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Konvergencias, Filosofía y Culturas en Diálogo. ISSN 1669-9092 |
Número 2 Año I Enero 2003 |
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LA NUEVA
INOCENCIA. ENTREVISTA
CON RAIMON PANIKKAR. Carmen Font Traducción: Laura Aroza |
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Carmen Font: Como
científico, filósofo, teólogo, Hindú, como partidario del diálogo entre
religiones, estará de acuerdo con el hecho de que hoy en día la humanidad se encuentra
a sí misma enfrentándose a un desafío: salvar sus enormes desequilibrios
entre aquellos que comen y los que no, entre aquellos que parecen vivir bien
y aquellos que están pidiendo un cambio a gritos ¿Es posible que el presente
estado de cosas continúe? Raimon Panikkar: No, por supuesto que no. La
situación actual no puede seguir así por mucho tiempo, y no nos llevará a
ninguna parte. Y si las cosas no cambian, la alternativa es la destrucción.
Estamos en el final del Kali Yuga. Yo diría que en vez de desequilibrio hay
una situación de injusticia que hay que resolver, porque sin justicia nunca
podrá haber paz. La paz no es sólo un ideal, es una necesidad, porque la
alternativa sería una catástrofe humana y planetaria. Nuestro sistema
competitivo, en el que sólo las cosas que pueden tener valor económico están
consideradas como valiosas, no puede ir muy lejos. CF: Entonces, según su opinión, ¿cuál es
la mejor forma de vencer a estas injusticias? RP: Se requiere una regeneración, una revitalización de
culturas (en concreto las llamadas culturas "tercermundistas") que
significan lo que yo llamo "desarme cultural". La paz no puede
llevarse a cabo meramente por un desarme militar. Requiere un
"desarme" de las culturas predominantes, el abandono de las
actitudes rutinarias en las que se ha desarrollado la cultura moderna y
occidental. Esto también incluye dejar que se pierdan o volver a pensar en
los valores tradicionales adquiridos, y aquellos que hoy en día consideramos
no negociables —como progreso, tecnología, ciencia, democracia y el mercado
económico mundial—. Impensablemente nosotros imponemos nuestro sistema de
valores como condición indispensable para establecer un diálogo con otras
culturas. Pero no hay que olvidar que, al mismo tiempo, el 70% vive en
condiciones de inferioridad y degradación, y, por supuesto, es una ofensa
hablar de diálogo si las condiciones de igualdad están ausentes, si alguien
está pasando hambre y está privado de toda dignidad humana. Si consideramos
otras culturas como iguales, no tardaremos mucho en considerar el criterio
"moderno" como una condición necesaria para crear la paz eterna
para la humanidad. CF: A través de esta regeneración, ¿cómo
podríamos dirigir nuestros asuntos políticos, económicos y sociales para
alcanzar la igualdad? RP: En primer lugar, es importante darse cuenta de que hoy
en día no hay sólo un grupo —político, económico, social o religioso— que
puede resolver los problemas del mundo. Una transformación o regeneración de
la sociedad, de nosotros mismos, de nuestra cultura, no hace efecto si
intentamos llevarla a cabo por nuestra cuenta, olvidando el pluralismo
inherente de la humanidad. Muchos de nuestros problemas diarios
surgen cuando un grupo pretende imponer su visión, creyendo que sólo existe
una solución, y esa solución es, por supuesto, su solución. Esto es el
fundamentalismo. Hay muchos modos y grados de fundamentalismo, algunos más
destructivos que otros, pero al que me refiero yo es a aquél que está
convencido de que nuestras ideas son las únicas que son reales y que
ellas son absolutas o al menos definitivas. Es complicado encontrar a alguien
con una actitud verdaderamente abierta, limpia de absolutismos. CF: ¿Cómo se traduciría esto a la práctica
cuando se trata con asuntos como, por ejemplo, el desarrollo? RP: Con la cuestión del desarrollo, estamos haciendo lo
mismo, de verdad: pretendemos ayudar a aquella parte del mundo que llamamos,
más bien con aire paternalista, el "Tercer Mundo", con los
parámetros del Primer Mundo. La cuestión Norte-Sur es una parte importante
del problema, y no la raíz. En la raíz de esto hay la imposición de nuestra
visión de cómo debería proceder el desarrollo, qué debería ser. Nosotros
hemos contribuido a su subdesarrollo implantando nuestra noción de qué es el
desarrollo en países que son económicamente menos favorecidos que los
nuestros. Las naciones no tienen que desarrollarse de acuerdo con lo que
nosotros entendemos por desarrollo, pero tendrían que ser libres para hacerse
cargo de ellos mismos. Eso quiere decir que nuestro sistema económico tiene
en cuenta a la gente, no a las cosas. Si imponemos nuestra idea de que el
desarrollo de un país consiste en tener un sistema económico próspero y
competitivo, de que la gente de ese país en concreto tiene autos y lleva el
mismo estilo de vida que nosotros, entonces estaremos imponiendo nuestra
noción de desarrollo. Ellos no son países subdesarrollados, pero sí países en
camino de la auto-realización y ahí estamos todos incluidos. Pero, por
supuesto, hay problemas de escasez de alimentos, vivienda, asistencia
sanitaria y educación que tienen que resolverse lo antes posible. CF: ¿Esto supondría una redistribución de
alimento y recursos en general? RP: No una redistribución entendida como "nosotros, los
países ricos enviamos comida y construimos casa en los pobres países
subdesarrollados", pero sí una distribución equitativa de tales recursos
en cada país. Esto implica que tenemos que hacer que crezcan, por ejemplo,
las cosechas desde ese país en particular y construir casas con materiales de
allí. Avanzar de esta forma supone un esfuerzo, pero no es un sueño utópico.
¡Creo que hoy en día no comemos alimentos sino "kilómetros"!. Por
regla general, no consumimos todo aquello que producimos en nuestros países
sino que importamos bastante de otros países. Hay varias formas con las que podemos
ayudar a esos países "subdesarrollados" para que lleguen a ser
autosuficientes, pero no imponiéndoles nuestra noción de desarrollo; ese tipo
de desarrollo normalmente sirve sólo para agrandar los ya saturados mercados
del mundo industrializado. Todos sabemos que hay fuertes intereses económicos
que previenen a los países de realizar todo su potencial. El ejemplo de la
deuda externa refleja lo que es inmoral en nuestra ayuda. CF: ¿Pueden organizaciones como Naciones
Unidas y conceptos como "democracia" continuar siendo nuestras
mejores opciones políticas? RP: Las Naciones Unidas, en vez de una agencia de naciones,
parece una agencia de estados, y no es lo mismo. Tratan asuntos políticos, de
estado, que obviamente, son importantes para cierta paz externa, pero que no
necesariamente tienen en cuenta los intereses de la nación, de la gente. Las
Naciones Unidas pueden y deben ser criticadas, pero hoy es la única
institución que tenemos para mantener el orden internacional. Debe
transformarse desde las raíces, pero no destruirse. Usted ha preguntado sobre la democracia.
No creo que podamos hablar a cerca de una democracia real si no incluimos la
idea de consenso. Aceptar una decisión simplemente porque la mayoría decide
que no me parece muy natural. El consenso requiere una técnica muy especial,
y aún somos "analfabetos democráticamente". Por culpa de nuestra
falta de visión y paciencia, siempre escogemos el camino más corto. Tenemos
que aprender a poner en práctica el consenso, primero en las comunidades
pequeñas y después agrandar el círculo de acción. En algunas comunidades eso
ya existe. CF: Me gustaría seguir ahora con una de
sus citas: "Cuando el hombre rompe su conexión con la tierra,
queriendo realizarse a sí mismo, se convierte en un monstruo que se
autodestruye. Cuando el hombre rompe su conexión con el cielo, queriendo ser
su propio guía, se convierte en un autómata que destruye a otros".
Ha dicho que ambas, la paz externa e interna, son imprescindibles ¿Cuál de
las dos siente Usted que es nuestra correcta relación con el cielo y la
tierra? RP: Podrían existir las dos, horizontal y vertical al mismo
tiempo. La individual separada de las otras, o de la tierra o de lo divino,
no existe. Nosotros, por naturaleza, pertenecemos tanto a la tierra como a lo
divino. Somos partes conscientes y libres de un todo, pero no como marionetas
que se pueden manejar fácilmente con hilos, sino más bien nos encontramos a
nosotros mismos en el interior de una red o entrelazado cósmico. El ser
humano es una persona, no un individuo. Tengo el concepto de persona como
"un nudo en una red" de relaciones. Estos hilos nos conectan con
nuestros semejantes, con la tierra y con lo divino. Cuanto más consciente es
la persona, más cuenta se da de que su persona extiende la mano a los
confines del mundo. Esto es un hombre realizado. CF: Dentro de esta red, ¿cómo aprenderemos
a mover los hilos correctos? Tradicionalmente, las religiones nos han servido
para proporcionarnos puntos de referencia. Hoy en día, sin embargo, demasiada
gente rechaza estos sistemas religiosos porque no tardará mucho en
sobrepasarlo, dándose cuenta a la vez que existe otra dimensión de la
realidad de la cual todavía no somos conscientes ¿Qué es lo que está
cambiando en nosotros? RP: La realización de que no existe una separación entre
nosotros y nuestra realidad, y de esto sale una nueva conciencia, lo que yo
llamo una nueva inocencia. En términos generales, emerge desde el
conocimiento de nuestra "ignorancia", de saber que nuestro
conocimiento no es un conocimiento exhaustivo, no porque conocemos la ignorancia
sino porque entendemos nuestras limitaciones: es una conciencia nacida del
conflicto del conocimiento. Entonces es cuando superamos el conocimiento a
través de un salto de fe, confianza, sensibilidad e intuición. Debajo de
todas estas bases debería estar lo que yo llamo Principio Cosmoteándrico,
en donde lo que es divino, lo que es humano y lo que es del planeta (dejemos
que cada uno encuentre su propia terminología) son las tres únicas
dimensiones que constituyen lo que es real. Estas tres partes no están
yuxtapuestas simplemente por casualidad, sino que básicamente están
relacionadas y todas juntas constituyen el Todo. Son partes porque no son el
todo, pero no son partes que puedan estar separadas del todo. CF: ¿Cómo puede ser que los grandes Maestros
de las diferentes tradiciones religiosas hayan coincidido aquí? Estará de
acuerdo conmigo en que han sido los grandes seres quienes han introducido
profundas revelaciones. RP: Sí, en realidad han existido grandes seres que han
introducido nuevas revelaciones que han transformado nuestra forma de
concebir el mundo, y si ellos nos han impresionado es porque dentro de
nosotros mismos aún tenemos una conexión con lo que nosotros vemos como
verdadero. Es decir, no habríamos aceptado sus revelaciones o enseñanzas sino
lo viéramos como parte de nuestra realidad. Por supuesto, la revelación ha sido
explicada por varias tradiciones de distintas formas: Dios, la más grande
revelación de una luz divina, reencarnación, espíritu, etc. Como quiera que
se entienda, es un hecho en la historia que han existido maestros de la
humanidad que han sido portadores de sabiduría. Pero a veces los mensajes son
claramente diferentes, lo no quiere decir que sean incompatibles o que sean
todos ellos iguales: sería una monotonía. La realidad es miscelánea y siempre
nueva. CF: Pero si lo Divino se revela a sí
mismo, ¿tendrá algún motivo para hacerlo?. RP: No quiero parecer un dualista o muy antropomórfico,
pero entiendo que podamos hablar de un propósito. Sin embargo, no creo que
este plan o propósito esté fijado, como si el mundo estuviera a la merced de
un propósito desde el principio de los tiempos. Pensar así nos alienaría de
la realidad y nos permitiría apartarnos de las responsabilidades. Lo que se
necesita para arreglar los problemas del mundo es unir los esfuerzos de la
gente, con una nueva conciencia (o una nueva inocencia). Debemos superar la
era del individualismo y las ideologías. Y no estamos solos, que es
importante. La nueva conciencia que intenta emerger es una de las que se da
cuenta de que hay ciertas cosas que no entendemos pero de las que formamos
parte. Sin embargo, nuestra incomprensión no nos excusa de tener
responsabilidad. Por el contrario, tenemos que asumirla como si nunca antes
lo hubiéramos hecho. Es una labor solidaria, pero eso no será suficiente.
Tenemos que invocar ayuda del cielo. CF: ¿Es ahora el momento ideal para
recibir ayuda? RP: Sí. Si antes ha habido manifestaciones divinas, no podemos
asumir que nunca volverán a ocurrir. Además, la situación actual del mundo,
nueva en la historia de la humanidad, podría ser el momento ideal para una
nueva revelación. No sé si a través de los Maestros que vinieron antes o de
unos nuevos, no creo que eso sea muy importante. Pero podría ser que esta
revelación no tenga mucho que hacer, o al menos no lo parece, con los que
conocemos hasta el momento. La realidad siempre es nueva. Nota: Publicado originalmente en Share
International., London, Octubre 1996 |
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