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Corre el año 1985. Diez mil millas al otro lado del
globo, un visitante entra en un modesto patio que sirve de lugar de
encuentro con uno de los más respetados líderes espirituales de la India, Shankaracharya
de Kanchipuram. Abriéndose paso entre el grupo de concurrentes y
seguidores, el visitante reverentemente saluda al anciano yogui, de 91 años
de edad y silenciosamente le extiende una fotografía, a Shankara se le
dibuja una sonrisa en su bondadoso rostro al mirar la descolorida foto. Es
de Paul Brunton.
El oeste ha ido al este los centros Zen y los
restaurantes vegetarianos están meditando están meditando, yoga, karma,
gurú son palabras cotidianas. Tracemos los orígenes de este movimiento hacia
el Este, y nombres como Watts y Suzuki vienen a nuestra mente.
Desde 1930 los libros de Brunton sobre el pensamiento
oriental y la cultura occidental han vendido más de dos millones de copias.
Su primer libro, In Search of Secret
India, es reconocido como el introductor de la filosofía del yoga en
Occidente. Los teósofos americanos han aclamado a Brunton como uno de los
pensadores occidentales más perceptivos y como uno de los estudiosos más
profundos de la sabiduría ancestral. Sin embargo, él permanece extrañamente
desconocido para una generación completa de buscadores espirituales
occidentales. O tal vez no tan extraño. En 1959, con la publicación de su
libro final en la cima de una carrera llena de ofrecimientos para fundar
ashrams y establecer periódicos, Brunton desapareció. Una vez un periodista
inclinado a viajar a extrañas tierras fue a reportar sobre la
espiritualidad oriental, y él decidió viajar a tierras lejanas para
reportar sobre la espiritualidad oriental, él decidió abandonar su rol
mundano y en cambio recorrer aquellas regiones del corazón donde todas las
tradiciones se convierten en una.
¿Qué descubrió durante estas dos décadas de viaje a su
propio ser? Nadie puede decirlo con seguridad. Solamente podemos conjeturar
la magnitud de los cambios que sufrió por las pistas en el legado que dejó
–sus apuntes-, más de 10.000 páginas de lo que Brunton llamó una versión
más "madura" de su trabajo anterior. Desde
1984, Publicaciones Larson ha publicado un set completo dieciséis volúmenes
de The Notebooks of Paul Brunton, titulados Perspectives; The
Quest; Practices for the Quest and Relax and Retreat; Meditation and the
Body; Emotions and Ethics and The Intellect; The Ego and From Birth to
Rebirth; Healing of the Arts in Culture; The Sensitives; The Orient; The
Religious Urge and The Reverential Life; Relativity; Philosophy and Mind;
Inspiration and the Overself; Advanced Contemplation ant The Peace Within
You; Enlightened Mind, Divine Mind. (1)
Leer el "nuevo" Brunton es redescubrir un
viejo amigo. Sabio y compasivo, él ofrece su consejo cándido sobre las
dificultades y posibilidades de la práctica espiritual. Y así como el mundo
cambió enormemente los últimos veinte años de su vida, así Brunton
evolucionó y adaptó su acercamiento para un mejor encuentro con las
necesidades de los buscadores de hoy. Aunque todavía buscando al Oriente
para inspiración y guía, él no cree que los occidentales necesiten
afeitarse sus cabezas o sentarse cruzado de piernas en un bosque para
alcanzar la completud espiritual. En cambio, ofrece una guía de cómo los
puntos de vista del este y oeste pueden ayudar a crear belleza, alegría y
significado a nuestras vidas así como las vivimos, no como podrían haber
sido vividas si hubiésemos nacido en otros tiempos. El reportero del
espíritu Brunton comenzó su carrera tranquilamente como un periodista
londinense en las primeras décadas del siglo. Aunque era un inquisitivo,
talentoso periodista, su interés no estaba en política ni en eventos
corrientes, pero en los antiguos acertijos, cuestionamientos que han
desafiado los filósofos a través de los tiempos: ¿Cuál es el significado
del mundo y de la experiencia? ¿Qué soy? ¿Cuál es el objeto de la
existencia? Al contrario que sus contemporáneos de la era del jazz Brunton
reconoció estas preguntas como más que simples abstracciones para musitar
con una copa de cogñac y cigarrillos. Para él eran de vital importancia.
Desde su juventud ellas atrajeron su atención, otros periodistas
contemporáneos escribían sobre los debates en parlamento, o sobre el éxito
y fracaso del colonialismo británico, él en sus días de vitalidad
investigaba las inexploradas regiones del alma. Sus habilidades
profesionales impregnaron su tarea, y deliberadamente buscó aquellos
individuos, filósofos, científicos, místicos, que pudiesen tener las
respuestas a sus preguntas. No era inusual encontrarlo entusiastamente
hojeando una copia de Emerson, o deslizándose en una reunión de la Sociedad
Teosófica Londinense.
Pero su búsqueda no fue una moda pasajera. Una fuerza interior
lo llevó irresistiblemente a investigar más allá de la superficie de la
vida. Con su característica profundidad, decidió seguir cada hilo
disponible. Examinó de todas maneras los recónditos textos Platonismo,
Taoísmo, Vedanta, e investigó las en aquellos tiempos tendencias de moda
como parasicología, ocultismo y pensamiento positivo.
Muchos de los trabajos hoy accesibles, entonces no
habían sido traducidos. Para las personas nacidas en los últimos veinte
años, es difícil darse cuán esotéricos estos estudios alguna vez fueron. La
investigación de Brunton fue excepcional, un conocido suyo observó que en
sus archivos no faltaba la dirección de ninguna organización ni persona que
estuviese al menos remotamente conectada con los temas espirituales.
Brunton realmente trató con muchas personalidades,
autoridades reconocidas como D.T.Suzuki, C.G. Jung y Annie Besant, pero él
repetidamente rehusó aliarse con cualquiera de los caminos que exploraba.
Condujo su búsqueda con una mente tan agudamente analítica como
abiertamente receptiva. Si por un lado estaba renuente para renunciar a su
independencia y privacidad al unirse a grupos o cultos, él estaba preparado
para reconocer el impulso genuinamente espiritual en donde fuese que lo
encontrase: en otros individuos, en la belleza de la naturaleza, o en la
silenciosa profundidad de sus propias meditaciones.
BUSCANDO EN LA INDIA
Mientras realizaba su trabajo durante los últimos años
de la década del veinte y los comienzos de los treinta, una sola imagen se
le venía a la mente repetidas veces. La India, en ese entonces considerada
por muchos la tierra de los encantadores de serpientes de ojos dormidos y
los caminantes de túnicas amarillas, tiraba de sus pensamientos. Tenía una
gran reverencia por el rico tesoro filosófico de la India, y era por las
orillas del Ganges que esperaba descubrir una tradición espiritual viva.
Llegar al Ganges o a cualquier otra parte de India no era tarea sencilla en
esos días (Uno no tomaba simplemente un vuelo, y reservaba una habitación en
el Calcutta Hilton. Viajar a la India requería mucho tiempo y más dinero
del que un periodista independiente podía reunir). Por muchos años su sueño
permaneció sin realizar. Fue a través de una conversación por casualidad
con un con un erudito Brahmin que convenció a Brunton de que, a pesar de
los obstáculos, él no podía resistirse al llamado del Este por más tiempo.
Anotador en mano, se embarcó para continuar la búsqueda en su tan deseada
India. Qué visión tan extraña debe haber sido un elegantemente vestido
londinense en cuclillas en la arena junto a yoguis en taparrabos,
ignorantes del desdén de su compañía británica. Pero era la naturaleza de
Brunton penetrar las apariencias, no sostenerlas. El perseveró en su ruta
–frecuentemente en burro o en carro tirado por bueyes con su característico
espíritu pionero.
Y fue recompensado por sus persistencias Viajando las
rutas secundarias del subcontinente indio el fue testigo de extraños
desempeños: yoguis enterrados vivos sin sufrir ningún daño aparente, magos
devolviendo la vida a animales muertos, fakires perforándose la piel con
brochetas sin mostrar signos de dolor o sangre. Brunton era sorprendido por
estas hazañas sobrehumanas y por la extraordinaria disciplina mental y
física que sugerían. Sin embargo, sabía que debía haber más debajo de estas
bufonadas circenses, que otra India esperaba ser descubierta, más
silenciosa y difícil de ver a simple vista. A veces sentía un atisbo de
esta otra India, en la devoción de inclusive el más extravagante. Pero no
estaba satisfecho. Había presenciado suficiente exotismo como para llenar
las páginas de una destacable guía de viajes, pero comenzaba a sospechar
que su viaje había sido en vano. La India, sin embargo, tenía sus propios
planes para él. Precisamente cuando se estaba preparando para continuar su
viaje, Brunton fue alentado a consultar otro hombre santo más. El consejo
vino directamente de Shankaracharga, el líder espiritual del sur de la
India. El sabio era Ramana Maharishi.
CON EL SABIO DE ARUNACHALA
Qué extraño debe ser encontrar a un sabio –alguien de
grandes conocimientos, quien pueda dar un pantallazo de iluminación. Ramana
Maharishi era esa persona. Con los años Brunton conocería otros guías
legítimos. Algunos lo iniciarían a los niveles más altos del misticismo.
Sin embargo, fue Ramana quien siempre mantuvo un lugar especial en su
corazón. A Search in Secret India pronto llamaría la atención del
mundo a este sabio poco atractivo. Cuando Brunton viajó por primera vez a
la colina de Arunachala para encontrarlo, Ramana Maharshi era sólo conocido
por un puñado de seguidores.
Al llegar al sencillo ashram de la montaña Brunton
encontró a Ramana en profunda meditación. Esto en sí mismo no era
sorprendente, muchos adeptos a los que se aproximó estaban absortos también.
Pero cuando Brunton tomó su lugar en el largo, tranquilo hall, se dio
cuenta de algo único: el Maharshi radiaba una paz palpaba incluso cuando se
sentaba en trance. Mientras esperaba en silencio, el sintió su angustias,
sus preguntas sin responder, el esfuerzo de su búsqueda, desvaneciéndose.
Al fin él estaba seguro que las más altas posibilidades se abrían a la
humanidad. Como escribió en sus últimos años: "La naturaleza divina
se revela a si misma nueva en cada vida. La gente realizaba requerimientos
formales y pretensiosos del misterio y significado de la vida, mientras que
todo el tiempo cada pájaro está subido en su rama verde, cada niño que
sostiene la bondadosa mano de su madre ha resuelto el enigma y lleva la
respuesta en su rostro".
Brunton pasó muchas horas con Maharishi y logró gran
discernimiento de la realidad subyacente en cada individuo y en toda la
naturaleza. Afirmó que esta realidad puede ser experimentada directamente,
y que la comunión con ello es el derecho natural de cada persona. Poco se
sabe de los restantes días de Brunton con Maharishi. Claramente, sin
embargo, cuando llegó la hora de partir, cuando fue el momento de poner las
palmas juntas en el acostumbrado gesto de despedida, lo hizo con
sentimientos de profunda gratitud y terrible tristeza. Era tentador
quedarse con el hombre quien en palabras de Brunton "lo regresó a su
espíritu". De hecho, visitaría a Ramana nuevamente, años más tarde.
Pero, por ahora, Brunton podía sentir que su búsqueda lo llevaba. Mientras
su carruaje se alejaba lentamente montaña abajo, sabía que algún día haría
el viaje de regreso al sabio de Arunachala.
EN CASA EN LONDRES
Con la memoria del Maharishi fresca en su mente,
Brunton regresó a Londres al finalizar la década del treinta. Cualquiera
que haya regresado alguna vez de unas vacaciones tranquilas a la frenética
conmoción de una ciudad, puede imaginarse cuán impactante debe haber sido
mudarse de un ashram recluido en Asia al turbulento centro metropolitano
del Imperio Británico. Brunton, sin embargo, conservó la paz que había
encontrado. Había perfeccionado un método de quietud interna que le
permitía permanecer en calma en su interior, cuando se movía en la ciudad
ocupada por los ansiosos preparativos de la segunda guerra mundial. Aunque
su desapego no eclipsó su compasión. Cuando miraba la tensión que llenaba
los rostros de sus conciudadanos londinenses sentía un profundo impulso de
compartir su serenidad.
Sentándose rápidamente a trabajar, escribió cinco libros
en tres años, libros estos que él esperaba fuesen tanto para la iluminación
de otros como para las bases de un nuevo entendimiento Este-Oeste. Tomando
información de los descubrimientos de Sir James Jeans, Sir Arthur Eddington
y otros científicos eminentes de esa época, habilidosamente buscaba hacer
que la descomprometida mente de las ciencias occidentales se aliase con los
dogmas del misticismo y la psicología oriental. A través de sus escritos
miles de lectores occidentales conocieron por primera vez la meditación,
karma, y los aspectos espirituales del yoga.
Brunton hizo algo más que traducir enseñanzas
extranjeras al inglés. Trabajó para rescatarlas de la oscuridad del tiempo
y de la distancia cultural, y hacerlas entendibles a la comprensión racional
actual del Occidente moderno. El interés por sus libros se expandió
rápidamente entre los eruditos y no eruditos. Monk Gibbon recomendó The
Quest of the Overself como "la exposición más racional y más
segura de la metafísica oriental y de la práctica de la disciplina mental,
que él haya alguna vez conocido". El London Times elogió a Brunton
por presentar sus ideas con "la menor ambigüedad posible en un
lenguaje no técnico". Rápidamente ganó una reputación sólida como
un exponente conocedor e influyente del pensamiento Este-Oeste.
Brunton, sin embargo, buscaba la Verdad, no fama.
Incluso, cuando sus libros estaban siendo impresos, él una vez más
prosiguió su búsqueda de cuidadores vivientes de la sabiduría atemporal,
ahora a Egipto, Norte y Sur América y dos veces más a Asia. Al frecuentar
adeptos y maestros alrededor del mundo, profundizó su visión de una
síntesis del pensamiento filosófico oriental y occidental. Su vida se había
convertido en la búsqueda centralizada en un entendimiento lo más amplio posible
del potencial espiritual humano.
Con cada uno de sus once libros Brunton incorporaba los
resultados de sus investigaciones a un sistema filosófico cada vez más
creciente. Con el pasar del tiempo, la forma de sus escritos cambió
notablemente. Antes narraba aventuras –su noche en la Gran Pirámide, su
experiencia escalofriante a través del tránsito del Cairo con un insensato
al volante. En sus libros posteriores The Hidden Teaching Beyond Yoha,
The Wisdom of the Overself, puntualiza una discusión sofisticada de los
principios subyacentes a los individuos y al mundo. Aunque hilos
consistentes enhebran su trabajo. Los primeros entre ellos eran una sincera
y permanente reverencia por lo sagrado y una creencia inmutable en su
benevolencia hacia todos los seres.
Los individuos pueden llegar a conocer una presencia
sagrada tanto en su interior o fuera, dice Brunton. Cada persona lleva un
rayo de su presencia en su corazón. El llama a este rayo el Yo Superior. Lo
más cerca que uno llegue a su propio ser superior, lo más directo y
completo será su bendición y guía. Con esta guía los individuos pueden
comenzar a ver la sabiduría divina desplegarse en el universo y en sus
propias vidas de forma ordenada y significativa. Brunton creyó que la gente
está conectada a todas las cosas a través de la ley del karma, pero su
posición con respecto a la esta ley no es fatalista. El vio todas las
experiencias trabajando para traer a la persona más cerca del
auto-descubrimiento y a reconocer el lugar verdadero del individuo en el cosmos.
Para Brunton el cosmos era "extremadamente inteligente, más allá de
la invención del hombre, misterioso más allá de la comprensión humana y...
divinamente sagrado". Cada instante, cada punto de la creación,
desde las estrellas allá arriba hasta cada célula en el cuerpo puede ser conocidas como el desenvolvimiento de una mente de
infinita inteligencia y de poder eterno. Y tan sorprendente como puede ser
la creación, solo se atisba a la grandeza de eso que está detrás". En
las palabras de Brunton "No hay sino un solo Dios, una Vida, un
Poder Infinito, una Mente omnisapiente, el Yo Superior. Cada persona la
individualiza pero no la multiplica. El o ella pueden traerla hasta un
punto, el Yo Superior, pero no alterar su unidad o cambiar su esencia".
LLAMANDO LA ATENCIÓN DEL PÚBLICO
El mundo había soportado la depresión y la 2da. guerra mundial. Mucha gente desilusionada encontró
esperanza, alivio, en los escritos de Brunton y muchos buscaron su guía
personal. Pero así como rechazó tener su nombre asociado con cualquier
religión particular o movimiento, así Brunton rechazó los intentos de
convertirlo en un gurú filosófico. El se refiere a sí mismo como "un
escritor e investigador, con algo de experiencia en estos temas, eso es
todo". Sin embargo, estaba siempre de buena gana, en su modo
calmo, para compartir con comprensión con sus compañeros seguidores, para
hacerles el camino un poco más fácil si podía. Aquellos que lo conocían,
que se encontraban o se escribían con él, a través de los años llegaron a
quererlo y a admirar a este gentil y gracioso hombre que simplemente lo
conocían como PB.
Para mediados de siglo, crecía el número de individuos
y sociedades que se comenzaban a interesar en Brunton. A pesar de su
expreso deseo, continuó recibiendo ofrecimientos para convertirse en un
foco espiritual para otros. Era repetidamente invitado a establecer
ashrams, editar periódicos y fundar escuelas basadas en sus libros. Nunca
aceptó ninguno de estos ofrecimientos.
En 1959, unos pocos años después de publicar The Spiritual
Crisis of Man, su último
libro y en la cima de su carrera, Brunton desapareció de la vista del
público. Tan efectivo fue su retirada, que en los periódicos más leídos
aparecieron obituarios. Pero Brunton no estaba muerto. Había simplemente
abandonado su profesión mundana a cambio de un trabajo más tranquilo y
privado. La mayor parte de este trabajo lo llevó a cabo en su corazón, para
lo que fue necesario retirarse a una completa soledad.
SUS ÚLTIMOS ESCRITOS
A mitad de los años 60, Brunton apareció en Suiza donde
vivió el resto de su vida. Los amigos y estudiantes que lo visitaron
durante este período se dieron cuenta del profundo cambio que había
experimentado. A pesar de que aun veían ante ellos el gentil caballero
británico con su traviesa sonrisa, ellos sabían que estaban ante la
presencia de algo más raro. Y en realidad, autoridades respetadas como TMP
Mahadevan (en aquel entonces la cabeza de la Universidad de Madrás) y el
Shankaracharya de Kanchipuram comenzaron a referirse a Brunton como un genuino
hombre santo. Brunton descartó tales referencias. Llevaba una vida simple,
viajando aquí y allá, concediendo entrevistas privadas, y escribiendo
siempre escribiendo. Diariamente escribía: ideas, observaciones y
sugerencias en asuntos concernientes al camino espiritual y
autorealización. Después de morir Brunton el 27 de Julio de 1981, sus notas
–lo que él llama una versión más madura de su trabajo anterior- estuvieron
disponibles para ser publicadas. Los volúmenes 1 y 2 fueron publicados por
Larson en 1984 y 1986, y más de una docena de volúmenes los siguieron.
La fundación filosófica Paul Brunton completará este
proyecto, durante los próximos años.
La culminación de su permanente búsqueda de sabiduría.
Sus notas son un resumen elocuente de su experiencia. Estas notas son una
fuente sin paralelo para aquellos que están buscando entendimiento. Página
tras página, volumen tras volumen, entremezcla antiguas verdades con
sentido común contemporáneo exponiendo un acercamiento ético, sano, y
cautivante hacia las prácticas espirituales. Su nota clave es el equilibrio
y su mensaje inspirador encierra todas las fases de la experiencia humana.
Sus notas postreras tienen la forma de breves y sucintos pasajes -"pensamientos
semilla", los llama. Deseando traer profundas ideas a un foco
definido, formuló pasajes que llevan a los lectores a un estado de
pensamientos introspectivos y silenciosa contemplación. Sus temas abarcan
desde sutilezas metafísicas a instrucciones prácticas, aunque ellos son, en
realidad, un todo armónico. En resumen, afirman la divinidad en cada
individuo y muestran el camino para la autorealización. El trabajo de
Brunton es contemporáneo. El sabía que la década de los 80, una década de
creciente complejidad global, no sería el momento de retirarse del mundo.
También sabía que la humanidad no podía afrontar por más tiempo seguir, sin
valores más profundos, en su curso destructivo. Por eso él enfatizaba la
necesidad de los individuos de trabajar colectivamente para afirmar la
santidad de la existencia humana, incluso cuando buscan privadamente y en
soledad, la fuente de su propia individualidad. De esta forma, él creía que
esta generación podría construir los cimientos de una nueva civilización
mundial muy necesaria.
Brunton no ofrece atajos para alcanzar la meta ni
realización instantánea. Tampoco ofrece poderes ocultos o soluciones
milagrosas para los problemas cotidianos. Pero él sí ofrece comprensión,
esperanza, consuelo y una invitación a la más grande aventura de todas: el
autodescubrimiento.
"Aprende a penetrar en tu interior, tu más
profundo casi desconocido ser", dice. "Necesitarás
paciencia para regresar día tras día, sin detenerse hasta alcanzar la
verdad, la paz se siente, la bendición desciende. Se necesitará
perseverancia hasta encontrar el nacimiento de la fortaleza. Luego ella te
toma, esto es la gracia. Pero recuerda que después de cada introspección
serás confrontado nuevamente por el mundo, por su dura realidad pero
gloriosa belleza, sus cruentos conflictos pero benignos interludios. Entonces
conocerás el mundo en el que tienes que vivir, sus insignificantes mentes y
nobles almas. Aprende de ambas y cuando hayas visto suficiente de su
superficie, pregunta por su tremendo secreto".
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