Konvergencias, Filosofía y Culturas en Diálogo.

ISSN 1669-9092

Número 6 Año II Abril/Mayo 2004

 

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 SOBRE EL DESPRENDIMIENTO

 

Meister Eckhart

 


 

 

 

 

El Maestro Eckhart escribió tanto en latín como en el alemán antiguo.

 

La obra latina se reunía por el Opus Tripartitum, que estaba integrado por el Opus Propositionum (aproximadamente más de mil proposiciones organizadas en 14 tratados), el Opus Quaestionum (que seguía un plan similar a la Summa de Tomás de Aquino), y el Opus Expositionum (que contenía las principales tesis de Eckhart).

 

Sin embargo, de la obra latina es poco lo que ha llegado hoy hasta nosotros. Del Opus Propositionum: un Prólogo y un desarrollo sobre el tema El Ser Es Dios. Del Opus Quaestionum: nada. Del Opus Eexpositionum: seis comentarios sobre textos de las Sagradas Escrituras.

 

De la obra alemana es mucho lo que nos ha llegado. Hay más de 200 manuscritos provenientes de conventos y bibliotecas públicas. El problema radicado en precisar qué es exactamente de Eckhart, pues hay escritos de quienes concurrían a sus sermones y que se le adjudican. De todas maneras, se consideran auténticos muchos fragmentos, unos 65 sermones y 4 tratados: Instrucciones Espirituales, Libro del Divino Consuelo, Del Hombre Noble, Sobre el Desprendimiento.

 

Se utiliza preferentemente la Gran Edición, Sociedad Alemana de Investigaciones, editada por W.Kohlhammer, Stuggart, con aparato crítico, edición del texto de latín y alemán antiguo con versión al alemán moderno.

 

Lo que sigue pertenece a Sobre el Desprendimiento.

 

 

Sobre El Desprendimiento (selección)

 

         He leído muchos escritos, tanto de maestros paganos como de profetas, del Antiguo y del Nuevo Testamento, y he buscado seriamente y con todo mi celo cuál es la mejor y la más alta de las virtudes por las que el hombre puede unirse a Dios de la mejor manera y del modo más estrecho y llegar a ser por la gracia lo que Dios es por naturaleza, y para que el hombre sea lo más semejante a su imagen cuando estaba en Dios, en la que no había diferencia entre él y Dios, antes de que Dios formase las criaturas. Y cuando penetro en todos estos escritos, tanto como lo puede mi razón y ésta es capaz de reconocerlo, no encuentro otra cosa que esto: el desprendimiento puro está por encima de todas las cosas, porque todas las virtudes tienen en cuenta aunque sea poco, a la criatura, mientras que el desprendimiento está libre de todas las criaturas.

 

                                               *

 

Alaban también los maestros la humildad más que a muchas otras virtudes. Mas yo alabo el desprendimiento más que a toda humildad y he aquí por qué: la humildad puede existir sin el desprendimiento, mientras que el desprendimiento perfecto no puede existir sin perfecta humildad, porque la perfecta humildad tiende al aniquilamiento de sí misma. Ahora bien, el desprendimiento tan próximo a la nada que no puede haber cosa alguna entre el desprendimiento perfecto y la nada. Este es el motivo por el cual no puede haber desprendimiento sin perfecta humildad. Ahora bien, dos virtudes siempre han valido más que una. La segunda razón por la cual celebro el desprendimiento más que la humildad, es que la perfecta humildad se pone por debajo de todas las criaturas, y al inclinarse así, el hombre sale de sí mismo para ir hacia las criaturas, mientras que el desprendimiento permanece en sí mismo.

 

*

 

Y el hombre que permanece así en un total desprendimiento es de tal modo llevado a la eternidad que nada efímero puede conmoverlo, que no experimenta nada de lo que es carnal, y de él se dice que está muerto para el mundo porque no encuentra placer en nada terrestre. Esto es lo que pensaba San Pablo cuando dijo: “Vivo, y sin embargo no vivo: es Cristo quien vive en mí”.

 

                                     *

 

Esto conduce al hombre a la pureza, de la pureza a la simplicidad, de la simplicidad a la inmutabilidad: de ello resulta una semejanza entre Dios y el hombre, mas es preciso que esta semejanza sea el efecto de la gracia, pues la gracia desprende al hombre de todas las cosas temporales y lo purifica de todas las cosas pasajeras. Y es bueno que lo sepas: estar vacío de todas las criaturas, es estar lleno de Dios, y estar lleno de todas las criaturas, es estar vacío de Dios.

 

                                               *

 

Pues bien, pregunto ahora: ¿cuál es el objeto del puro desprendimiento? Respondo así: ni esto ni aquello es el objeto del puro desprendimiento. Descansa sobre la nada absoluta, y he aquí por qué es esto así: el puro desprendimiento se sitúa en la cima.

 

                                      *

 

Ahora bien, pregunto todavía: ¿cuál es la plegaria del corazón desprendido? Respondo diciendo que la pureza del desprendimiento no puede orar, porque aquél que ora desea obtener alguna cosa o que Dios le quite alguna cosa. Mas el corazón desprendido no desea nada ni tampoco tiene nada de lo que desearía verse librado. Por esto está desprendido de toda plegaria, y su plegaria no es otra cosa que conformase a Dios. Esta es toda su plegaria. En este sentido podemos citar lo que dice San Dionisio sobre las palabras de San Pablo: “Todos corren para obtener la corona más ésta sólo se le otorga a uno”; todas las potencias del alma corren para obtener la corona y ésta, no obstante, sólo se le otorga a lo que es esencia. Dice también San Dionisio: “Esta carrera no consiste en otra cosa que en apartarse de todas las criaturas para unirse a lo Increado”. Y cuando el alma llega allí, pierde su nombre y Dios la atrae a sí, de modo que ella ya no es nada en sí, tal como el sol, cuando sale, absorbe en sí  a la aurora, de modo que ésta ya no es nada. Ninguna otra cosa conduce al hombre a este punto salvo el desprendimiento. Aún podemos citar aquí las palabras de San Agustín: el alma tiene una entrada secreta a la naturaleza divina, donde todas las cosas no son ya nada para ella. Sobre la tierra, esta entrada no es otra que el puro desprendimiento. Y cuando el desprendimiento llega a su cima, su conocimiento lo torna incognoscente, el amor lo transforma en no amante y su luz lo vuelve tenebroso. Podemos citar todavía aquí lo que dice un maestro: los pobres de espíritu son aquellos que han abandonado todas las cosas a Dios, tales como las tenía él cuando nosotros no existíamos. Sólo puede obrar de esta manera un corazón puro y desprendido. Y destacamos aquí que Dios se complace más en un corazón desprendido que en todos los otros corazones, pues si me preguntas: “¿Qué busca Dios en todas las cosas?”, te respondo con el Libro de la Sabiduría. Allí dice: “Busco el reposo en todas las cosas”. Mas no hay reposo completo en ninguna parte, salvo en el corazón desprendido. He allí el motivo por el cual Dios gusta más de estar allí que en otras virtudes o en otras cosas. Debes saber también, que cuanto más se esfuerza el hombre por tornarse accesible al influjo divino, tanto más es bienaventurado, y que aquél que puede colocarse en la suprema disponibilidad está también en la suprema beatitud.

 

                                      *

 

El fundamento más sólido que puede sostener esta perfección  es la humildad, porque aquél cuya naturaleza se arrastra aquí abajo en lo más profundo del abatimiento, es aquél cuyo espíritu vuela a las alturas supremas de la divinidad, porque el amor trae consigo el sufrimiento y el sufrimiento trae consigo el amor. Que aquél que desee llegar al desprendimiento perfecto busque pues la perfecta humildad, y así se aproximará a la divinidad.

 

 

NOTA

 

Las fuentes para Eckhart es su obra completa en La Gran Edición, Sociedad Alemana de Investigaciones, editada por W.Kohlhammer, Stuggart, con aparato crítico, edición del texto de latín y alemán antiguo con versión al alemán moderno.

 

Estos párrafos han sido tomados de la traducción de Carlos E. Saltzmann, en base a la edición francesa con traducción de Jeanne Ancelet-Hustache, Editions du Seuil, cotejado con la versión inglesa en base a la traducción de R.B.Blakney. Ha sido publicado como: Los Tratados, Meister Eckhart, 1982, Ediciones del Peregrino, Rosario, Argentina.