|
Konvergencias, Filosofía y Culturas en Diálogo. ISSN 1669-9092 |
KONVERGENCIAS LITERATURA Año I Nº 3 Septiembre 2006 |
|
|
ALIENACIÓN,
SOLEDAD, Y SOLIDARIDAD EN LA AUTOPISTA DEL SUR, DE
JULIO CORTÁZAR María Elvira Luna Escudero-Alie (Perú) |
|
|
|
|
|
El filósofo alemán Ludwig Feuerbach (1804-1872), y su maestro Friedrich Hegel
(1770-1831), ya habían utilizado antes que Marx el
término“alienación” (Entfremdung) para referirse a
la enajenación del hombre, a una especie de extrañamiento frente a sí mismo
que de acuerdo a Feuerbach y Hegel estaba vinculado
a la religión (cristiana). Karl Marx retomó el
concepto de alienación de Feuerback y Hegel y le
dio una orientación más concreta, lo sacó de la esfera espiritual para
insertarlo en el ámbito socio-económico. Marx, como
bien sabemos, catalogó a la religión como “opio del pueblo”, en tanto función
de paliativo contra la toma de consciencia de la clase trabajadora frente a
su realidad de explotación económica. En el esquema marxista, y en el mundo
sin Dios de Marx (es decir sin trascendencia
espiritual), el trabajo es constitutivo para definir la identidad del ser
humano, y en el sistema capitalista, los obreros trabajan; pero no son dueños
de los medios de producción; sólo poseen su fuerza de trabajo que tienen
obligatoriamente que vender para sobrevivir. De esta manera, el trabajo de los obreros no es útil
para definir su identidad humana,
porque los obreros trabajan, según Marx (y Engels) en condiciones de miseria, en circunstancias por
tanto, deshumanizantes. La alienación, de acuerdo a
Marx, surge de este extrañamiento frente a uno
mismo que produce trabajar para otros y en condiciones de explotación e
injusticia. Karl Marx, analiza la alienación desde
una perspectiva económico-social, en tanto la relación existente entre el
trabajador y su producto. Este concepto marxista de alienación es el que nos
sirve para nuestro análisis de La
autopista del sur. De acuerdo a Jean Paul Sartre la angustia, es la
expresión directa de la libertad del
hombre, porque se origina cuando el ser humano se cuestiona a sí mismo
junto con el resto de la humanidad. Cuando el ser humano se enfrenta a “su
nada” al cuestionarse, es cuando se halla en el territorio de la angustia. Y
de acuerdo a Sartre, el ser humano ha sido “arrojado al mundo” y estamos por
tanto “condenados a vivir”, y a “escoger” a cada instante: “Si
d’autre part, Dieu
n’existe pas, […] Nous sommes seuls, sans excuses. C’est ce que j’exprimerai en disant
que l’homme est condamané
à être libre”. (Sartre, 37) Porque estamos condenados a vivir y a buscar la
libertad, que nos conducirá a una vida auténtica, como seres humanos, según
Sartre, debemos construir nuestra propia existencia, “hacernos” a nosotros
mismos, diseñar nuestros espacios: “Un
homme s’engage dans sa vie, designe sa figure, et en dehors de cette figure il n’y a rien”. (Sartre, 57) Sartre hace una comparación de la angustia humana que
acompaña al ser humano cada vez que cuestiona su propio ser y cada vez que
debe elegir, con la “angustia de Abraham” (concepto de Kierkegaard) al tener
que optar por el sacrificio de su
hijo. De acuerdo a Sartre, la angustia no debe conducir a la inacción, es más
bien una fuerza que nos impele a actuar: “Elle n’est pas
un rideau qui nos séparerait de l’action, mais
elle fair partie de l’action même”
(Sartre, 37). Creemos que este emblemático cuento de Cortázar acepta
por lo menos dos tipos de hermeneútica que no son
excluyentes: marxista y existencialista. Las personas de La
autopista del sur, entrampadas en un terrible embotellamiento de tráfico,
en su viaje de regreso rumbo a París, han perdido la noción de su propia
humanidad al encontrarse en una situación límite inesperada. Los pasajeros de La autopista del sur, unidos de manera casual en el espacio público dela ciudad, en un tiempo sin tiempo; pues como están en
un embotellamiento, el tiempo se encuentra detenido para ellos, son referidos
por el narrador a través de los bienes de consumo que poseen, en este caso;
sus respectivos automóviles. Nadie tiene nombre propio en este inquietante relato de
atmósfera kafkiana. Las personas “cosificadas” por la sociedad de consumo, son entonces
identificadas y diferenciadas por el narrador de acuerdo al rol social que
detentan; monjas, ingeniero, médico, campesinos, etc., y a la marca de auto
que poseen; Taunus, DKW, Caravelle,
Caravelle, Simca, Porsche, Dauphine, etc.: “[…] Quizás ya era media noche
cuando una de las monjas le ofreció tímidamente un sándwich de jamón, suponiendo
que tendría hambre. El ingeniero lo aceptó por cortesía (en realidad sentía
náuseas) y pidió permiso para dividirlo con la muchacha del Dauphine, que aceptó y comió golosamente el sándwich y la
tableta de chocolate que le había pasado el viajante del DKW, su vecino de la
izquierda.[…]” (15) Podríamos parafrasear la famosa frase del filósofo
francés René Descartes (1595-1650): “Pienso, luego existo”, con la más
apropiada para la realidad representada en nuestro cuento: “Posee un auto,
luego existo”, o incluso: “Compro (consumo), luego existo”. Los autos representan en este cuento, una especie de
extensión del cuerpo de sus conductores, y se trata de una extensión muy
importante porque es la que determina su identidad. Los autos también
funcionan como un espacio intermedio entre la esfera de lo público y lo
privado, porque en vista del atolladero, los conductores tienen que
prácticamente habitar y pernoctar en sus autos. Los carros son entonces, y
debido a la situación límite propiciada por el embotellamiento, además de
cuerpo; refugio y hogar donde los
límites de lo público y lo privado se diluyen. Identificar a los
protagonistas (aunque podríamos argüir que los protagonistas verdaderos son
los autos) con el carro que poseen y con el rol que juegan en la sociedad, es
una manera de señalar que están alienados porque su identidad está basada en
categorías que no son permanentes. Es interesante constatar que las personas presas en el
embotellamiento se organizan en torno a un líder, y se reparten trabajos, es
decir, viven de pronto la experiencia de la utopía socialista de la sociedad
sin clases, pues actúan en forma
solidaria, lo cual les ayuda a sobrellevar su circunstancia complicada. No
todas las personas se acomodan a su nueva realidad forzada, sin embargo, y es
así como ocurren algunas muertes; por ejemplo, la de la anciana que muere de
muerte natural, y la del hombre que se suicida, aparentemente por haber sido
abandonado por su amante; y porque no encontró en la solidaridad social de
sus compañeros, suficiente motivación para superar su dolor personal. Es como si Cortázar nos dijera en La autopista del sur, que los proyectos y paradigmas individuales
no triunfan frente a una catástrofe social si no se inscriben en un proyecto
grupal. “[…] Desde luego el hombre se
había suicidado tomando algún veneno; as líneas a lápiz en la agenda
bastaban, y la carta dirigida a una tal Yvette,
alguien que lo había abandonado en Vierzon”.
(Cortázar, 25). El ingeniero del 404 y la muchacha del Dauphine establecen en medio de ese oasis posibilitado
por el embotellamiento, una relación erótica que esperancontinuar
cuando ese paréntesis de tiempo fuera del tiempo se termine, cuando puedan
rehacer sus vidas “normales”. Pero el fin del embotellamiento los toma por
sorpresa y se desencuentran para
siempre en la selva de autos que marchan rumbo a París: “[…] El 404 había esperado
todavía que el avance y el retroceso de las filas le permitiera alcanzar otra
vez a Dauphine, pero cada minuto lo iba
convenciendo de que era inútil, que el grupo se había disuelto
irrevocablemente, que ya no volverían a repetirse los encuentros rutinarios,
los mínimos rituales, los consejos de guerra en el auto de Taunus, las caricias de Dauphine
en la paz de la madrugada, las risas de los niños jugando con sus autos, la
imagen de la monja pasando las cuentas del rosario.[…]” (32). Y el relato de Cortázar termina con el fin del
embotellamiento: “Y en la antena de la radio
flotaba locamente la bandera con la cruz roja, y se corría a ochenta
kilómetros por hora hacía las luces que crecían poco a poco, sin que ya se
supiera bien por qué tanto apuro, por qué esa carrera en la noche entre autos
desconocidos donde nadie sabía nada de los otros, donde todo el mundo miraba
fijamente adelante, exclusivamente adelante”. (33-34) El embotellamiento de tráfico puede interpretarse como
una metáfora de la Historia o como un micro-universo de la sociedad. En
situaciones límite la gente puede solidarizarse entre sí para diseñar
espacios sociales nuevos de intercambio, y así sobrevivir en conjunto, parece
ser el comentario de Cortázar en este cuento. En la cita del final del cuento
vemos cómo las personas recuperan su individualidad (después de haber vivido
como cuerpo colectivo en una situación de refugio), sus narrativas
personales, sus tendencias individualistas, muy compatibles con el sistema
capitalista: “todo el mundo miraba fijamente adelante, exclusivamente
adelante”, sin fijarse en “los otros”. Recordemos que Cortázar compartía el
proyecto socialista cuando escribió este cuento. Los protagonistas de La
autopista del sur, también viven vidas solitarias, y alienadas; pero lo
interesante es que la mayoría de ellos logra vivir en comunidad de manera
solidaria, cuando surge la oportunidad; cuando se organizan bajo un líder en
ese oasis de tiempo que les ha permitido angustiarse y por lo tanto
preguntarse por su propia vida, hacerse la pregunta del “ser para sí”. Bibliografía
consultada
Baudrillard, Jean. The consumer society.
Ed. Sage. Londres: 1998. Cortázar, Julio. Todos
los fuegos, el fuego.Ed.
Sudamericana-Planeta. Habermas, Jürgen.
The
future of human nature .Cambridge, Jameson, Frederic.
El postmodernismo o la lógica cultural
del capitalismo avanzado. Barcelona: Ediciones Paidós,
1991. Luna-Escudero-Alie,
María-Elvira. Una lectura
existencialista de la narrativa del primer Cortázar. Quaderni Ibero
Americani ( Marx
& Engels. Basic
Writings on Politics & Philosophy. Ed. Anchor, Sartre,
Jean Paul. L’Existentialisme est un humanisme. Ed. Nagel,
Suiza 1970.
|
|