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Konvergencias, Filosofía y Culturas en Diálogo. ISSN 1669-9092 |
KONVERGENCIAS LITERATURA Año II Nº 4 Primer Cuatrimestre 2007 |
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EL SUEÑO DEL PONGO DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS; SIGNIFICACIONES LÚCIDAS DE LA GRAN AVENTURA DE LOS ‘60 KARINA GARCÍA ALBADIZ (CHILE) |
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Mi testimonio es convicta y confesamente un testimonio de
parte. Todo crítico, cumple consciente
o inconscientemente, una misión….Mi crítica renuncia a ser imparcial o
agnóstica…..Declaro sin escrúpulo, que traigo a la exégesis literaria todas
mis pasiones, e ideas políticas… José Carlos Mariátegui si
uno quiere analizar una época que se manejó fuertemente por ideas, tiene que
restituir la centralidad de ellas Beatriz Sarlo Sólo bebo conciencia… Ámbar
Zumbayllu ABSTRACT
This paper gives a report of how a Peruvian
intellectual of the 60, Jose Maria Arguedas, leads itself to think in the
Latin American reality, allowing that in the quechua story “El sueño del
pongo” articulate four fundamental theoretical corpus of the period: the Marxism-Leninism;
the theology of the liberation; the theory of the dependency
and the sartrean existentialism.
This article looks to think in the identity and the Latin
American alteridad present in the literary story, in the light of the
mentioned corpus. RESUMEN
Este trabajo de investigación da cuenta como un
intelectual peruano de los 60, José María Arguedas (1911-1969), se aboca a pensar la realidad latinoamericana,
permitiendo que en el cuento quechua
“El sueño del pongo”, se articulen cuatro corpus teóricos
fundamentales en el periodo como son: el marxismo-leninismo; la teología de
la liberación; la teoría de la dependencia y el existencialismo sartreano.
Este artículo busca pensar la identidad y alteridad latinoamericana,
presentes en este relato literario, a la luz
de los citados corpus. 1.Rupturas,
correlaciones de poder y nuevos corpus teóricos. En los
años 60, se generan las principales rupturas, así como los corpus teóricos
vigentes hasta finales de siglo. En
éstos años, hay un cambio de sensibilidad social respecto a las minorías
étnicas, políticas y sexuales, lo que se observará, por ejemplo, en la
apertura que tiene lugar en Latinoamérica respecto a distintos grupos
indígenas, a las mujeres y los homosexuales, etc.; así como
en las alianzas estratégicas
que se darán entre los mismos países pobres para resistir la ideología norteamericana dominante. Es
además una época fuertemente tensionada por el término de la Segunda Guerra
Mundial y el origen de la trama conspirativa que significo la guerra fría, ya claramente ideológica y
desterritorializada, lo cual configuró un nuevo orden político, dando paso a
la bipolarización del mundo en dos
grandes bloques. Es este escenario el que obligará a que Latinoamérica
replantee su posición en estas nuevas
correlaciones de poder. Aquí no cabe olvidar el influjo de la Revolución Cubana
en el cono sur de América, lo que “otorgará al marxismo un nuevo prestigio
entre los intelectuales latinoamericanos y un optimismo frente al nuevo
sujeto de la representación: el pueblo como masa trabajadora y desde
este punto de vista el proyecto político y cultural de la revolución cubana
coincidió con la actitud revolucionaria de importantes sectores
latinoamericanos”.(i) Dentro
de este contexto, Latinoamérica es capaz de recepcionar “el existencialismo
como humanismo”(ii) propuesto por
Sartre, lo que obligará al marxismo a
replantear sus visiones clásicas, transformándose en lo que Oscar Teerán
denominará “una especie de Humanismo”(iii).
Junto al marxismo, se generarán otras teorías importantes de las Ciencias
Sociales, que en este tiempo alcanzan un auge, por una parte, la teoría de la modernización y por otra, la teoría
de la dependencia, generadas principalmente en Chile por intelectuales
exiliados de diferentes lugares de Latinoamérica. Ambas teorías fueron
desarrolladas al amparo de la CEPAL e implicaban una fuerte transformación social y
política. Todo
esto transcurría en el contexto del boom latinoamericano que buscaba plantear el concepto de autonomía cultural,
fortaleciendo las distintas instancias políticas y sociales del continente.
Es importante aclarar que la palabra boom es un término económico
onomatopéyico que alude en lo
cuantitativo a una internacionalización de la literatura
latinoamericana y en lo cualitativo, al surgimiento de un lenguaje inédito
que definitivamente superará el realismo. Por último, dentro de la Iglesia
Católica latinoamericana se genera la teología de la liberación que representa a la
Iglesia de los pobres que dará una
fuerza a todos los sectores oprimidos de la sociedad. En
síntesis, los años 60 son
terriblemente fértiles, ya que concretizan experiencias inéditas en la
historia latinoamericana, experiencias de apertura que e terminarán con el
advenimiento de las dictaduras en nuestro continente y la instalación
definitiva del modelo neoliberal. En este contexto, muchos escritores latinoamericanos se
abocaron a pensar la realidad latinoamericana y lo que pretende este trabajo
de investigación es ver como se superponen algunos de estos corpus teóricos
en el cuento en cuestión, en la creencia que la literatura sigue siendo clave
para comprender la cultura de un pueblo porque forma parte del “fondo de
imágenes básicas de una nación”(iv)
y que como tal representa la tensión
entre identidades y alteridades.(v) Para
llevar acabo lo anterior dividí este pequeño cuento, publicado en 1965, en
tres momentos, denominando al primer momento: conflicto de dos mundos; al segundo: el corredor del martirio y al
tercero: el sueño del pongo, relacionando cada momento con él o los corpus teóricos que,
según mi parecer, se imponían. Así, el
primer momento lo conecté con el marxismo-leninismo; el segundo, con
el existencialismo sartreano y la teoría de la dependencia y el tercero con
la teología de la liberación. 2.
Conflicto de dos mundos. Me
parece necesario partir comentando que en el fondo de El sueño del pongo lo
que hay es un conflicto entre dos mundos: el mundo indígena, representado en
el “pongo” y el mestizo y el mundo de los blancos, representado en el patrón
y los colonos. Las tentativas teóricas de abordar un tema tan descomunal como
la convivencia de estas dos
tradiciones y visiones de mundo antagónicas han oscilado entre los conceptos
de aculturación, mestizaje cultural, transculturación y superposición de
culturas.(vi) La
concepción de la “superposición” es la adoptada por el escritor peruano José
Carlos Mariátegui (1894-1930), que habla como se superponen dos tradiciones
culturales que conviven dramáticamente sin fusionarse. Desde este punto de vista, Mariátegui se adelantó a su
tiempo y ya en los inicios del siglo XX sintetiza el pensamiento
latinoamericano, convirtiéndose en el punto a partir del cual se organiza la
problemática latinoamericana hasta nuestros días, estableciendo la cuestión
cultural como un espacio donde dialogan los diferentes aspectos de la vida
civil, dependiendo de la distribución y explotación de la riqueza. Por lo
tanto, algunos conceptos de este pensador nos servirán en el análisis de El
Sueño del Pongo, cuento de la narrativa social, ya que en el decir de
Ángel Rama “traduce diversas perspectivas sectoriales, de clases o grupos”,(vii) sobre todo, pensando que tanto
Arguedas como José Carlos Mariátegui responden a un análisis marxista de la
cultura. Entonces debiéramos partir diciendo que El sueño del pongo es un relato quechua y que por lo tanto se
alimenta del sentimiento indígena y de la tradición autóctona(viii) y que los nuevos regionalistas
son, ante todo, indigenistas y que para Mariátegui “lo indígena es sobre
todo la calificación histórica de lo popular en el Perú”,(ix) por lo tanto, para este autor la cultura y el artista es un
intérprete de las transformaciones sociales en contraposición al
intelectualismo burgués y que por el carácter no orgánico de la cultura
nacional en el caso peruano por su origen colonial, sólo puede ser superado a
partir de un proceso de reconocimiento de códigos no dominantes, a través de
los cuales se expresan los valores e intereses de los sectores oprimidos.(x) Mabel
Moraña, citando a Cornejo Polar señala que los estudios sobre el área andina
rescatan la existencia de sistemas culturales diferenciados que revela a la
nación como totalidad contradictoria y fragmentada, atravesada por formas
comunicacionales, modos de producción económica y cultural y agendas
políticas que contradicen la utopía liberal de la unificación nacionalista.(xi) En
esta etapa de redefinición de las culturas nacionales, Mariátegui hace
patente un tránsito entre una cultura dominante y una cultura popular donde
el realismo aprehende y objetiva artísticamente la conflictividad social y donde la
fantasía es un elemento inherente a este “arte nuevo” o “cosmovisión
alternativa” como parte de una nueva forma de conciencia social. En
este contexto, Arguedas es el más grande intérprete del indio peruano y debe
su penetración de la mente india a circunstancias de su educación. Además
habló el quechua antes que el español y creció con un sentimiento de profunda
simpatía y admiración hacia los indios.(xii)
Para Arguedas, el desenvolvimiento de una cultura nacional peruana y de una
arte original peruano depende del reconocimiento de que el indio es el
verdadero elemento importante de la vida nacional y ese reconocimiento pasa
por transformar el sistema económico que considera al indio como inferior y
que por lo tanto valida su subordinación. Este
conflicto está explicitado desde el inicio del cuento entre el
dueño de la casa-hacienda y el
pongo “que era pequeño, de cuerpo miserable, de ánimo débil, todo lamentable;
sus ropas viejas”(xiii) y ante el
cual el gran señor “no pudo contener
la risa”. Sin embargo, este conflicto explícito, implica uno implícito que es
la búsqueda de Arguedas de elaborar un
castellano cuya escritura estuviera basado en la oralidad, por eso incorpora
al castellano la morfología, la sintaxis, entonación y visión de mundo
quechua. Esto refleja la situación del
Perú contemporáneo, construido en la “superposición” de dos tradiciones
fatalmente diferentes: la cultura oral del pueblo quechua y la cultura
occidental europea. Esta
oralidad quechua no es ejercida
por el pongo en este primer
momento, sino que por el contrario ante la pregunta del patrón “¿Eres gente u
otra cosa?”. Se humilla y no contesta. Así Arguedas coloca al indígena como un ser marginal
distante de cualquier actitud agresiva o manipulante y al patrón como aquel
que duda de la humanidad del pongo y de su capacidad para realizar algún trabajo al señalar “por lo menos sabrá lavar ollas, siquiera
podrá manejar la escoba con esas manos que parece que no son nada” (xiv) continúa descalificándolo al
ordenar al mandón de la hacienda “¡Llévate esta inmundicia”¡ y el pongo
responde ante esta actitud
autoritaria, arrodillándose y besándole las manos al patrón, retirándose
agachado. Aquí es importante lo que
señala Manuel Antonio Carretón cuando afirma que “la memoria de los espacios
culturales pampinos está marcada por
el silencio”.(xv) Así
en un periodo de profundos cambios y planteamientos radicales frente a la
relación entre las ideas estéticas y
los fenómenos sociales, surge según Alegría, el poder del lenguaje corriente
y directo, es una batalla librada contra la retórica(xvi), por eso es la cocinera mestiza quien define al pongo,
señalándonos que es “Huérfano de huérfanos; hijo del viento de la luna debe
ser el frío de sus ojos, el corazón pura tristeza”(xvii). Esta orfandad no es ajena al autor que en 1960 señala: He
padecido en estos últimos meses una aguda crisis de mi dolencia nerviosa que
viene de antiguo. Tuve una niñez y adolescencia bárbaras, oscilando entre la
ternura infinita de gente que sufría (los sirvientes quechuas de mi
madrastra) que me protegieron, la ternura de mi padre muy o algo controlada
por su antiguo concepto de la autoridad paternal y la brutalidad de un
hermanastro y una madrastra, especialmente de mi hermanastro que era un
verdadero monstruo de egoísmo y maldad (….) Pero en ninguna parte encontré
durante la infancia la protección verdadera para recibir armoniosamente el
despertar deslumbrante y terrible ante el mundo, y en mi adolescencia estuve
solo.(xviii) En
esta carta aparece el sentimiento de orfandad
y desamparo que sentía Arguedas
y se explica en esa infancia y adolescencia vividas entre dos
culturas; una que lo protege y la otra que lo daña. Con lo cual podemos
deducir que este autor está hablando de una realidad que conoce bien: la
profunda soledad del sirviente que es su propia soledad. El
cuento responde a un quechua castellanizado que intenta encontrar un lenguaje
común que dé cuenta del conflicto entre el legado europeo y el indígena. En esto,
Arguedas retoma el camino de Mariátegui, creyendo que el movimiento
socialista, el nuevo mito, logrará que la desconsolada existencia del pongo
cambie a través de la revolución. Al
respecto, Jana Hermuthová señala que desde el punto de vista social Arguedas
pretende “integrar dos legados culturales en un conjunto armónico y ofrecer
un posible modo de comunicación entre ellos, pero desde el punto de vista
cultural esta crítica nos hace ver que Arguedas no intenta suprimir las
diferencias entre la cultura oral quechua y la cultura española occidental”.(xix) Este
conflicto se agudiza porque el patrón empieza a sentir por el pongo “un
especial desprecio” que puede deberse
a su expresión de espanto, su ropa tan haraposa y acaso “porque no
quería hablar”. 3. El
corredor del martirio. Este
“especial desprecio” se concretiza en
el espacio cerrado(xx) de la
casa-hacienda donde asistimos a la fuerza brutal y degradatoria del patrón,
ya que éste humilla a su sirviente bestializándolo todos los días delante de
los otros sirvientes y justo a la hora en que todos se reúnen a rezar: Creo que eres perro. ¡Ladra¡ -le decía El hombrecito no podía ladrar. Ponte en cuatro patas -le ordenaba entonces. El pongo le obedecía, y daba unos pasos en cuatro pies.(xxi) No
sólo le ordena que sea un perro sino también una vizcacha en actitud de
oración, señalándonos el narrador que: Como
si en el vientre de su madre hubiera sufrido la influencia modelante de
alguna vizcacha, el pongo imitaba exactamente la figura de uno de estos
animalitos, cuando permanecen quietos, como orando sobre las rocas. Pero no
podía alzar las orejas. Golpeándolo con la bota, sin patearlo fuerte, el
patrón derribaba al hombrecito sobre el piso de ladrillo del corredor.(xxii) El
hecho que se marque el martirio con la
oración nos conecta con la tradición judeo-cristiana por la que estamos
atravesados y, específicamente, nos alude a la pasión de Cristo, al calvario
que tiene que sufrir el pongo antes de poder
liberarse. Desde este punto de vista, cuando asistimos a este golpe de
bota del patrón es imposible no connotar autoritariamente el episodio a la
luz de nuestra violenta historia
latinoamericana. Finalmente,
el patrón obligaba a todos sus sirvientes a rezar, pero el pongo no podía
“porque no estaba en el lugar que le
correspondía ni ese lugar correspondía a nadie”(xiii) y esto es lo que hace posible que conectemos este cuento
con el existencialismo sartreano, ya que asistimos al vaciamiento de la
subjetividad humana del pongo en manos del patrón, ya que “si el otro es el coautor
de mi propia existencia individual” y sólo hay realidad en las acciones
libres, podríamos señalar el patrón es
un “hombre del infierno”, ya que
sostiene con el pongo una relación humana radicalmente alienada que sólo podría
transformarse a través de una moral de la liberación y salvación,
cambiando la relación de apropiación
por la de solidaridad.(xxiv) Desde
este punto de vista, Arguedas recepciona el pensamiento sartreano que
considera al intelectual como un ser humano reflexivo y crítico de la
realidad y que, por lo tanto, posee una actitud humanista que le permite incorporar en sus reflexiones la
preocupaciones socio-políticas de la sociedad que lo rodea.(xxv)
Para
el pongo el infierno es la relación máxima de dependencia que establece con
su gran señor; dependencia que explica la raíz de su sufrimiento ya que
objetiva la relación de desigualdad social. Es importante tener en cuenta que
la teoría de la dependencia parte del clima ideológico de la América Latina de los años 60 y postuló
que el prerrequisito del desarrollo es la abolición de los mecanismos de
dependencia, es decir la liberación de las periferias dependientes de los
centros. Para
Arguedas, en la posición más baja y sujetos a la opresión y dependencia más
dura se encuentran los indios y mestizos. En
ellos encontró un colectivo redentor cuyo sufrimiento exigía el cambio de un mundo injusto.(xxvi) En este sentido, Arguedas
abandona la relación centro-periferia, ya que cree que cada región o cultura
es un foco de creatividad. Aquí vemos como el pongo desde la periferia
irradia el centro, ya que para Sartre el pongo como todo ser humano tiene las
puertas abiertas para hacerse a si mismo, si se para en la existencia de sus
sueños, en su conciencia. 4. El sueño del pongo.
El
tercer momento del cuento articula la filosofía y teología de la liberación
que continúa la crítica del modelo occidental y que nos advierte sobre un
nuevo orden donde la voz del pongo tiene una especial importancia, porque
permite abrir el espacio cerrado de la casa-hacienda o del corredor y
trasmitir una imagen de un mundo más justo. Así a
través del contar su sueño, el pongo recurre a la oralidad doblemente
reforzada por un mediador como San Francisco
de Asís y logra sobreponerse a la bestialización en la que vive. Podríamos
decir que en este momento el pongo se transforma en “el hombre salvado”, es decir, en
aquel que reconoce y le da nombre a la
diversidad y alteridad, aquel que se esfuerza en captarse en su estructura
más profunda como creador de mundo y se niega a captarse y agotarse en ser lo
que no es.(xxvii) La
teología de la liberación denunció las injusticias del orden social con la
misma vehemencia de Arguedas. Los dos coincidieron en que el hombre sometido
debe ser liberado. De hecho Arguedas
trabó amistad con
Gustavo Gutiérrez, padre espiritual de la teología de la liberación
que ante la Academia de la Lengua
Española afirmó “nadie a expresado el sufrimiento y la energía de un pueblo
históricamente marginado con tanta
empatía y maestría como Arguedas”.(xxvii) Hasta
este momento el que hablaba era el patrón, ahora que el pongo le cuenta su
sueño su oralidad contrasta con las
pequeñas intervenciones del patrón, que incluso “no oyó lo que oía”. Así en
este especie de juicio final comparecen ante San Francisco tanto “el gran señor” como el pongo; el primero como
“hombre rico y grande” enfrenta los ojos del inquisidor, pero el pongo no sabe
si lo enfrentó porque “no puede saber lo que vale”. Al
mirarlos por primera vez San Francisco, éste decide que el ángel mayor cubra
con miel el cuerpo del patrón y que un
ángel viejo cubra con excremento humano el cuerpo del sirviente, el patrón
que atentamente escuchaba el relato señala muy conforme que “así tenía que ser”, es decir el orden del
cielo respondía a la desigualdad en la tierra. Sin embargo, San
Francisco al mirarlos por segunda vez
señala “Todo cuanto los ángeles debían hacer con ustedes ya está hecho. Ahora
¡lámanse el uno al otro¡. Despacio, por mucho tiempo”.(xxix) Con
esto se produce la inversión y la liberación del pongo, al menos en los
sueños; el final es abierto, no se sabe si el patrón cambiará de actitud o
todo seguirá igual, pero la denuncia y el juicio de valor están configurados.
Si uno no conociera la vida de Arguedas podría señalar que refuerza el
conformismo cristiano que adiestra a la gente para que aguante humillaciones
aquí en la tierra prometiéndole una justicia divina después de la muerte, pero yo pienso que este
escritor lo que quería hacer era mostrar el fuerte antagonismo entre las
culturas de las que estamos formados y de donde viene ese antagonismo, en el
fondo una cuestión de poder que decide
quien está abajo o sometido y quien es el que manda; mostrando la
salida a través de un sueño que debe transformarse en nuestro sueño, ya que
es fundamental querer una sociedad
justa donde todos seamos respetados. Por lo tanto, parece decirnos
Arguedas: soñar no es suficiente, pero es necesario, terriblemente necesario,
para saber quienes somos y que tipo de sociedad queremos. Después de eso,
queda la hermosa resolución de cambiar. A modo de conclusión Con
este trabajo aprendimos que el rol del intelectual es muy importante para una
sociedad y que, sobre todo, en el campo de las humanidades sus teorías no
pueden transformarse en pensamientos débiles como nos señala el psicólogo y
epistemólogo argentino Roberto Follari, es decir, en teorías integradas, que
al ser absorbidas fácilmente por el sistema pierdan su capacidad para
cuestionarlo; al contrario el intelectual en todos los tiempos debe ser capaz
de fusionar lo que piensa con su vivencia y colocar su intelectualidad al
servicio de un proyecto socio-político
que cuestione la bases mismas de la cultura y cuya falta de realización duela. Así le
pasó a José María Arguedas, uno de los
intelectuales más importantes de los 60 que al fusionar vida y pensamiento y
al comprobar que la realidad peruana no era capaz de estar a la altura de un
“humanismo radical”, que incorporara al indígena como un componente
fundamental en esta superposición de dos culturas, en expresión de su máximo
dolor decide suicidarse en la universidad el
28 de noviembre de 1969. Concluimos,
por último, que la escritura responde a ideas y que desde ahí representa el
alma de un pueblo y que el que valore este esencial hecho no puede dejar que
los ejemplos de Arguedas, Marta Traba, entre otros, se pierdan, porque eso
implicaría renunciar a pensar en nuestra otredad latinoamericana. Bibliografía ·
Alegría, Fernando. Nueva historia de la novela hispanoamericana.
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Sartre, Jean Paul. “El existencialismo
es un humanismo”. http://www.geocities.com/poeticaarte/existencialismo.htm. ·
Teorías sin disciplina: “Manifiesto Inaugural del Grupo
Latinoamericano de Estudios Subalternos” http://www.ensayistas.org/critica/teoría/castro/manifiesto.
Notas (i) Fernando Alegría. La Nueva Novela
Hispanoamericana. (Hanover: Ed. del Norte, 1986):370 (ii) Jean Paul Sastre. “El existencialismo es un
humanismo”. http:// www.geocities.com/
poeticaarte/ existencialismo.htm.p.1 (iii) Ana Pizarro cita a Óscar Teerán en Las grietas del proceso
civilizatorio: Marta Traba en los sesenta. (Santiago de Chile: Lom
ediciones, 2002). p. 7 (iv) Anna Housková cita a Paul Ricoeur en Arguedas
en el Corazón de Europa. celacp.perucultural.org.pe/textos/ art.4.pdf.
p.2 (v) Magda Sepúlveda señala que la interpretación de
una obra literaria podría significar el estudio del diálogo de
representaciones existentes entre la subjetividad de sus enunciadores con los
diversos discursos que se ofrecen como imagen para esa identidad. Es decir el
ficticio literario actuaría como práctica mediadora entre la identidad individual y la social. Ver en el
artículo: “La Construcción de Identidades, sus imaginarios y su posición en
la literatura”. Taller de Letras Nº 32 (2003):67-78. (vi) La
aculturación implica que la cultura andina desaparece al subordinarse a la
cultura occidental. El mestizaje alude a la integración armónica de las
razas, provocando una síntesis cultural, llamada por otros conciliación
cultural forzada”. El término
Transculturación fue propuesto por el
escritor cubano Fernando Ortiz en 1940
y tomado por Ángel e implica que el
país colonizado influye creativamente en la cultura dominante y no actúa
pasivamente sino que hay una mutua
modificación entre cultura dominante y dominada Ver Ángel Rama. Transculturizaciòn
Narrativa en América Latina. (México: Siglo XXI, 1985): 33. (vii) Ángel Rama. Op. Cit., p. 25. (viii) Queremos hacernos cargo del conflicto
cosmopolitismo-regionalismo, haciendo el alcanca que la literatura social
indígenista, emparentada como señala Ángel Rama con la narrativa realista-crítica, ya que responde a la
cosmovisión política del partido comunista, mostró rasgos específicos de la
tradición peruana a partir de César Vallejo con el Tungsteno en 1931. Ver Transculturación
de América Latina. Op.,cit. p:24 (ix) José Carlos Mariátegui. Siete Ensayos de
interpretación de la realidad peruana
(México: Quinto Sol, 1928): 58 (x) Op. Cit., 88 (xi) Mabel Moraña “El Boom “El subalterno”: http://www.ensayistas.org/critica/teoria/castro/manifiesto.p.2
(xii) Para Jean Franco los representantes más
destacados del indigenismo en la novela latinoamericana estuvieron íntimamente conectados con la vida
indígena, sea por nacimiento como por educación. La Cultura Moderna
en América Latina. (México: Enlace Grijalbo, 1986): 136. (xiii) Arguedas, 42. (xiv) Arguedas, 42. (xv) Manuel Antonio Carretón, Cultura y desarrollo en Chile.
Dimensiones y perspectivas en el cambio de siglo. (Santiago de Chile: Ed.
Andrés Bello, 2001): 93. (xvi) Fernando Alegría, Op. Cit., p. 301. (xvii) Arguedas,
42. (xviii)
Carta del 21/11/1960 mandada por
Arguedas a su amigo John Murra. Véase Ócar Brando en “Escribir contra la
muerte”. El País Cultural del 9 de enero 2004 en http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/arguedas/bio.htm.
(xix) Jana Hermuthová, Op. Cit., p.19. (xx) Al respecto Anna Housková nos señala que en
los espacios cerrados se sitúan la novela del dictador, una de las variantes
de la novela del enfrentamiento de dos mundos. Op. Cit., p.28 (xxi) Arguedas,
43. (xxii) Arguedas, 43. (xxiii)
Arguedas, 43. (xxiv) Cristina Orrego. “La Intersubjetividad:
conflicto de libertades”. (Uso interno). p.7. (xxv) En esto podemos ver como Marta Traba comparte la
visión sartreana, estando en contra de cualquier compromiso que límite su
actividad crítica. Ver a Ana Pizarro
en Las grietas del proceso
civilizatorio: Marta Traba en los sesenta . Op., cit.p.30. (xxvi) En palabras de Klara Schirová la teoría de la
dependencia sobrepasó los límites de
la economía y trascendió a la esfera no habitual, por lo tanto llegó a ser
una corriente de reflexión sobre la identidad del continente americano. Op.
Cit., p. 42 (xxvii)
Cristina Orrego. Op.cit., p.6. (xxviii)
Klara Schirová. Op. Cit., p. 43 (xxix) Arguedas, 45
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