado, la
dinastía almorávide de entre los bereberes, que aprovechó la fragmentación
para, a principios del siglo XI, desembarcar en España, al mando de Yusuf b.
Tasfin, y volver a unificar la España musulmana (5) bajo la dinastía
almorávide. El
principio de la decadencia del islam en España como fuerza militar estaba ya
andado. Después del primer reinado de taifas, de la pérdida de algunas
tierras de manos de los cristianos, que iban adquiriendo una fuerza cada vez
mayor, y de la falta de atención de la dinastía almorávide al ámbito militar,
se podía intuir lo que ocurriría después. Con
todo, resulta curioso cómo la España musulmana tardaría trescientos años más,
aproximadamente, en terminarse definitivamente. Siguiendo la interpretación
de José Luis Villacañas, resulta evidente que, a ciertas alturas de la
Reconquista de los cristianos, una vez ya ganada la batalla de las Navas de
Tolosa en 1212, la conquista definitiva del último reino musulmán, el de
Granada, no se llevó a cabo por cuestiones no de falta de fuerza política,
sino de falta de población para habitar todas las tierras conquistadas. Pero
también existe otro punto de inflexión en estos aspectos, y aquí se sigue la
interpretación de Juan Vernet: uno de los focos de permanencia del islam en
España fue la riqueza cultural que se poseía, riqueza que servía de tránsito
de conocimientos desde Oriente al Occidente latino. Éste es el punto que va a
tratarse en sucesivas líneas. 3.
La cultura hispano-árabe: puente entre Oriente y Occidente Con
el comienzo del emirato omeya de Córdoba, se empiezan a introducir en la
península, tanto a través de los sabios que llegaban, como a través de los
sabios que quedaban en Oriente, ideas y conocimientos que hasta el momento
resultaban desconocidos en la tierras de la península. En esta época llegó a
Córdoba Ziryab, el que introdujo el juego del ajedrez, al-Hawani, dedicado a
la medicina, se introdujeron, como bien nos hace ver Juan Vernet, nuevos
cultivos, los que necesitaban nuevos tipos de técnicas de riego y
aprovechamiento del agua, nuevas técnicas, como la de la pesca de la ballena,
el gusano de seda, el papel... Con la llegada de los abbasíes al poder del
imperio musulmán de Oriente se comienzan a conocer las ciencias de la
Antigüedad (6), realizándose de esos libros traducciones al árabe, que luego
darían lugar, a través de la península, a traducciones al latín de las
mismas. Ciencias de la Antigüedad que ponen la semilla del nacimiento de los
comentarios árabes a aquellos conocimientos, como los de Averroes, Avicena... Un
caso muy notable y curioso de cómo la España musulmana sirvió de trasvase
cultural a Occidente fue el del reloj de sol. Este instrumento, que ha sido
uno de los más antiguos conocidos en la historia, y que los árabes, desde
principios del siglo IX, iban construyendo tanto en Oriente como en la
península Ibérica, había dejado de construirse en el Occidente cristiano. Fue
con la llegada de los musulmanes a la península cuando se reintrodujo en el
mundo cristiano la técnica de construcción del instrumento (7), técnica
consistente en un círculo en cuyo centro hay un clavo perpendicular, que da sombra
una sombra u otra en el círculo, dependiendo del momento del día en que uno
se encuentre. 3.1.
La traducción como posibilidad del trasvase cultural La
labor de traducción en la península ha sido, en esta época histórica que se
trata, la condición que ha posibilitado el trasvase cultural de la ideas de
Oriente al Occidente europeo. No sólo la labor de traducción de los
musulmanes, los que, a través del conocimiento de las obras de la Antigüedad,
vertieron al árabe versiones de las mismas, sino la labor de traducción de
los cristiano-castellanos, que daría lugar, en su período de madurez y
lucidez, a la Escuela de Traductores de Toledo. Traductores que se encargaban
de elaborar en latín los libros o bien de la Antigüedad traducidos al árabe,
o bien de los nuevos conocimientos árabes, sobre todo en las materias de
astronomía y matemática. Y es esta traducción uno de los puntos de inflexión
de la heterogeneidad hispana. Refiriéndose
a la España musulmana, desde el comienzo del emirato omeya de Córdoba la
labor de traducción comenzó a requerir una serie de libros que eran
necesarios al traductor para poder vertir su traducción de manera lo más
correcta y docta posible (8). De esta forma comienzan a surgir las primeras
bibliotecas árabes en la península, bibliotecas que almacenaban todas
aquellas versiones requeridas para la traducción, y los nuevos libros que se
iban traduciendo. Bibliotecas que, como todas las de aquella época, o bien
tenían una financiación privada, o bien procedían pertenecían al emirato,
situadas generalmente, y siguiendo la costumbre de los imperios y la cultura
musulmanes, en las madrasas donde se cultivaban los conocimientos, tanto de
la religión islámica, como de las ciencias y la literatura. De este modo, la
cultura de la España musulmana se fue ampliando. En
el caso de las traducciones al latín, antes del siglo XII y del surgimiento
de la Escuela de Traductores de Toledo, eran fundamentalmente anónimas. A
raíz del surgimiento de esta Escuela fueron muchos y variados los traductores
que llegaron a la península, y que se instalaron en diferentes ciudades de la
misma. Tenemos a Platón de Tívoli en Barcelona, a Hugo de Santallana en
Tarazona, a Gerardo de Cremona en Toledo... Veamos, pues, en los puntos
sucesivos, ciertos aspectos de las ciencias que adquirieron especial
importancia en la época musulmana de la península. 3.2.
La matemática El
caso de la matemática, en el cual puede incluirse, por ende, la astronomía de
la época es en el que más desarrollo y aportaciones puede observarse de la
cultura musulmana. Adelardo
de Bath realizó la primera traducción al latín de los Elementos de Euclides, basada en la realizada por al-Hayyay Yusuf
b. Matar. La segunda fue hecha por Hermann de Carintia, y la tercera por
Gerardo de Cremona, basada en la de Ishaq b. Hunayn y Tabit b. Qurra. En
Occidente se venían utilizando los Elementos
de Euclides como algo subordinado a la filosofía, mientras que en el mundo
islámico se estudiaron y trataron minuciosamente para avanzar en el campo de
las ciencias. Tal es así, que los sabios musulmanes llevaban planteándose el
problema en torno a la demostración del V postulado (9) de los Elementos, antes de que en el
Occidente cristiano comenzara a plantearse ese problema. Ibn al-Haytam y
Tabit b. Qurra realizaron unos comentarios a los Elementos, sacando conclusiones que fueron posteriormente
utilizadas por Levi ben Gerson en sus comentarios a la obra. Una
de las mayores originalidades que los musulmanes introdujeron en la cultura
occidental fue el álgebra, insertada a raíz de la traducción del libro al-Mujtasar fi hisab al-yabr wa-l-muqabala
de Juwanzmi realizada por Gerardo de Cremona con el título De jebra et almucabala. Es sabido que
los musulmanes ya utilizaban el álgebra desde los comienzos de su historia.
Como bien nos hace ver Juan Vernet (10), Mahoma, intentando favorecer la
situación social, con respecto a la herencia, de las mujeres cercanas en
parentesco al núcleo familiar. Así se introdujo la ilm al-faraid o ciencia de partición de herencias, que obligaba a
desarrollar y utilizar el álgebra egipcio. Otro
punto importante a tratar dentro de la matemática es la cuestión de las
llamadas Tablas. Las Tablas estaban constituidas por
escritos fundamentalmente astronómicos y matemáticos, en los que se
desarrolló principalmente el ámbito de la trigonometría. Dentro de las Tablas, unas de importancia y
relevancia fueron las Tablas Toledanas
escritas por Azarquiel por mandato del rey al-Ma’mun, y que fueron traducidas
al latín por Gerardo de Cremona, debido a que fueron las que dieron comienzo
a las futuras escrituras en forma de Tablas.
En
las Tabulae Probatae de
Abnavimunzor se llegó a deducir que Venus y Mercurio giraban alrededor del
sol a raíz de la anomalía media de los planetas. Cuestión que no se va a
tratar aquí por falta de conocimientos astronómicos. En
las Tablas de Battani se introdujo
la fórmula básica de la trigonometría esférica: cos a = cos b cos c + sen b sen c cos A cos b = cos a cos c + sen a sen b cos B cos c = cos a cos b + sen a sen b cos C, siendo A, B y
C los ángulos de un triángulo (no siendo ninguno un ángulo recto) y a, b, c
los lados del mismo. Con esta fórmula, que ahora resulta tan básica en
cuestiones trigonométricas, se conseguía establecer la relación entre los
tres lados del triángulo y un ángulo. 3.3.
Óptica En
cuestiones de óptica cabe resaltar el descubrimiento revolucionario de Ibn
al-Haytam, que posibilitó la aparición, varios siglos después, de la llamada
ley de Snell en refracción. Hasta
ese momento resultaba evidente a la vista que, cuando un rayo de luz se
refracta, pasando de un medio a otro distinto, la trayectoria de ese rayo
cambia, no siguiendo lo que sería la trayectoria que venía llevando a cabo antes
de incidir en el otro medio. Ibn al-Haytam se dio cuenta de que la relación
entre el ángulo de incidencia y el ángulo de refracción (establecidos con
respecto a la llamada “Normal”, recta imaginaria trazada perpendicular a
ambos medios pasando justo por el punto en el que el ángulo de incidencia
llega al otro medio) no es constante. Esto dio lugar, quinientos años
después, a la ley de Snell, que explica cómo no es constante esa relación en
todas las refracciones, dado que depende también de lo que se ha llamado
índice de refracción de cada medio (n). Así, la ley de Snell quedaría n1/seno
= n2/seno’ 3.4.
Geología Con
respecto a la geología, y utilizando este término anacrónicamente, resulta
decisiva la aportación de Avicena, el que apuntó a que la emersión de las
tierras daba lugar a la formación de las montañas, y explicando, así, la
existencia de fósiles marinos: Las montañas pueden formarse de dos
modos: mediante una elevación del suelo, tal y como la producen los
terremotos, o bien como consecuencia de la erosión de las aguas y del viento
que abren valles en las rocas de escasa consistencia y dejan a la intemperie
las más duras (11). Conclusión Ante
todo lo tratado, siguiendo los hechos de la historia, y afrontando la
polémica apuntada al comienzo del texto, aludiendo a las teorías de Claudio
Sánchez-Albornoz y Américo Castro, resulta necesario, desde mi punto de
vista, optar por la visión comenzada por Américo, dado que no es posible
hablar de la historia de España sin hacer una gran referencia a la época
musulmana, sobre todo a los conocimientos y cultura que aportaron, y que
fueron condición de posibilidad histórica del trasvase de la sabiduría a
Occidente. Notas (1) Paz
conseguida por el primer califa, Abu Bakr, con la unificación de Arabia. (2) En la
conquista de territorios, antes del ataque, dado que uno de los preceptos de
la religión musulmana es la paz, se intimidaba al enemigo para convertirse al
islam, y así gozar de los derechos y deberes musulmanes. En caso de que no
fuese posible esta técnica, la siguiente opción era la capitulación y el pago
de un impuesto especial. Por último, el ataque. (3) Las facciones
que surgen en ese momento son tres: - Los chiíes,
partidarios de Alí y de la rama de su descendencia. - Los jariyíes,
partidarios de Alí a ultranza y radicales con la violencia. - Los sunníes,
que seguían pensando que el poder debía quedar dentro de la tribu de los
coraichíes, que dominaba la península de Arabia en la época en que Mahoma
vivió. (4) Desde mi
punto de vista, esta nueva clase social es comparable históricamente con la
burguesía que comenzó a despuntar en el siglo XVIII, en la medida en que son
ambas clases sociales carentes de privilegio, y que, debido a los negocios,
cada vez crecen más en número y en riqueza, llegándose a una situación de
necesidad de revolución, para optar a obtener algún poder político. (5) Exceptuando
el reino de Valencia, que estaba bajo el mando de Rodrigo Díaz de Vivar, y
que fue tomado por los almorávides años más tarde. (6) El califa
al-Mansur pidió al emperador de Bizancio el envío de obras de la Antigüedad.
Así se conocieron los Elementos de Euclides.
Uno de los sistemas de adquisición de obras era el pedirlos como
indemnizaciones de guerra, una vez que se había ganado alguna batalla a los
territorios ajenos. (7) Recogida por Rabiçaq en los Libros del saber de astronomía. (8) No olvidemos
que el traductor, aparte de ser una persona experta en la materia, en su
labor debía reunir el mayor número de traducciones habidas sobre el texto a
traducir, para basar sobre ellas la suya, siendo crítico con las ya habidas,
y tratando de hacer una que las superase. Recordemos las palabras de
al-Yahiz: El traductor tiene que estar a la altura de lo que
traduce, tener la misma ciencia del autor que traduce. Debe conocer
perfectamente la lengua de que traduce y aquella a la cual traduce para ser
igual en las dos (...) Si habla una sola lengua, esa fuerza se agota. De
idéntico modo, cuantas más lenguas hable, más se resiente la traducción. (Citado por J. Vernet en La
cultura hispanoárabe en Oriente y Occidente, pp. 85-86, Barcelona, Ariel,
1978). 9) 5. Y que si una recta al incidir sobre dos rectas hace
los ángulos internos del mismo lado menores que dos rectos, las dos rectas
prolongadas indefinidamente se encontrarán en el lado en el que están los
(ángulos) menores que dos rectos. Euclides, Elementos vol I, pp. 197-198, Madrid,
Gredos, 1991. En suma, que dos
rectas paralelas, a pesar de que se prolonguen, no tienen ningún punto de
intersección alguno. No es de extrañar que este postulado crease comentarios
ya desde la Antigüedad, es a raíz de él que se han dado las geometrías no
euclídeas, que dicen que apuntan a que dos rectas paralelas interceden en el
infinito. (10) La cultura hispanoárabe en Oriente y Occidente, op. cit. (11) Avicena, Kitab al-Sifa. Citado por Juan Vernet en La cultura hispanoárabe en Oriente y Occidente, op. cit. Bibliografía * Arié, R., España
musulmana (siglos VIII-XV), Barcelona, Labor, 1993. * Armstrong, K., El
islam, Barcelona, Mondadori, 2001. * Castro, A., España
en su historia, Barcelona,
Grijalbo, 1996. * Euclides, Elementos
vol I, Madrid, Gredos, 1991. * Goytisolo, J., Juan
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del conde don Julián, Barcelona, Mondadori, 1994. * Hourani, A., La
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árabes en la historia, Barcelona, Edhasa, 1996. * Mailló Salgado, F., Vocabulario de historia árabe e islámica, Madrid, Akal, 1996. * Sánchez-Albornoz, C., España, ese enigma histórico, Barcelona, Edhasa, 2004. * Vernet, J., El
islam en España, Madrid, Editorial MAPFRE, 1993. * Vernet, J., La
cultura hispanoárabe en Oriente y Occidente, Barcelona, Ariel, 1978. |
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