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Konvergencias, Filosofía y Culturas en Diálogo. ISSN 1669-9092 |
Número
14 Año IV Primer Cuatrimestre 2007 |
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EL ABSOLUTO Y EL PRINCIPIO DE
CONTRADICCIÓN ARTURO GARCÍA
ASTRADA (ARGENTINA)
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1. Pensar es pensar el Absoluto;
por ello mismo el pensar debe partir del Absoluto. Si no lo hace pretende transitar cualquier vía finita para llegar a
él nunca lo alcanzará y sólo
logrará extraviarse en medio de esas infinitas vías. En esa búsqueda el
Absoluto será siempre un convidado de piedra, será siempre el gran ausente y el pensamiento, entonces, cederá su puesto a la
mera opinión, a la doxa. Pensar el Absoluto es, pues, asumir una
esencial para-doxa. Pensar no es
tanto contestar una pregunta, sino dar testimonio; no es tanto responder a un
por qué, sino corresponder a lo que es; no es tanto demostrar, sino
mostrar. 2. El Absoluto es; el Absoluto es
el Ser y nada hay fuera de él. El Absoluto es Uno y eterno y ha sido
encadenado por el destino, como dice Parménides, a ser necesariamente lo que
es. Como el Absoluto es Uno y nada hay fuera de él, el Absoluto es Todo.
Cuando Heráclito habla de esa experiencia y dice que Uno es Todo, En panta, afirma que no es él quien lo
dice sino que lo dice el Logos a
través de él. Y porque esta afirmación no es una opinión individual de
Heráclito, ni de nadie, sino que puede ser escuchada por quien, habiendo
hecho silencio en su interior, ha sabido escuchar al Logos, puede
encontrarse, en palabras casi textuales, en toda auténtica sabiduría, En el Bhagavad
Cita, por ejemplo, leemos estas palabras que Krishna le dirige a Arjuna:
"Quien me conoce lo conoce todo, y ama el Uno en Todo. 3. La afirmación de que el Absoluto
es, no significa que podamos tener un conocimiento objetivo de él. Por el contrarío,
todo conocimiento objetivo está mentando a un algo determinado, a un ente
finito y, por lo tanto, no aludiendo sino eludiendo al Absoluto. Nuestro
decir es entitativo; nuestras palabras siempre están referidas a cosas y en
el indiscriminado uso de aquéllas se corre el permanente riesgo de quedar
alienados en medio de estas cosas. No es la abundancia de palabras lo que nos
aproxima al Absoluto sino, más bien, es el silencio asumido en toda su
profundidad el que nos hace morar en su cercanía. Cuando faltan las palabras
no queda otro camino que el pensar, y cuando las palabras sobran el pensar es
el que falta. 4. El Absoluto es lo ilimitado, lo
incondicionado, el to apeiron, del que habla Anaximandro, el Caos, del
que habla Hesíodo. Al abarcar la Totalidad de lo que es, en el Absoluto están
los contrarios; es esencialmente, coincidentia oppositorum. Como en
él todo está fundido con todo, el absoluto consiste también, de un modo
esencial, en una con-fusión entitativa. Recordemos las palabras de Heráclito:
"Dios es día-noche, invierno-verano, guerra-paz, hartura-hambre". 5. El Absoluto, al no ser ninguna
cosa finita se muestra coma una Nada frente a todo lo determinado, a todo lo finito, a todo lo entitativo.
Para enfatizar que cuando se escucha al Logos se dice siempre lo mismo
de lo mismo es conveniente que actualicemos en nuestra memoria -sin ningún
deseo de erudición ni de eclecticismo- dos testimonios de ámbitos culturales
muy distintos. El primero es el de Plotino cuando dice: "La maravilla
anterior a la inteligencia es el Uno que es no-ser... él no tiene,
verdaderamente, ningún nombre verdadero, pero si es necesario darle un nombre
se lo puede llamar Uno... " El otro lo encontramos en el Tao-Te Ching
de Lao-Tsé donde podemos leer: "Porque es Infinito (el Tao) no se lo
puede nombrar. Se remonta al no-ser de las cosas y es la forma sin forma, la
figura sin figura". La experiencia del pensar, frente a
este abismo en el cual sólo hay una abolición y con-fusión entitativa,
no puede 5er sino una experiencia confusa. Toda actitud filosófica que
pretenda fundarse en ideas claras y distintas tiene vedado el acceso a esa profunda experiencia desde la
cual el pensar es vocado y a la cual él tiene que invocar cada vez que quiere
dar testimonio de lo que es su más íntima tarea. 6. Al abarcar la Totalidad de lo
que es, al ser Uno en Todo, el Absoluto pose simultáneamente todo aquello que
desde una perspectiva finita transcurre temporalmente. En todo lo que, desde
esta perspectiva es,ha sido o será,
el Absoluto está presente eternamente. Igualmente al ser ilimitado, no
hay lugar donde él no esté absolutamente. Tiempo y espacio y el orden que
ellos instauran no son perspectivas propias del Absoluto sino que en el
abismo que él supone, aquellos quedan abismados y abolidos. 7. Un factum del pensar
humano es que el Absoluto no permanece encerrado en sí mismo, sino que
despliega lo que en él está contenido. Despliega, pues, su coincidentia
oppositorum y pone frente a sí mismo lo finito; pone, de este modo, aquello
que es negación de lo Infinito: omnis deterrninatio est negatio. Al
hacerla el Absoluto sale de su Caos y establece un mundo, un cosmos.
El Absoluto es, entonces,
fundamento de todo lo determinado y diferenciado; es fundamento de todo lo
finito. 8. En el ámbito de lo finito,
instaurado por el despliegue del Absoluto, ninguna cosa tiene en sí misma su
razón ser. Sin embargo sin una razón o causa -causa sive ratio- ninguna cosa puede ser: nihil
est sine ratione. El principio
de razón suficiente, válido para la totalidad de las cosas nos
dice, pues, que ninguna puede existir sin una causa. El concepto de ésta es
la relacional y está referido a un efecto. Causa es lo que causa un efecto, lo que produce una cosa
y está aludiendo, de este modo, a un algo que procede de otro algo. Pero
causa no está mentando necesariamente a un primer algo ya que de causa en
causa puede proseguirse indefinidamente. Para la idea de comienzo y punto de
partida los griegos usaban la palabra arké, principio, fundamento -Crund, en
alemán-. Cuando la filosofía pregunta por el ente en cuanto ente y se hace problema de que éste sea y no sea más bien la Nada, no se detiene en
cualquier causa sino que pretende llegar hasta el origen y fundamento de
todo. Este fundamento de todo ente es el Ser. El principium rationis, vigente
en el orden entitativo, nos remite, pues, al Ser. Si nihil est sine
ratione el Ser aparece como la razón última de todo ente. Como resultado
de nuestra búsqueda de el por qué del ente, sobre un fundamento, nos
encontramos con el Ser como esa razón buscada. Pero el Ser, siendo principio
no puede tener un fundamento anterior a él que lo explique. Resulta,
entonces, que el Ser siendo razón de todo, él mismo es sine ratione, es decir sin fundamento, Ungrund.
No siendo por otro ni desde otro sino por sí mismo y desde sí mismo el
Ser esencialmente es aseitas. 9. El Ser es sin fundamento, sin
razón, sin por qué. Pero el Ser al fundamentar deja de ser simplemente
Ser y se entifica. Ahora bien, el fundamento sólo es tal en la medida que es
fundamento de algo ya que sin algo fundado no hay fundamento posible. Por
ello resulta lícito decir que si el fundamento fundamenta lo fundamentado,
también lo fundamentado fundamenta al fundamento en tanto fundamento. Sucede
Como en la relación padre-hijo: el padre es fundamento del hijo pero, a su
vez, el hijo es fundamento de que el padre sea padre. Esta es una inevitable
circularidad dentro de la cual el pensamiento se mueve. Desde que el Ser es
pensado como fundamento necesariamente se lo piensa no como estático, sino
como pura actividad, que no permanece en sí mismo, sino que pone frente a sí
un mundo de alteridad: pone lo otro, lo finito. De este modo,
entonces, lo finito que tiene su fundamento en el Ser, es el fundamento que
hace que el Ser no sea simplemente Ser, sino, además, Fundamento. Para que el
Ser sea Fundamento se necesita, pues, una Totalidad pero ésta no depende de
nada, ya que fuera de ella nada hay; está suelta de todo -ab alio solutum- y, por tanto, es el Absoluto. 10. Lo finito, sin embargo,
participa y es parte del Absoluto ya que fuera de éste nada hay. En tal
sentido no es lo opuesto a lo Infinito, al Absoluto, sino inmanente a él y en
esa Infinitud lo finito encuentra su verdad y plenitud. 11. El despliegue del Absoluto,
mediante el cual es puesto lo finito no puede tener su fin sino en sí mismo
ya que nada hay fuera del Absoluto. Este despliegue es, pues, el movimiento
perfecto, el movimiento cíclico del que habla Aristóteles que siendo infinito
va poniendo, en la inmanencia de su desarrollo, todo límite y todo término.
Aristóteles lo expresa con estas palabras: “Este movimiento, siendo
perfecto, contiene los movimientos imperfectos que tienen un límite y un
término, y no teniendo él ni comienzo ni fin sino durando interminablemente
durante un tiempo infinito es para los otros movimientos la causa de su
comienzo y la meta de su cese". 12. En aquel despliegue lo que era coincidentia
oppositorum se hace presente en una sucesión que rechaza la simultaneidad
de los contrarios. Por esto motivo el desarrollo de este movimiento, en el
cual surge la individualidad finita, el tiempo y el espacio constituyen la
raíz última del principium
inividuationis. 13. El 1 despliegue del Absoluto está regido por el Logos
y "todas las cosas acontecen según este Logos", como lo
afirma Heráclito. Se explica, pues, que otro pensador que también supo
escuchar y dar cabida en la palabra a lo escuchado, Spinoza, diga que
"pertenece a la naturaleza de la razón considerar las cosas no como
contingentes, sino como necesarias... y considerarlas como poseyendo cierta
especie de eternidad". 14. El Logos acompaña en
este despliegue a la finitud de lo finito y él, entonces, también se hace
razón finita. El Logos se hace lógico –y luego logístico- y con ello se pone de manifiesto que lo lógico
es una forma derivada y determinada del pensar y
que en éste encuentra su fundamento aunque de ningún modo lo agote ni se
identifique con el pensar. Aquél es el momento cuando comienza a regir el principio
de contradicción, válido en
el ámbito de los conceptos, juicios y razonamientos, y que según la fórmula
aristotélica reza "Es imposible que una cosa y no sea al mismo tiempo y
en una misma relación". El principio de contradicción es una condición de la razón finita referida a
lo condicionado y a lo limitado. Dentro de este campo él es el insoslayable
primer principio de toda demostración, aunque él no es objeto de ninguna
demostración, pues si lo fuese ya no sería un primer principio. Su conocimiento,embargo,
goza de una dignidad mayor que la que puede obtenerse de cualquier
demostración ya que su evidencia no es demostrable sino, simplemente,
mostrable. La inteligencia ve de un modo inmediato lo que es una verdad
inmediata. 15. Siendo condición de lo
condicionado, el principio de contradicción tiene vigencia únicamente para una perspectiva que se mueve en
un ámbito de diversidad entitativa, entre cuyas partes establece un orden de
relación y un orden temporal. El es suprema ley de la razón finita, de la ratio,
que pro-ratea entre los entes, que mide, calcula y razona en medio
de ellos, estableciendo un orden y conformando todos los juicios y
razonamientos que sobre ellos podamos hacer. Infringir este principio es caer
en total desvarío y desorden mental con relación al mundo de los enters. 16. El Absoluto -aunque fundamento
y plenitud de condiciones- es, como ya escuchamos, lo incondicionado, lo que
no puede estar condicionado por nada y, por tanto, no puede estar
condicionado por el principio de contradicción. La
contradicción, sin embargo, al trascender el ámbito de lo condicionado y de lo finito nos acerca al Absoluto y hacerse cargo de ella es ineludible tarea para
quien quiera aproximarse a ese misterio en el cual se abisma el pensamiento del
hombre. En esa aproximación el Absoluto está siempre más allá de todo
concepto y sólo un salto y una entrega le
permite a lo finito encontrar en aquél su verdadera plenitud. De esa entrega
habla este poema de Hölderlin: Yo me entrego a la Inmensidad Soy en ella, soy Todo, soy sólo ella. El pensamiento se extraña Se estremece ante lo Infinito y atónito no concibe La profundidad de esta visión. 17. La entrega al Absoluto libera
de quedar definitivamente encadenado a las rígidas distinciones que la
razón, regida por el principio de contradicción, hace en el ámbito de
lo condicionado y limitado;
libera también de quedar definitivamente encadenado a las redes temporales a
las cuales condena inexorablemente el principio de individuación. El salto al Absoluto requiere, en
definitiva, no quedarse en las cosas sino remontarse al no-ser de
ellas, a la vacuidad de ellas; requiere advertir como todas las cosas son la
aparición o apariencia de algo que permanece inmutable y eterno; requiere advertir como todas las cosas,
después de la aparición desde ese algo a él retornan. En el Tao-Te-Ching leemos:
Alcanza la total vacuidad para
conservar la paz. De la aparición bulliciosa de todas las cosas, contempla
su retorno. Todos los seres crecen agitadamente, pero luego, cada uno vuelve
a su raíz. Volver a su raíz es hallar el reposo. Reposar es volver a su
destino. Volver a su destino es conocer la eternidad. Conocer la eternidad
es ser iluminado |
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