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Konvergencias, Filosofía y Culturas en Diálogo. ISSN 1669-9092 |
KONVERGENCIAS LITERATURA Año II Nº 4 Primer Cuatrimestre 2007 |
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CASADA CON LOS LIBROS MARÍA ELENA WALSH (ARGENTINA) |
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Konvergencias rinde homenaje a María Elena Walsh, por
su impar tarea en la literatura y educación en Argentina, reproduciendo párrafos
de su escrito Casada con los libros,
aparecido originalmente en Diario Brujo
(1999). No
hubo rito iniciático ni promesa de terna fidelidad, sólo sucedió temprano,
como algunas bodas primitivas. Estamos envejeciendo juntos, y quizás juntos
nos iremos de este mundo. En épocas inquietas, algunos fueron arrojados por
la borda, otros se extraviaron; los elegidos permanecen en el remanso de la
vida, disputando el espacio y desafiando al olvido. La luz implacable destiñó
sus lomos y a veces la tinta interior, como si empezaran a callar. Son
libros, y uno se ha casado con ellos, prometiendo cuidarse en la dicha y la
adversidad, la enfermedad y la salud. No siempre fue perfecta la convivencia,
pero sí fue imposible la separación. Mundo
de deportados, inundados, exiliados. Multitudes que arrastran sus bártulos
por las aguas y los desiertos: el colchón, la ollita, los atados de trapo,
quizás un perro viejo. ¿Qué haría la casada con los libros en una situación límite?
O, como se suele preguntar: ¿Qué libros se llevaría a una isla desierta? ¿A
qué libro se abrazaría en un avión en llamas? Cuál escogería al ser obligada
repentinamente a mudarse de país o de planeta? (La Odisea, El Quijote, Shakespeare,
Borges... ¡diccionarios!) (...) Diría
que hoy, en casas de gente de posibles, no se ven libros, arrasados por el
torbellino de una decoración de moda que, si los tiene en cuenta es
precisamente como decorado. Desde que recuerde, al entrar en una casa sin
libros a la vista me asalta una inquietud insoportable, sólo quiero irme. (...) De
la reciente y misteriosa Guerra del Golfo, con sus misiles con cabeza inteligente, recuerdo una
imagen fugaz, tras un bombardeo a Tel Aviv. Se veía un modesto departamento
partido por la mitad, y había quedado al desnudo una pared abarrotada de
libros. Libros modestos, manoseados, desordenados, tesoros en todo su
esplendor. (...) Donde
no hay libros hace frío. Vale para las casas, las ciudades, los países. Un frío
de cataclismo, un páramo de amnesia. ¿El
libro está destinado a desaparecer? Paciencia, lo recordaremos y seguirá
viviendo en nosotros, como cualquier difunto querido, mientras adentro nieva
en las pantallas y afuera en la estepa aúllan los lobos.
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