Konvergencias, Filosofía y Culturas en Diálogo.

ISSN 1669-9092

Número 14 Año IV Primer Cuatrimestre 2007

 

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ALCANCES Y LÍMITES DE LA HERMENÉUTICA EN GADAMER

María J. Regnasco (Argentina)

 


 

 

 

 

 

 

Este trabajo fue presentado originalmente al II Coloquio Internacional Bariloche de Filosofía, convocado por la Fundación Bariloche, Junio de 1994, y posteriormente publicado en versión ampliada en El Poder De Las Ideas. El carácter subversivo de la pregunta filosófica, Buenos Aires, Biblos, 2004.

 

 

MÁS ALLÁ DEL MÉTODO

 

Vivimos en la época de la tecnociencia. Esto no se refiere solamente a nuestra condición de testigos de las asombrosas hazañas de la técnica y de la ciencia. Tampoco significa meramente que la ciencia y la técnica configu­ren una presencia cada vez más familiar en los menores detalles de nuestra vida cotidiana. Significa, sobre todo, la expansión de los criterios de racio­nalidad científico-técnica hacia ámbitos cada vez más extensos del entra­mado social y hacia planos cada vez más profundos de nuestra dimensión psicobiológica.

"El espíritu metodológico de la ciencia", afirma Hans-George Gadamer en Verdad y método, "se impone en todo".(i) Por ello, como ya había advertido Max Weber, nuestra época está determinada, más que por el inmenso pro­greso de la ciencia modema, por la racionalización creciente de la sociedad y por la tecnocratización de su dirección.

La racionalidad, a su vez, ha sufrido una doble reducción: 1) la ciencia y la tecnología han pretendido agotar la totalidad del ámbito de la razón; 2) se ha querido dar cuenta de la cientificidad a través de una sola de sus dimensiones: la instancia lógico-metodológica.

La división poppereana entre contexto de descubrimiento y contexto de justificación contribuyó, a su vez, al desanclaje de la razón científica de su suelo histórico, social y cultural.

Desde la hegemonía de la dimensión metodológica se pretendió entonces haber liberado a la razón científica de todo presupuesto filosófico, histórico e ideológico. La verdad acontece, según esta posición, como resultado del método. El método es, a su vez, la garantía de la objetividad. Esta convicción hace de la razón una instancia autónoma, neutral y ahistórica, y del método el lugar exclusivo de la verdad objetiva. Esta supuesta autonomía del método se inscribe en la trayectoria abierta por el ideal cartesiano y por la Ilustración.

Frente a la preeminencia del método, a partir de la década del 60 surgen algunos planteos que, sin negar la importancia del andamiaje metodológico, señalan su insuficiencia como única instancia relevante del quehacer cien­tífico. Se abre paso la idea de que el conocimiento no es insular, es penin­sular, y ha llegado el momento de volverlo a unir con el continente de que forma parte.(ii)

Sin desestimar la importancia del método, se insiste cada vez con más convicción en la necesidad de contextualizar las teorías científicas y su estructura metodológica en la trama de la historia y de la cultura. Se trata también de ampliar el horizonte del conocimiento científico hasta los su­puestos extracientíficos que, aunque en forma disimulada, operan activa­mente en la constitución de las teorías.

Desde esta perspectiva, en La estructura de las revoluciones científicas Thomas S. Kuhn desarrolló, a través del concepto de paradigma, la idea de que, bajo la claridad lógico-deductiva de las teorías científicas opera un fondo colectivo de convicciones básicas, pero que actúan con la intensidad de verdaderos imperativos. Kuhn da el nombre de "compromisos básicos” a estos supuestos. Con ello da a entender que su papel en las teorías no es en absoluto marginal ni accesorio. Por el contrario, las verdaderas revolu­ciones son las que afectan a este fondo oscuro y subterráneo.

Gadamer concluye Verdad y método en 1959, un año antes de la primera edición de La estructura de las revoluciones científicas. Sus propuestas, sin embargo, comparten la intención de "ir más allá del método sin negar la relevancia del método".(iii)

La hermenéutica filosófica se inserta así en ese movimiento reflexivo que ha superado la orientación unilateral hacia el factum de la ciencia, para tematizar también sus condiciones y sus límites. Pero la hermenéutica es relevante igualmente para la teoría de la ciencia, en cuanto su reflexión descubre también dentro de la ciencia condiciones de verdad que no están en la lógica de la investigación pero que la sostienen.

 

EL ESPACIO HERMENÉUTICO

 

La afirmación de la importancia de la lógica de la investigación no excluye el reconocimiento de que ésta no lo es todo. La problemática de la herme­néutica, por consiguiente, se abre más allá de las fronteras del método de la ciencia para instalarse, desde el horizonte de la comprensión, en el espa­cio abierto de la experiencia humana del mundo.

Desde allí Gadamer intenta desarrollar un concepto de conocimiento y de verdad que responda a la totalidad de la experiencia hermenéutica. En este sentido, rescata los ámbitos del arte y de la historia como formas de experiencia donde también se expone una pretensión de verdad que excede el contorno del conocimiento metódico. Su lugar es el de la comprensión como aquel horizonte previo de experiencia que precede y excede a la ciencia pero que al mismo tiempo la hace posible. Concretamente, Gadamer pregunta cómo es posible la comprensión.

La pregunta por las condiciones de posibilidad de la comprensión remi­ten a Gadamer a la analítica existenciaria tal como la desarrolló Heidegger en El ser y el tiempo. La comprensión, por lo tanto, antes que un compor­tamiento específico, designa la estructura existenciaria del Dasein como pro-yecto. De este modo, el alcance de la interrogación hermenéutica des­borda el plano metodológico: la hermenéutica, en Gadamer, no es un mero método, sino que constituye el movimiento mismo de la experiencia del Dasein como ser-en-el-mundo.

En este punto se produce un vuelco en el planteo: del plano epistemológico se pasa a una ontología del ser finito, de la primacía del sujeto gnoseológico se pasa a una ontología del ser que existe en el modo del comprender.

Lo que interesa en especial para explicar este vuelco es señalar las líneas fundamentales a través de las cuales la filosofía elabora nuevas propuestas para plantear, sobre otras bases, los problemas que quedaban sin respuesta dentro del proyecto cartesiano y del Iluminismo: el encapsulamiento de la subjetividad y, consecuentemente, el abismo abierto por el cogito entre sujeto y objeto, la relación entre razón e historia y entre mundo y lenguaje.

 

MÁs ALLÁ DEL COGITO CARTESIANO

 

Mediante las reglas del método, Descartes buscaba liberar a la razón de la “precipitación y la prevención", es decir, no afirmar la verdad del conoci­miento antes de estar seguros de su evidencia, y dejar de lado los prejuicios provenientes de la tradición, las costumbres o la autoridad. A su vez, el modelo de evidencia se localiza en el cogito. El cogito significa la identidad de ser y conocer, la autotransparencia del ser que se presenta inmediatamente ante sí mismo. Descartes pretende de este modo haber logrado la exigencia de un fundamento incondicionado, pero esta conquista supone un costo muy alto. Por un lado, la identidad de ser y conocer es abstracta, no realizada, vacía. Es, en palabras de Paul Ricoeur, una verdad vana, un primer paso que no puede ser seguido de ningún otro, en tanto que el ego del ego cogito no sea apresado en el espejo de sus objetos, y finalmente de sus actos.(iv)

Por otro lado, la inmediatez del cogito garantiza la evidencia, pero al precio de romper la referencia con el mundo. En consecuencia, el mundo exterior queda degradado a mera representación, a mera imagen que debe legitimarse ante el sujeto. Descartes sólo podrá superar la escisión que ha abierto entre sujeto y objeto apelando a la garantía divina.

El planteo del problema del conocimiento a partir de esta escisión lo convierte en irresoluble. El ego es una evidencia, pero encapsulada: no podrá nunca atravesar la distancia que lo separa de lo absolutamente otro. Éste fue el problema que heredó la filosofía moderna. Desde Kant hasta Hegel el idealismo alemán trató de disolver esta distancia. Para ello desdobló la autorreflexión del cogito hasta reconocer en el objeto la proyección del sujeto. Como observa Ricoeur, la reflexión es una intuición ciega si ella no es mediatizada por las expresiones en las cuales la vida se objetiva.(v)

En este movimiento consiste la experiencia de la conciencia: reconocer en lo extraño lo otro, y hacerla familiar, ensanchar la comprensión de sí mismo a través de la comprensión de lo otro.(vi) Es así como Hegel desarrolla en la Fenomenología del espíritu la correspondencia entre vida y autocon­ciencia.

La razón comienza a interpretarse como vida: la conservación de la vida implica incorporar en sí lo que existe fuera de ella. Todo lo que vive se alimenta de lo que es extraño. La vida no puede aprehenderse desde afuera, desde la categoría de objeto. Es la vida misma la que se desarrolla y se objetiva en configuraciones significantes y que, en un movimiento de re­flexión, se reconoce en lo objetivado. La vida misma se autointerpreta, Posee, entonces, una estructura hermenéutica. La hermenéutica, por lo tanto, se perfila como mucho más que un método: es la misma estructura de la vida.(vii)

Pero, al mismo tiempo, la razón comienza a pensarse como historia: la temporalidad no será ya una dimensión externa sino el movimiento mismo de la razón.

 

RAZÓN E HISTORIA

 

La relevancia de la dimensión histórica es señalada no solamente como un referente exterior y ajeno a las teorías sino como una fuerza operante en el interior del conocimiento racional.

La efectividad de la historia no es la de un pasado ya ausente sino la de una presencia efectiva en la vida social e individual. Gadamer utiliza la expresión Wirkungsgesichte para referirse a esta efectualidad activa de la historia: “Ella es la que determina por adelantado lo que nos va a parecer cuestionable y objeto de investigación".(viii)

Pero normalmente olvidamos este fenómeno, y tomamos la inmediatez del hecho como el lugar exclusivo de la verdad. La "historia efectual" opera entonces en toda comprensión, aunque no haya conciencia explícita de ello. La expectativa de que la historia efectual pueda llegar a hacerse completa­mente consciente respondería a la pretensión hegeliana de un saber abso­luto, en el que la historia lograría su total autotransparencia. Por el contra­rio, la conciencia de la historia efectual no es sino la conciencia de la situa­ción hermenéutica. A ella no le cabe una total iluminación. La situación hermenéutica es siempre abierta, responde al carácter del ser histórico que somos: "Ser histórico quiere decir no agotarse nunca en el saberse".(ix)

El concepto que mejor responde al de la situación hermenéutica es el de horizonte: no limitarse a lo más cercano sino poder ver por encima de ello. El horizonte, a su vez, se desplaza al paso de quien se mueve, pero no en el mero sentido de trasladarse de un horizonte a otro sino en el de ganar un horizonte cada vez más abarcante. Ganar un horizonte es precisamente integrarlo en un todo más amplio. Gadamer puede hablar entonces de fusión de horizontes.(x)

 

LA EXPERIENCIA HERMENÉUTICA

 

Gadamer elabora este concepto a partir del concepto de experiencia de Hegel: la experiencia de la conciencia consiste en reconocerse a sí misma en el ser-otro. Sin embargo, para Hegel el camino de la experiencia de la con­ciencia debe conducir a un saberse que ya no tenga nada distinto ni extraño fuera de sí. La culminación de la experiencia es el saber absoluto, como consumada identidad de conciencia y objeto, lo que significa, a su vez, la superación de toda experiencia. Para Gadamer, en cambio, la estructura de la experiencia consiste en estar siempre abierta a nuevas experiencias; no puede consumarse en un saberse total, Por ello, "la experiencia es, pues, experiencia de la finitud humana". Aquí se pone de manifiesto el momento negativo de la experiencia. Gadamer sabe que toda experiencia entraña dolor, y que aquello que se aprende por el dolor no es esto o aquello, sino la percepción de los límites del ser humano.(xi)

A su vez, la historia efectual operante en toda experiencia impide su total objetivación. La experiencia hermenéutica es por ello siempre "experiencia de la propia historicidad".(xii) El objetivo de la ciencia, en cambio, es objetivar la experiencia hasta que quede libre de cualquier momento histórico. La experiencia se reduce entonces a experimento científico, lo que se logra a través de su organización metodológica. Aun las ciencias históricas, para Gadamer, efectuarían este recorte, al objetivar el pasado histórico y desco­nectarlo de la historia efectual.

 

LA RUPTURA DEL MODELO SUSTANClALISTA DEL SUJETO

 

A partir de Fichte, el yo deja de ser considerado como una sustancia, un ser, una cosa, para ser enfocado como actividad, como tarea (Tatsache), línea que prosigue Hegel, al pensar la sustancia como sujeto.

A su turno, Husserl busca superar el modelo objetivista y sustancialista del sujeto mediante el concepto de intencionalidad. Los fenómenos son los correlatos significativos de la vida intencional. Con ello Husserl busca rom­per las barreras entre sujeto y objeto. Sin embargo, como observa Ricoeur, es contra el primer Husserl que se ha elaborado la teoría de la comprensión. Para el primer Husserl, afirma Ricreur, "la reducción de la tesis del mundo es en efecto una reducción de la cuestión del ser a la cuestión del sentido del ser; (pero] el sentido del ser, a su vez, se halla reducido a un simple correlato de los modos subjetivos de intención".(xiii)

En cambio, es en el último Husserl cuando la hermenéutica reconoce un aporte radical: en Crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental. Husserl articula su crítica del objetivismo sobre el tema de la Le­benswelt, el "mundo de la vida", un estrato de la experiencia anterior a la relación sujeto-objeto. En lugar de un sujeto encerrado en un sistema de significaciones, Husserl encuentra un ser vivo que se proyecta en un hori­zonte de mundo: "Antes de la objetividad, existe el horizonte del mundo; antes del sujeto de la teoría del conocimiento, existe la vida operante que Husserl algunas veces llama anónima, no porque él vuelva por este desvío a un sujeto impersonal kantiano, sino porque el sujeto que tiene objetos es derivado, él mismo, de la vida operante".(xiv) Las ciencias expresan, al mismo tiempo que ocultan, este mundo de vida.(xv)

Husserl advirtió que el paulatino aumento de autonomía de la ciencia disimulaba un desarrollo histórico que derivó en el olvido de la fundamen­tación de su significado en el mundo de la vida, La crisis en que cae las ciencias europeas -crisis de fundamentos y pérdida de significado humano­hace necesaria una reflexión sobre los presupuestos en los que descansa la validez de la ciencia.(xvi)

Pero Husserl desarrolló el concepto de Lebenswelt como respuesta a la hermenéutica del Dasein de El ser y el tiempo. La interpretación de Heide­gger de la estructura existenciaria del Dasein como "ser-en-el-mundo" pro­duce un vuelco en el planteo tradicional. El ser en el mundo hace referencia a una relación viviente con el mundo cotidiano, histórico, concreto, relación originaria, inderivable y anterior a toda distinción entre sujeto y objeto. Al mismo tiempo rompe la tradición sustancialista del sujeto mediante la actualización del Dasein como ex-sistente, y de la existencia como proyecto. Su condición es la de tener-que-hacerse.

El ser y el tiempo parte de la pregunta por el ser como tema olvidado. El Dasein, a su vez, no se presenta como un principio autoevidente, seguro de sí, sino como ser interrogante, un ser que se pregunta por el ser. La estruc­tura del Dasein es abierta al ser. No es un ser que primero exista y luego comprenda, sino que existe en el modo de comprensión del ser. La estruc­tura del Dasein se revela como una estructura hermenéutica. La compren­sión se mueve siempre en un horizonte de significaciones; se abre desde una situación histórica, concreta. No hay, por consiguiente, una comprensión absoluta y definitiva.

También la actividad científica se mueve en un horizonte de comprensión que establece el proyecto a partir del cual se define qué datos son relevantes, qué método se ha de seguir para organizarlos y qué categorías se fijan para su interpretación. Esto significa que no hay "hechos puros". La epistemo­logía posterior ha elaborado esta problemática a partir del concepto de "carga teórica de la percepción".

 

EL HABLA

 

La interpretación se articula en el habla (Rede). El habla articula el horizonte de sentido que proyecta la comprensión en una trama de signifi­caciones. Desde esta articulación la estructura del mundo adviene al len­guaje (Sprache). De tal modo, en el habla el mundo se muestra.

Lo que accede al lenguaje no es algo dado con anterioridad e independen­cia de él, sino que recibe en la palabra su propia determinación. Gadamer resume esta idea en la expresión "el ser que puede ser comprendido es lenguaje".(xvii)

Las palabras no son signos que se refieran a las cosas como meras etiquetas que se adhieren a ellas desde el exterior: "A las significaciones les brotan palabras, lejos de que a esas cosas que se llaman palabras se las provea de significaciones".(xviii) El habla constituye una dimensión originaria y fundante.

Cada palabra hace aparecer el todo del lenguaje y, a la vez, lo no dicho. En el lenguaje se pone en juego un todo de sentido. Desde esta ontología del habla se hace manifiesta la insuficiencia de las teorías instrumentalistas del lenguaje.

La experiencia hermenéutica es, por lo tanto, una experiencia Iinguística en la que se abre un mundo. Vivimos, dirá Gadamer, en un mundo linguís­tico. Pero esto implica que no existe ningún lugar fuera de la experiencia linguística del mundo desde el cual ésta pudiera convertirse por sí misma en objeto. Por ello, la experiencia hermenéutica será siempre participación actuante: el lenguaje es un centro en el que se reúnen el yo y el mundo.(xix)

 

HACIA UNA NUEVA AUTOCOMPRENSIÓN DEL HOMBRE

 

Los diversos aportes que Gadamer asimila y reelabora desde el horizonte de la hermenéutica le permiten elevar a ésta de técnica de la interpretación a ontología de la comprensión.

La hermenéutica en Gadamer es más que un método. Su suelo es la estructura hermenéutica de la experiencia de mundo. El título de su obra, Verdad y método, da a entender que el lugar de la verdad no se agota en el método: más allá del método hay un espacio más originario que rodea y sostiene lo metódico. Lo que Gadamer busca es una comprensión de las ciencias, y en especial de las ciencias humanas, más allá de su autoconcien­cia metódica, capaz de conectarlas con el horizonte de experiencia general del mundo. Gadamer insiste en el carácter histórico, finito, abierto, inconcluso, de esta experiencia, que a su vez siempre procede desde presupuestos de los que no es totalmente consciente. En este sentido, niega la posibilidad de la total autotransparencia del conocimiento. Frente al ideal de la Ilustra­ción de una iluminación progresiva del conocimiento hasta su total auto­transparencia, Gadamer prefiere considerar una incesante tensión interna entre iluminación y encubrimiento. Tenemos que reconocer que en la com­prensión intervienen presupuestos que no pueden ser eliminados. Una interpretación definitiva es una contradicción. Hay que asumir, por consiguiente, el inacabamiento de su quehacer. Los límites de la hermenéutica remiten a la finitud de la existencia y del conocimiento humanos. Pero ¿cuál es entonces su tarea?

Gadamer considera que más importante que interpretar el claro contenido de un enunciado es rastrear los intereses que nos guían, En este sentido, "la única vía para entender un enunciado consiste en obtener la pregunta desde la cual el enunciado es una respuesta".(xx) Su tarea se dirige,por consiguiente, a los enunciados enfocados como respuestas a determinados interrogantes. Comprender significa, pues, considerar desde dónde se pregunta, cuáles son los presupuestos que promueven la pregunta. Todos os enunciados son respuestas, Pero la pregunta está a su vez motivada: en cierto sentido, toda pregunta es una respuesta. Preguntar significa abrir, y al mismo tiempo delimitar un horizonte. Una pregunta está mal planteada cuando no alcanza lo abierto sino que lo desplaza manteniendo falsos pre­supuestos,(xxi) Por el contrario, es muy artificial creer que los enunciados pueden ser sometidos a un trabajo analítico sin tomar en consideración por qué son dichos, y de qué manera son respuestas a algo.

La primera tarea, entonces, es elaborar la situación hermenéutica, esto es, sacar a la luz los presupuestos ocultos e inconscientes, y las implicacio­nes que encierra la pregunta. Pero una dilucidación completa de estos presupuestos es inadmisible. Esto está vinculado al hecho de que lo incons­ciente y lo implícito no constituyen simplemente lo opuesto a la existencia humana consciente: son al mismo tiempo sus partes integrantes. Por ello, la tarea de comprensión es limitada, Dentro de sus límites, se orienta a partir de nuestro interés hermenéutico. Por consiguiente, comparte un compromiso y un riesgo. Así se confirma, a su vez, la hermenéutica filosófica no sólo como teoría de la comprensión sino como filosofía práctica. Significa, además, que la comprensión no es un mero saber frente al cual podamos permanecer imparciales o indiferentes. Una comprensión lograda, para Gadamer, se interioriza como una nueva experiencia modificando la tota­lidad de nuestra existencia. Toda comprensión, es entonces, autocomprensión. Gadamer rescata en este punto el concepto de Bildung, con el fin de lograr una nueva autocomprensión de la humanidad. La necesitamos, afir­ma, porque

 

... vivimos en un permanente y creciente autoenajenamiento que hace rato que ya no se debe únicamente a las peculiaridades del orden económico capitalista, sino a la dependencia de la humani­dad de aquello que hemos construido como civilización. Así se plantea, con creciente urgencia, la tarea de llevar al hombre nue­vamente a la comprensión de sí mismo.(xxii).

 

Por consiguiente, no es sólo el papel de la hermenéutica en el campo científico lo que está en cuestión sino, sobre todo, la autocomprensión del hombre en la moderna era de la ciencia. Gadamer abre de esta forma el concepto de "praxis", reducido en el presente a la aplicación técnica de la ciencia.(xxiii)

 

OBSERVACIONES CRÍTICAS

 

El pensamiento de Gadamer ha sido objeto de varias críticas. Entre otros, Jligen Habermas reprocha a Gadamer acentuar excesivamente el peso de los presupuestos históricos. Para Habermas, el progreso del hombre hacia la emancipació implica aspirar a una comunicació libre de coacción, lo que significa adherir a la posibilidad de convertir en objeto de reflexión explícita la totalidad del plano de los prejuicios y supuestos ideológicos.(xxiv)

Este diálogo ideal tendría lugar sólo en una sociedad emancipada; bajo las condiciones históricas existentes representa una hipótesis contrafac­tual. Sin embargo, desde una perspectiva hermenéutica, se podría precisa­mente entender la efectualidad de los presupuestos históricos que impiden tal diálogo. De todos modos, las diferencias entre Habermas y Gadamer son más profundas, e involucran la noción misma de racionalidad. Ésta sería, por consiguiente, una crítica externa.

Interesa, sin embargo, hacer algunas observaciones desde el mismo horizonte hermenéutico.

La primera dificultad surge acerca de los alcances de la hermenéutica para dar cuenta, ya no del fenómeno de la comprensión, sino del de la in­comprensión. Ya Heidegger había llamado la atención sobre esta posibilidad al establecer los límites del proyecto.(xxv) Gadamer también se refiere, a pro­pósito de la hermenéutica en Friedrich Scheiermacher, a la idea de mal­entendido, en el sentido de un punto de partida de ]a interpretación herme­néutica orientada hacia la búsqueda de un acuerdo.

Sin embargo, desde la idea de fusión de horizontes, o de ampliación y desplazamientos indefinidos de la perspectiva hermenéutíca, es difícil dar cuenta de los choques de culturas y de los violentos antagonismos que registra la historia. En efecto, lo que se observa en el transcurso de la experiencia humana no son serenas fusiones o cordiales acuerdos, sino luchas por e] dominio de ciertos paradigmas sobre otros, de ciertas perspec­tivas frente a otras. En este sentido, si bien la hermenéutica ha contribuido a llamar la atención sobre los presupuestos en juego, no habría desarrollado una reflexión explícita acerca de las relaciones entre los conceptos de ho­rizonte, racionalidad y poder.

En segundo lugar, al comentar el concepto de experiencia de Hegel. Gadamer advierte agudamente que la experiencia de la conciencia supone una inversión: "La conciencia se da la vuelta". La experiencia es siempre "experiencia de algo que se queda en nada: de que algo no es como lo habíamos supuesto".(xxvi) Pero esto significa que la conciencia pretendidamen­te inmediata es ante todo "falsa conciencia".

Los "filósofos de la sospecha", Marx, Nietzsche y Freud, elaboraron estrategias de desenmascaramiento de esta falsa conciencia. Estimo que la hermenéutica de Gadamer no ha pensado con suficiente profundidad este problema. A pesar de sus agudas observaciones sobre la negatividad, la infinitud y la temporalidad de la experiencia, su exégesis adhiere a priori a un optimista proceso progresivo de la experiencia humana hacia horizontes cada vez más englobantes y, por lo tanto, más clarificadores. De esta manera, si bien no se orienta teleológicamente hacia un saber absoluto, no deja de operar una te1eología abierta hacia un "saber abarcante".(xxvii) Esta proble­mática en Gadamer permanece sin resolución.

Quedaría en pie la cuestión de si éstas, entre otras dificultades, se originan en expresas limitaciones teóricas de la hermenéutica de Gadamer, o si son, simplemente, problemas no abordados desde su horizonte de interés. Sin embargo, la comprensión de la situación contemporánea exige la elaboración crítica de esta temática. Ésta podría ser la propuesta para una futura tarea hermenéutica.

 

Notas

 

(i) H.G.Gadamer: Verdad y Método. Fundamentos de una hermenéutica filosófica. Salamanca. Sígueme, 1984. Prólogo a la 2da. Edición, p.11.

(ii) Véase E. Morin: El método III. El conocimiento del conocimiento. Madrid. Cátedra. 1988, p.22.

(iii) H.G. Gadamer: Verdad y método. Epílogo. p. 642.

(iv) Véase Paul Ricouer: Hermenéutica y estructuralismo. Buenos Aires, Megápolis, 1975, p.22.

(v) Véase idem, p.22.

(vi) Véase H.G.Gadamer: Verdad y método, pp.42-43.

(vii) Veáse idem, pp.283-288.

(viii) Idem, p.371.

(ix) Idem, p.372.

(x) Véase idem, p.377.

(xi) Idem, p.433.

(xii) Idem, p.434.

(xiii) P.Ricoeur: Hermenéutica y estructuralismo, p.13.

(xiv) Idem, p.13.

(xv) Véase H.Marcuse: El hombre unidimensional. Barcelona. Planeta, 1985. pp.189-193.

(xvi) Véase R.Bubner: La filosofía alemana contemporánea. Madrid. Cátedra, 1984, pp.50-51.

(xvii) H.G.Gadamer: Verdad y método, pp.567-568.

(xviii) M.Heidegger: El ser y el tiempo. México. Fondo de Cultura Económica, 1962, § 34, p.180.

(xix) Véase H.G.Gadamer: Verdad y método, pp.468-486 y 526-566. También Eduardo Albizu: El lenguaje en la hermenéutica filosófica de Gadamer, en Escritos de Filosofía, Nº1, Buenos Aires, 1978, pp.79-102.

(xx) H.G.Gadamer: La razón en la época de la ciencia. Barcelona. Alfa, 1981, p.75.

(xxi) Véase H.G.Gadamer: Verdad y método, p.441.

(xxii) H.G.Gadamer: La razón en la época de la ciencia, p.92.

(xxiii) Véase H.G.Gadamer: Verdad y método, p.647.

(xxiv) Véase J.Habermas: El discurso filosófico de la modernidad. Madrid. Taurus, 1989.

(xxv) Véase M.Heidegger: El ser y el tiempo, p.170.

(xxvi) H.G.Gadamer: Verdad y método, p.430.

       (xxvii) Véase idem, pp.375-377 y 429.