Konvergencias, Filosofía y Culturas en Diálogo.

ISSN 1669-9092

KONVERGENCIAS LITERATURA

Año I Nº 1 Enero 2006

 

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 DIEGO

Cristina Roganti (Brasil)

 


 

 

 

 

 

 

Hay muchas maneras de conocer a alguien a través del lenguaje impreso.

 

Si ese alguien es famoso, las biografías son una excelente fuente de información. También su obra  nos permite abrir otras profundidades en las cuales  podemos encontrar pistas o indicios.

 

Otras veces, el conocimiento nos sorprende desde un contexto inesperado: ese alguien ha estado en la mira de un escritor que, finalmente, lo amalgama a su texto. Entonces, los datos comienzan a resignificarse, o mejor, se resignifica ese alguien, se resignifica su vida y su obra y el conocimiento se multiplica como en un caleidoscopio.

 

En ese vasto mosaico de múltiples dimensiones, ese alguien habita con otros personajes creados por escritores que penetran  sus secretos en historias que van del inmediato dolor a la esperanzada felicidad, en un compromiso con el ser humano.

 

Así, por ejemplo,  en Los años con Laura Díaz, Carlos Fuentes integra una pareja impar de pintores mejicanos.  Diego Rivera y Frida Kalo vuelven a pintar, a sentir, a ser cada vez que el lector los descubre en su viaje a Detroit bajo la lupa de Laura:

 

 

 

En Rivera (...), Laura encontraba la novedad excitante de un hombre creativo, a la vez fantástico y disciplinado, tan trabajador como un albañil y tan soñador como un poeta y tan divertido como un cómico de carpa y tan cruel, en fin, como un artista que necesita ser el dueño tiránico de todo su tiempo, sin contemplación alguna para las necesidades de los demás, sus angustias, sus gritos de auxilio... Diego Rivera pintaba y la puerta hacia el mundo y los hombres se cerraba para que en la jaula  volasen libremente las formas, los colores, los recuerdos, los homenajes de un arte que, por muy social o político que se declare, es ante todo parte de la historia del arte, no de la historia política, y añade o resta realidad a una tradición y, a través de ella, a la realidad que el común de los mortales juzga autónoma y fluyente. El artista sabe mejor: su arte no refleja la realidad. La funda. Y para cumplir esa obra, nada importan la generosidad, la preocupación, el contacto con los demás, si todo ello interrumpe o ablanda la obra. En cambio, la mezquindad, el desdén, el egoísmo más flagrantes son virtudes del artista si gracias a ellos hace su trabajo"...