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Konvergencias, Filosofía y Culturas
en Diálogo. ISSN 1669-9092 |
KONVERGENCIAS LITERATURA Año I Nº 2 Abril 2006 |
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El objetivo de este artículo es reflexionar
sobre el problema de los límites del lenguaje en el relato:"El espejo
y la máscara", de Jorge Luis Borges. Haré también unas referencias
generales sobre algunas afirmaciones de Borges acerca del lenguaje y su
condición de "paráfrasis de la realidad". El relato de
Borges “El espejo y la máscara” presenta una fábula que tiene lugar durante
la primera época de la Edad Media en Irlanda. En esta narración se puede ver
claramente la preocupación y desconfianza del narrador frente al lenguaje y
las limitaciones y desventajas que tiene el lenguaje con respecto a la
realidad que intenta describir. La trama ocurre
en el marco inmediatamente posterior a la batalla de Clontarf, el "Alto
Rey" de Irlanda le propone al poeta de la Corte que escriba una oda
inmortalizando la victoria sobre los noruegos. Al cabo de un año "el
Ollán" le entrega al rey su oda. El rey acepta la obra, premia al poeta
por su esfuerzo; pero no está del todo satisfecho con el poema y le pide una
segunda oda que el poeta le presenta puntualmente al siguiente año.
Nuevamente el Rey alaba y premia al poeta por su esfuerzo; pero aún espera
una oda mejor: "De tu
primera loa pude afirmar que era un feliz resumen de cuanto se ha cantado en
Irlanda. Ésta supera todo lo anterior y también lo aniquila. Suspende,
maravilla y deslumbra." Luego con una
sonrisa, el Rey agregó: “Somos figuras de una fábula y es justo recordar que
en las fábulas prima el número tres.” A lo cual, el poeta acotó: “Los tres
dones del hechicero, las tríadas y la indudable Trinidad”. Al tercer año el
poeta regresó frente al rey sin ningún manuscrito: "En el alba
-dijo el poeta- me recordé diciendo unas palabras que al principio no
comprendí. Esas palabras son un poema. Sentí que había cometido un pecado, quizá
el que no perdona el Espíritu." El poeta le
susurró al rey en voz baja su tercera oda que constaba de una sola línea. El
rey le dio al Ollán el último regalo que era una daga. El poeta se suicidó al
salir del palacio, el rey dejó de ser rey para convertirse en un vagabundo y
jamás repitió el poema-línea. SIMBOLOGÍA: La concepción
antigua del arte decía que éste debía ser un reflejo de la realidad, una
suerte de mímesis de la naturaleza. El término "espejo", en la
tradición cultural desde los griegos, nos habla del concepto de mímesis
justamente, de imitación de la realidad. El rey le obsequia al poeta un
espejo de plata como recompensa a la primera oda ejecutada. El regalo
corresponde perfectamente al motivo que lo causa. En el poema del Ollán hay una
descripción minuciosa y prolija de la batalla. La primera oda del poeta es un
fiel reflejo de la realidad, de la realidad que es observable a través de los
sentidos, un espejo de ella. El término
"máscara", alude al teatro griego, a la comedia, a la tragedia. En
latín persona significa máscara. La finalidad de la máscara en el teatro
griego era ocultar la propia apariencia, para que un solo actor pudiera
representar muchos personajes sólo cambiándose de máscara. El rey le obsequia
una máscara de oro al poeta por su segunda loa, la cual ya no era una
descripción lineal de la batalla, sino que era de acuerdo al Rey: “la misma
batalla”. Podemos concluir
que el poeta de la fábula había logrado de alguna manera aprehender la
realidad mediante el lenguaje. En efecto, el segundo poema, exento de
artificios, se acerca al núcleo, no es la apariencia lo que muestra, hay una
ruptura con la literatura anterior, el lenguaje se rompe. La batalla
ensalzada en la oda tiene su correlato en el esfuerzo realizado por el poeta
al escribir el poema; él también libró su propia batalla con el lenguaje. En
esta segunda oda hay pues, un lenguaje de ruptura que evita la descripción
como en el primer poema y permite apreciar la capacidad creativa del mejor
usuario del idioma; el poeta. El rey decide que se guarde en un cofre de
marfil el único ejemplar. El tercer poema
que constaba de una sola línea, dicha en un susurro cual si fuera una
blasfemia, y sólo oída por el Rey, es el más breve, el más intenso, el más
penetrante, es la maravilla síntesis de todas las maravillas, es algo así
como el Aleph. El poeta alcanza el Absoluto Estético, es un poema
"revelación", que ha aprehendido la realidad tal cual, que
manifiesta la verdad, lo real, en términos de Platón; la episteme. El poeta
ha logrado superar los límites del lenguaje, trascender. El rey le regala al
poeta una daga como tercer premio y el poeta sabe bien lo que debe hacer con
ella. El haber trasgredido los límites del lenguaje lo desautoriza para vivir
entre los hombres. Ha cometido una "hamartía" como dirían los
griegos; ha ido más allá de sus propios límites como ser humano. Ha
“destruido” el lenguaje al trascenderlo, y por tanto debe destruirse también.
El Rey, en su condición de testigo de la maravilla, ya no puede seguir siendo
rey, ni pronunciar lo impronunciable, lo inefable. Su destino será en
adelante el de una sombra que deambule sin rumbo. En la medida en
que el poema se va haciendo más perfecto, el hombre representado por el
poeta, se va acercando más a su autoaniquilación, a su destrucción; porque
comprender el vasto universo es infinitamente superior a sus fuerzas y a su
capacidad. Este
cuento-fábula de Borges podría entenderse también como una breve historia de la
concepción del poema en Occidente. El primer poema estaría vinculado al
género épico, el segundo poema aludiría más bien al género dramático y el
tercero sería una identificación con lo lírico puro, con el Absoluto
Estético, que va más allá de todo lenguaje, que es esencia inefable,
infinita, inabarcable en un sistema de signos lineal como es el lenguaje,
siempre arbitrario con respecto a la realidad que tiene muchas más
dimensiones, que es múltiple, diversa, simultánea. La misión del
arte no sería otra que la de revelar la relación entre el hombre y el
universo que lo circunda. Para los griegos el poeta era aquel capaz de
"revelar"; aunque sabemos que Platón tenía una idea muy distinta. El poeta de la
fábula de Borges estaría moviéndose dentro del ámbito de las apariencias, de
la "doxa", cuando declama con mucha seguridad la primera oda.
Porque la descripción puntual y lineal de lo observable no agota la realidad.
El lenguaje crea una apariencia de realidad que es una parte mínima de todo
lo existente. El lenguaje, pues no dice suficientemente, desde que es una
creación humana, y por tanto limitada. Borges es un
escéptico, si es posible enmarcarlo dentro de alguna postura. Cree que el ser
humano no está en condiciones de entender la infinita complejidad del
universo, que todos nuestros conocimientos son relativos, discutibles, que
toda verdad lleva en sí su propia contradicción. La constatación de lo
relativo le lleva a Borges a admirar el itinerario del hombre en su imposible
afán por buscar el conocimiento, es decir la episteme. Para Borges, el ámbito
de la irrealidad se confunde con el de la realidad, el sueño puede ser la
vigilia, y los seres humanos meras apariencias, sombras, como en "Las
ruinas circulares", el mundo en general producto de un dios lúdico, que
ha construído un universo laberíntico y caótico. Puede resultar
paradójico que precisamente Borges, creador de una prosa tan hermosa como
precisa e impecable, poseedor de una visión del mundo amplia y lúcida, sea un
escéptico con respecto al lenguaje, al tiempo, a la existencia misma de la
realidad, etc. Citaré varias líneas de Borges, que graficarán esta afirmación. "Negar la sucesión temporal, negar el yo, negar el
universo astronómico, son desesperaciones aparentes y consuelos secretos.
Nuestro destino (a diferencia del infierno de Swedenborg y del infierno de la
mitología tibetana) no es espantoso por irreal; es espantoso porque es
irreversible y de hierro.” (p. 120) Con un lirismo
extraordinario, Borges nos regala estas líneas: “El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo
es un río que me arrebata; pero yo soy el río; es un tigre que me destroza;
pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume; pero yo soy el fuego. El
mundo desgraciadamente es real; yo, desgraciadamente, soy Borges". Borges, a través
de sus obras nos manifiesta la dificultad de interpretar una realidad que se
nos escapa y el "deseo de mostrar con humildad lo precario de nuestro
conocer". Según Borges, el
hecho de que una sola palabra pueda manifestar experiencias distintas resalta
la pobreza del lenguaje en toda su magnitud. "...Como se
ve, ni éste (Spinoza) con su metafísica geometrizada, ni aquél (Lulio) con su
alfabeto traducible en palabras y éstas en oraciones, consiguió eludir el
lenguaje. Ambos alimentaron de él sus sistemas. Sólo pueden soslayarlo los
ángeles que conversan por especies inteligibles; es decir por
representaciones directas y sin misterio alguno verbal. Y nosotros los nunca
ángeles, los verbales, los que en este bajo, relativo suelo escribimos, los
que sotepensamos que ascender a letras de molde es la máxima realidad de las
experiencias? Como señala
Alazraki, en su libro La prosa narrativa de Jorge Luis Borges:
"La realidad procede por hechos y es inasible, la literatura procede por
el lenguaje y es convencional". La inaprehensibilidad de la realidad
condiciona y limita las posibilidades del arte reduciéndolo a una mera representación
o mímesis. Las realidades que subyacen en los cuentos de Borges, son un
sistema de símbolos. El símbolo intenta aprehender la idea que está en el
fenómeno y por eso tiene un carácter de revelación. Borges confiere a lo
concreto una mayor intensidad al enmarcarlo dentro de la perspectiva de lo
genérico. Así el Rey de Irlanda, es un rey en particular cuyo nombre no se
menciona, no está individualizado; el poeta representa a todos los poetas.
Los personajes de Borges en este relato son arquetipos platónicos; se
explican genéricamente. Según Bioy Casares, las fantasías de Borges son
“fantasías metafísicas”. La metafísica será el intento de conceptualizar la
idea abstrayéndola de su efecto, del fenómeno. El laberinto; símbolo dentro
del símbolo, es la explicación más aproximada a la visión de mundo que tiene
Borges. "¿Por qué no crear una palabra,
una sola, para la percepción conjunta de los cencerros insistiendo en la
tarde y la puesta de sol en la lejanía? ¿Por qué no inventar otra para el
ruinoso y amenazador ademán que muestran en la madrugada las calles? ...¿Y
otra para la inconfidencia con nosotros mismos después de una vileza?"
("El tamaño de mi esperanza", pp. 48-49. Ed. Proa, Buenos Aires,
1926) Definiendo el
'clásico literario', Borges ha escrito en el ensayo "El primer
Wells": "La obra que perdura es siempre
capaz de una infinita y plástica ambigüedad; es todo para todos, como el
Apóstol; es un espejo que declara los rasgos del lector y es también un mapa del
mundo. Ello debe ocurrir además de un modo evanescente y modesto, casi a
despecho del autor; éste debe aparecer ignorante de todo simbolismo". (Otras
Inquisiciones, Ed. Emecé, Buenos Aires, 1964, p.162) Y en El
Informe de Brodie, nos recuerda Borges: "Cada lenguaje es una
tradición, cada palabra un símbolo compartido, es baladí lo que un innovador
es capaz de alterar; recordemos la obra espléndida pero no pocas veces
ilegible de un Mallarmé o de un Joyce". (En el prólogo de El Informe
de Brodie; Ed. Emecé, Buenos Aires, 1970, p. 10) Según Borges, hay
que “sentir” las palabras para de alguna manera ganarnos el derecho a
usarlas: "La variedad
de palabras es otro error. Todos los preceptivistas la recomiendan, pienso
que con ninguna verdad. Pienso que las palabras hay que conquistarlas,
viviéndolas, y que la aparente publicidad que el diccionario les regala es
una falsía. Que nadie se anima a escribir suburbio sin haber caminoteado
largamente por sus veredas altas; sin haberlo deseado y padecido como a una
novia; sin haber sentido sus tapias, sus campitos, sus lunas a la vuelta de
un almacén; como una generosidad... Yo he conquistado ya mi pobreza, yo he
reconocido, entre miles, las nueve o diez palabras que se llevan bien con mi
corazón; yo he escrito más de un libro para poder escribir acaso una página.
La página justificativa, la que sea abreviatura de mi destino, laque sólo
escucharán tal vez los ángeles censores cuando suene el juicio final". (Inquisiciones,
p. 153) En otras líneas
Borges se refiere de manera optimista a las posibilidades expresivas del
lenguaje: "Yo personalmente, creo en la
riqueza del castellano pero juzgo que no hemos de guardarla en haragana
inmovilidad, sino multiplicarla hasta lo infinito. Cualquier léxico es
perfectible y voy a probarlo. El mundo aparencial es un tropel de
percepciones barajadas. Una visión de cielo agreste, ese olor como de
resignación que alientan los campos, la acrimonia gustosa del tabaco
enardeciendo la garganta, el viento largo flagelando nuestro camino, y la
sumisa rectitud de un bastón ofreciéndose a nuestros dedos, caben aunados en
cualquier conciencia, de golpe. El lenguaje es un ordenamiento eficaz de esa
enigmática abundancia del mundo. Dicho sea con otras palabras: Los
sustantivos se los inventamos a la realidad. Palpamos una realidad, vemos un
montoncito de luz color de madrugada, un cosquilleo nos alegra la boca, y
mentimos que esas tres cosas heterogéneas son una sola y que se llama
naranja. La luna misma es una ficción, fuera de convenciones astronómicas que
no deben atarearnos aquí, no hay semejanza alguna entre el redondel amarillo
que ahora está alzándose con claridad sobre el paredón de la Recoleta, y la
tajadita rosada que vi en el cielo de la Plaza de Mayo, hace muchas noches.
Todo sustantivo es abreviatura. (En El tamaño de mi esperanza, pp.
45-46) De lo expuesto en
las líneas anteriores, se puede afirmar, a manera de conclusión lo siguiente: ·
Todo
lenguaje es para Borges, una mera "paráfrasis" de la realidad. Como
ya lo decía él mismo en 1925, en Inquisiciones. ·
El
relativismo es la base común a todos los relatos borgeanos. Este relativismo
nos incita a ver el mundo en continuo movimiento, a trascender el aquí y el
ahora, a buscar todas las dimensiones posibles, a intentar socavar la
realidad. ·
Según
Borges, el mundo es impenetrable. El Universo es incomprensible a los seres
humanos. Cualquier intento por descifrarlo llevará ineludiblemente l fracaso.
Sin embargo, "las metafísicas de todos los tiempos no cesan de proponer
esquemas". ·
Borges
plasma en sus narraciones su visión laberíntica del universo. Los relatos
borgeanos son por tanto, siempre simbólicos, plurisignificativos. Recordemos
que el laberinto es un símbolo dentro del símbolo. ·
Dentro
del esfuerzo de representar la realidad, tarea de los narradores que Borges
asume responsablemente, la dificultad estriba en plasmar esta representación
con eficacia. Borges ha elegido el género fantástico para lograr este
esfuerzo. Recordemos que la literatura fantástica se sirve de varios
argumentos, permite varias lecturas posibles, confunde al lector porque lo
coloca en la incertidumbre, rompe las reglas de juego de la realidad, la
acosa desde distintos ángulos. Cito a Alazraki, en La Prosa
Narrativa de Jorge Luis Borges: "Los enigmas que rodean nuestra
vida podrían simbolizarse- pues los cuentos de Borges son eminentemente
simbólicos- como un sendero que se bifurca sin cesar o como una letra mágica,
primordial en la que estarían prefiguradas todas las letras y todas las palabras
y todos los secretos. Cuanto nos rodea, en suma es misterioso como nosotros
mismos". ·
Borges
capitaliza las hipótesis de las filosofías y las teologías en sus cuentos,
para penetrar e interpretar la realidad dentro de la ficción. Nuevamente con Alazraki:
"Borges ha negado la validez de la metafísica en el contexto de la
realidad, pero la ha aplicado a un contexto donde recobra su vigencia; la
literatura." Termino estas
reflexiones citando una líneas de Loy, tomadas por Borges en Otras
Inquisiciones, página 162: "...no hay
en la tierra un ser humano capaz de declarar quién es. Nadie sabe qué ha
venido a hacer a este mundo, a qué corresponden sus cantos, sus sentimientos,
sus ideas, ni cuál es su nombre verdadero..." Bibliografía Consultada Alazraki, Jaime, La
prosa narrativa de Jorge Luis Borges. Ed. Gredos. Madrid,1974 Barrenechea, Ana
María, La expresión de irrealidad en la obra de Jorge Luis Borges. Ed.
Paidós. Buenos Aires, 1967. Borges, Jorge
Luis, El libro de arena. Ed. Emecé-Alianza Buenos Aires, 1975. Echeverría,
Arturo, Lengua y literatura de Borges. Ed. Ariel. Barcelona, 1983. Marco, Joaquín, Asedio
a Jorge Luis Borges. Ed. Ultramar. Barcelona 1982. |
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